Entre los pasillos rígidos de la medicina decimonónica, donde las mujeres eran excluidas de aulas y hospitales, emergió Marie Elizabeth Zakrzewska para desafiar cada norma y abrir un camino que nadie antes había osado recorrer. Su visión, su tenacidad y su impulso reformador transformaron para siempre la formación médica femenina. ¿Cómo logró romper estructuras tan férreas? ¿Qué legado dejó en la historia de la salud?


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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR

Marie Elizabeth Zakrzewska: Pionera de la Medicina Profesional Femenina en Estados Unidos


La figura de Marie Elizabeth Zakrzewska ocupa un lugar singular en la historia de la medicina del siglo XIX. Su vida, marcada por la perseverancia y la visión reformadora, permitió transformar de manera profunda el acceso de las mujeres a la formación médica en Estados Unidos. Nacida en Berlín en 1829, llegó al continente americano en un contexto donde las estructuras académicas y hospitalarias se hallaban firmemente controladas por hombres, lo que convertía su presencia en un desafío a las normas culturales y profesionales de la época. Su trayectoria ilumina cómo la determinación individual puede generar cambios perdurables en instituciones y sociedades enteras.

Desde temprana edad, Zakrzewska estuvo expuesta a la tensión entre su vocación por la medicina y las restricciones sociales impuestas a las mujeres. Criada en una familia modesta, observó de cerca la labor de su madre como partera, lo que despertó en ella un interés profundo por la salud femenina y la atención clínica. Sin embargo, los canales formales para instruirse eran escasos o inexistentes. En la Europa de mediados del siglo XIX, las mujeres tenían prohibido el acceso a la mayoría de universidades, y quienes buscaban instrucción médica debían conformarse con aprendizajes informales que les negaban credenciales profesionales. Este entorno adverso no apagó su ambición, sino que la impulsó a buscar alternativas que le permitieran ingresar en el mundo clínico con una preparación rigurosa.

Su primera aproximación institucional fue la Charité de Berlín, donde intentó ingresar al programa oficial de obstetricia. El rechazo inicial no la disuadió; insistió hasta lograr ser admitida, aunque fue tratada con abierto escepticismo. Allí demostró un talento y una disciplina que sorprendieron incluso a sus instructores, destacándose por sus habilidades prácticas y su capacidad analítica. Aun así, sus perspectivas profesionales en Alemania seguían siendo limitadas, pues la estructura médica impedía a las mujeres ejercer plenamente. Esta situación la llevó a considerar emigrar a Estados Unidos, país que, aunque lejos de ser igualitario, ofrecía más oportunidades para quienes aspiraban a romper con los modelos tradicionales de la profesión.

Zakrzewska llegó a Nueva York en 1853, donde pronto conoció a Elizabeth Blackwell, la primera mujer en obtener un título médico en Estados Unidos. Este encuentro fue decisivo: ambas compartían la convicción de que la práctica de la medicina debía abrirse a las mujeres y que las instituciones existentes no estaban preparadas para ofrecer la formación necesaria. Junto con Blackwell y su hermana Emily, Zakrzewska colaboró en la consolidación de la New York Infirmary for Women and Children, una entidad creada para dos propósitos complementarios: brindar atención médica a sectores vulnerables y servir como centro de entrenamiento para mujeres que deseaban convertirse en médicas o enfermeras. Su papel allí fue fundamental, pues aportó experiencia europea, disciplina profesional y un compromiso férreo con la educación clínica.

A pesar de estos avances, la ciudad de Nueva York no ofrecía a Zakrzewska todas las posibilidades que deseaba desarrollar. En 1859 se trasladó a Boston, donde encontró un ambiente inicialmente hostil, pero con un potencial significativo para la creación de nuevas instituciones. Allí fundó, en 1862, el New England Hospital for Women and Children, una de las entidades más influyentes en la historia médica estadounidense. Su objetivo era tanto práctico como moral: demostrar que las mujeres podían dirigir un hospital, ofrecer atención de alta calidad y formar profesionales competentes sin depender de la tutela masculina. El proyecto se convirtió en una referencia nacional por su rigurosidad y por su impacto en la salud femenina, ámbito frecuentemente ignorado por la medicina convencional.

