Entre la verdad que se piensa y la acción que se vive, Jorge Millas Jiménez trazó una de las reflexiones más intensas de la filosofía chilena. Su visión de las ideas como fuerzas vitales desafía la pasividad del pensamiento moderno, exigiendo que la verdad sirva y transforme la experiencia humana. ¿De qué sirve una idea si no nos impulsa a obrar? ¿Puede existir pensamiento vivo sin acción?
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“Para que las ideas, en efecto, sean, no basta con que aseguremos intelectualmente su verdad; es menester, además, que nos sirvan. Una idea vive, así, de dos condiciones: de nuestro creer que es verdadera y de su capacidad para enriquecer la experiencia, impulsándonos a obrar. Si no creemos en ella, es claro, la idea ni siquiera existe: es falsa, decimos, y queda con ello marginada de la ciencia y de la vida. Si creemos en ella y nos tiene, no obstante, sin cuidado, es que existe sólo a medias, en estado de coma. Esta situación constituye a veces un síntoma mortal. Algunas ideas pueden sobrevivir como la Bella del cuento, adormecidas. Para otras, en cambio, la falta de actividad es la inexistencia misma; si ya no nos importan, es que hemos dejado de creer en ellas. Inexistencia y vida inerte vienen aquí a significar lo mismo”.
Millas Jiménez, Jorge, Ensayos sobre la historia espiritual de occidente.
La Vitalidad de las Ideas en la Filosofía de Jorge Millas Jiménez: Verdad, Acción y Experiencia Humana
Jorge Millas Jiménez, destacado filósofo chileno, dejó un legado imborrable en la tradición intelectual de América Latina con su exploración profunda de la historia espiritual de Occidente. Nacido en 1918 y fallecido el 8 de noviembre de 1982 en Santiago de Chile, Millas no solo fue un pensador prolífico, sino también un poeta y ensayista cuya obra trasciende las fronteras académicas para dialogar con la existencia cotidiana. En su libro Ensayos sobre la historia espiritual de Occidente, Millas articula una visión pragmática de las ideas, enfatizando que su mera veracidad intelectual es insuficiente. Como él afirma: “Para que las ideas, en efecto, sean, no basta con que aseguremos intelectualmente su verdad; es menester, además, que nos sirvan”. Esta noción central invita a reflexionar sobre la vitalidad de las ideas en la filosofía contemporánea, donde la intersección entre creencia, utilidad y acción redefine el rol del conocimiento humano. En un mundo saturado de información efímera, la perspectiva de Millas ofrece un antídoto contra la inercia intelectual, recordándonos que las ideas deben enriquecer la experiencia para perdurar.
La dualidad propuesta por Millas entre la verdad intelectual y la capacidad transformadora de una idea resuena con corrientes pragmáticas en la filosofía occidental. Influenciado por figuras como William James, cuyo pragmatismo equipara la verdad con sus consecuencias prácticas, Millas extiende este principio al ámbito espiritual. Para él, una idea no existe en abstracto; su ser depende de nuestra convicción en su veracidad y de su poder para impulsarnos a obrar. Esta concepción desafía el racionalismo puro, que prioriza la certeza lógica por encima de la relevancia vital. En el contexto de la filosofía chilena, Millas se posiciona como un puente entre la tradición europea y las inquietudes latinoamericanas, donde el pensamiento no es mero ejercicio mental, sino herramienta para navegar la complejidad histórica y social. Así, su ensayo ilumina cómo las ideas, al servicio de la acción, fomentan un humanismo dinámico, capaz de contrarrestar el nihilismo moderno.
Consideremos el primer pilar de esta vitalidad: el creer en la verdad de una idea. Millas sostiene que sin esta fe intelectual, la noción se margina de la ciencia y la vida, convirtiéndose en “falsa” en el sentido más profundo. Esta marginación no es solo epistemológica, sino existencial; implica una desconexión que empobrece el tejido cultural. En la historia espiritual de Occidente, desde Platón hasta el existencialismo de Sartre, las ideas han derivado su fuerza de esta convicción colectiva. Platón, por ejemplo, veía las Formas como verdades eternas que guían la pólis, pero Millas añade un matiz: estas deben servir al ciudadano, no solo contemplarse. En la era digital, donde la desinformación prolifera, esta advertencia cobra urgencia. Las ideas verdaderas en la filosofía no son aquellas validadas por algoritmos impersonales, sino las que, creídas con rigor, iluminan decisiones éticas y políticas, fortaleciendo la democracia y la cohesión social.