El hospital de Zakrzewska fue también pionero en la formación formal de enfermeras en Estados Unidos. En una época en la que la enfermería aún no era una profesión estructurada, su institución desarrolló programas sistemáticos, con currículos que combinaban teoría, práctica clínica y supervisión constante. Como directora, insistió en que las estudiantes debían recibir una educación sólida que les permitiera actuar con autonomía y criterio propio. A través de estos esfuerzos, contribuyó decisivamente a la profesionalización de la enfermería y alentó a generaciones de mujeres a ingresar en el campo sanitario con legitimidad académica y reconocimiento público.

La relación de Zakrzewska con las autoridades médicas de Boston fue compleja. Muchos colegas se resistían a aceptar mujeres en la práctica hospitalaria, alegando que la medicina era un “campo inapropiado” para ellas. Sin embargo, la calidad de los resultados clínicos y la seriedad administrativa del hospital fueron transformando gradualmente esta percepción. Con el tiempo, diversas asociaciones médicas comenzaron a reconocer la labor de la institución y de su fundadora, aunque no sin tensiones. Zakrzewska sostuvo siempre la posición de que la competencia debía ser el criterio central para evaluar a un profesional, independientemente de su género, postura que defendió con firmeza en debates públicos y privados.

Además de su influyente trabajo institucional, Zakrzewska destacó como defensora de la salud pública. Consideraba que la medicina debía comprender no solo la enfermedad individual, sino también las condiciones sociales que la favorecían. En sus escritos insistió en que la pobreza, la falta de educación sanitaria y la desigualdad estructural tenían un efecto directo sobre la mortalidad. Su hospital, por ello, mantuvo un fuerte compromiso con la atención a poblaciones vulnerables y con la enseñanza de principios básicos de higiene, cuidados maternales y prevención de enfermedades. Este énfasis en la dimensión social de la salud anticipó debates que cobrarían mayor importancia en el siglo XX.

Su vida profesional coincidió con una etapa de importantes transformaciones en el mundo médico: la difusión de la antisepsia, el desarrollo de nuevas técnicas diagnósticas y el surgimiento de hospitales modernos como centros de investigación y enseñanza. Zakrzewska integró estas innovaciones en su práctica y educación clínica, consciente de que la medicina debía evolucionar constantemente para responder a los desafíos sanitarios. Su hospital se convirtió en un espacio donde los avances científicos se adoptaban con rapidez, reforzando la legitimidad académica del proyecto y elevando el prestigio de las médicas formadas allí.

A lo largo de su carrera, Zakrzewska enfrentó numerosos obstáculos, desde la desigualdad salarial hasta la resistencia institucional. No obstante, su legado se consolidó gracias a su capacidad para articular una visión amplia de la medicina, basada en la competencia, la responsabilidad social y la igualdad de oportunidades. Su labor contribuyó a cambiar la percepción pública sobre las mujeres médicas, demostrando que podían dirigir hospitales, formar profesionales y diseñar políticas de salud con niveles de excelencia comparables o superiores a los de sus colegas varones.

Zakrzewska falleció en 1902, pero dejó tras de sí una red de instituciones y profesionales que perpetuaron su misión. Su influencia se extendió mucho más allá de Boston, contribuyendo al establecimiento de estándares educativos que hoy forman parte esencial de la formación médica y de enfermería en Estados Unidos. Su papel en la apertura de espacios profesionales para las mujeres consolidó un cambio estructural que transformó la medicina moderna y sentó las bases para la participación equitativa en un ámbito históricamente excluyente.

La historia de Marie Elizabeth Zakrzewska es un ejemplo elocuente de cómo la determinación individual puede alterar el curso de una disciplina entera. A través de su trabajo incansable, no solo abrió puertas donde antes había muros, sino que construyó instituciones sólidas que sobrevivieron a su tiempo y apoyaron a miles de profesionales. Su legado permanece vigente como recordatorio de que la igualdad en la medicina es resultado de luchas prolongadas, y que figuras como la suya desempeñaron un papel decisivo en la expansión del conocimiento, la mejora de la atención clínica y la profesionalización de las mujeres en ciencias de la salud.


Referencias

Blackwell, E. (1895). Pioneer work in opening the medical profession to women. Longmans, Green, and Co.

Morantz-Sanchez, R. (1985). Sympathy and science: Women physicians in American medicine. Oxford University Press.

National Library of Medicine. (2006). Changing the Face of Medicine: Dr. Marie Zakrzewska. U.S. National Institutes of Health.

Numbers, R. L. (1992). The education of American physicians in the nineteenth century. University of California Press.

Walsh, M. R. (1995). Doctors wanted: No women need apply. Yale University Press.


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