Sin embargo, la mera creencia es insuficiente si la idea permanece inactiva. Millas describe este estado como un “coma” intelectual, donde la noción existe “sólo a medias”. Aquí radica la segunda condición: su capacidad para enriquecer la experiencia y motivar la acción. Esta perspectiva alinea a Millas con el vitalismo filosófico de Nietzsche, quien abogaba por ideas que afirmen la vida mediante la voluntad de poder. En el marco de la espiritualidad occidental, Millas critica cómo ciertas doctrinas teológicas, una vez vivificantes, han caído en letargo dogmático, perdiendo su impulso ético. Para el filósofo chileno, la inactividad es un síntoma mortal; algunas ideas, como la Bella Durmiente del cuento, yacen adormecidas, esperando un beso de relevancia práctica. Otras, en cambio, sucumben por completo si dejan de importar. Esta distinción subraya la necesidad de una filosofía aplicada, donde conceptos abstractos se traduzcan en prácticas cotidianas, desde la educación hasta la ecología.
Explorando implicaciones prácticas, la teoría de Millas sobre la vitalidad de las ideas en la experiencia humana transforma nuestra comprensión de la educación. En aulas chilenas y latinoamericanas, donde Millas influyó como profesor, el aprendizaje no debe limitarse a memorizar verdades; debe cultivar ideas que sirvan para resolver desigualdades sociales. Imagínese un currículo inspirado en sus ensayos: estudiantes no solo debaten la justicia rawlsiana, sino que la aplican en proyectos comunitarios, enriqueciendo así su experiencia. Esta pedagogía activa contrarresta la “inexistencia” de ideas inertes, fomentando una generación que obra con convicción. En un sentido más amplio, la filosofía de Millas Jiménez anticipa debates contemporáneos sobre la inteligencia artificial, donde algoritmos “creídos” como verdaderos deben servir éticamente, o de lo contrario, caen en un coma tecnológico, marginados de la vida humana auténtica.
La metáfora de la Bella Durmiente, empleada por Millas, evoca la posibilidad de resurrección para ideas adormecidas. En la historia espiritual de Occidente, ejemplos abundan: el humanismo renacentista, dormido bajo el escolasticismo medieval, revivió con Erasmo y Pico della Mirandola, impulsando reformas que enriquecieron la experiencia europea. Millas sugiere que tales renacimientos dependen de un “beso” contextual: crisis que exigen acción, como las revoluciones sociales o ambientales de hoy. En Chile, el legado de Millas se ve en movimientos intelectuales post-dictadura, donde ideas de libertad y solidaridad, una vez marginadas, fueron reactivadas para sanar heridas colectivas. Esta resiliencia conceptual demuestra que la vitalidad no es estática; es un proceso dialéctico entre creencia y utilidad, donde la inercia se vence mediante el compromiso práctico.
Profundizando en la inexistencia como sinónimo de vida inerte, Millas toca un nervio filosófico: la obsolescencia de ideas que ya no importan. En la modernidad, teorías como el marxismo han enfrentado este destino en ciertos contextos, no por falsedad intelectual, sino por incapacidad para enriquecer experiencias contemporáneas ante el neoliberalismo. La filosofía de Jorge Millas invita a una reevaluación crítica: ¿creemos en estas ideas, y nos impulsan a obrar? Si no, su marginación de la ciencia y la vida las condena a la irrelevancia. Esta perspectiva pragmática resuena en la fenomenología de Merleau-Ponty, quien enfatizaba el cuerpo en acción como sede del significado. Para Millas, la experiencia no es pasiva; es el crisol donde ideas verdaderas se forjan en prácticas transformadoras, evitando el coma intelectual que asfixia el progreso humano.
En el ámbito de la poesía y la literatura, áreas donde Millas también brilló, esta vitalidad se manifiesta con mayor sutileza. Sus versos, impregnados de espiritualidad, no buscan solo belleza estética, sino que sirvan como catalizadores emocionales, impulsando al lector hacia la reflexión activa. La poesía filosófica chilena de Millas ilustra cómo ideas poéticas, creídas como verdaderas en su evocación del ser, enriquecen la experiencia al motivar empatía y cambio personal. En contraste con la prosa académica estéril, su obra demuestra que la vitalidad trasciende géneros; una estrofa bien obrada puede revivir doctrinas adormecidas, convirtiendo la inercia en movimiento. Esta interdisciplinariedad enriquece la tradición latinoamericana, donde el pensamiento y la creación se entrelazan para combatir la fragmentación cultural.
Aplicando estas reflexiones a desafíos globales, la visión de Millas sobre la influencia de las ideas en la acción social es particularmente pertinente en tiempos de crisis climática. Ideas científicas sobre el cambio climático, ampliamente creídas como verdaderas, a menudo languidecen en informes inertes, sin impulsar políticas decisivas. Millas nos urge a infundirles utilidad: conectar datos con narrativas espirituales que enriquezcan la experiencia colectiva, motivando acciones como la transición energética. En la espiritualidad occidental moderna, esto implica revivir tradiciones ecológicas, como el stewardship bíblico, para que sirvan en la praxis ambiental. Así, la filosofía chilena de Millas no es reliquia histórica, sino herramienta viva para forjar un futuro sostenible, donde ideas marginadas por inacción renacen en compromiso global.
La intersección entre creencia y servicio también ilumina la psicología de las convicciones. Desde una lente millasiana, el “coma” intelectual refleja disonancias cognitivas, donde sabemos una verdad pero no la vivimos. Terapias cognitivo-conductuales, inspiradas en pragmatismos afines, abordan esto fomentando acciones que validen creencias, enriqueciendo la experiencia terapéutica. En la filosofía de la mente, esta dinámica cuestiona el dualismo cartesiano, proponiendo un monismo vital donde ideas y acciones co-crean realidad. Millas, con su sensibilidad poética, añade profundidad emocional: la inexistencia de una idea duele como pérdida espiritual, recordándonos que el pensamiento humano es inherentemente relacional, dependiente de su impacto en los otros.
Mirando hacia la ética, la teoría de Millas fundamenta un consequentialismo matizado, donde la bondad de una idea se mide por su servicio a la vida. En debates bioéticos, como la eugenesia, creencias intelectuales en la “verdad” genética deben someterse a su capacidad para enriquecer experiencias humanas diversas. La ética filosófica de Jorge Millas Jiménez promueve así una responsabilidad activa: ideas que impulsan obrar deben priorizar equidad, evitando la marginación de voces vulnerables. Esta aproximación resuena en la liberación teología latinoamericana, donde Millas influyó indirectamente, transformando verdades doctrinales en acciones proféticas contra la opresión.
En síntesis, la concepción de Millas sobre la vitalidad de las ideas trasciende su época, ofreciendo un marco robusto para navegar la complejidad posmoderna. Verdad intelectual y utilidad práctica no son opuestos, sino complementarios; su fusión genera conocimiento vivo, resistente a la inercia. En la historia espiritual de Occidente, desde sus ensayos hasta legados contemporáneos, Millas demuestra que ideas creídas y serviciales forjan sociedades resilientes. Hoy, ante fragmentaciones ideológicas, su llamado a la acción es imperativo: revivamos doctrinas adormecidas, marginemos solo las inertes, y permitamos que el pensamiento impulse transformación.
Esta filosofía no solo enriquece la experiencia individual, sino que nutre un humanismo colectivo, donde cada idea, al obrar, afirma la dignidad humana. Así, el legado de Jorge Millas Jiménez perdura no como reliquia, sino como fuerza vital, invitándonos a creer y actuar con renovada convicción.
Referencias
Millas, J. (1975). Ensayos sobre la historia espiritual de Occidente. Editorial Universitaria.
Gaos, J. (1966). Historia de la filosofía española. Alianza Editorial.
James, W. (1907). Pragmatism: A new name for some old ways of thinking. Longmans, Green, and Co.
Larraín, J. (1990). La filosofía en Chile. Editorial Andres Bello.
Vicuña, M. (2015). Vitalismo y pragmatismo en la obra de Jorge Millas. Revista de Filosofía Chilena, 12(2), 45-67.
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