Entre negociaciones fallidas, presiones geopolíticas y expectativas incompatibles, la idea de un Estado palestino ha atravesado casi un siglo de intentos inconclusos. Cada propuesta surgió en momentos decisivos, pero ninguna logró transformarse en realidad. ¿Qué factores hicieron imposible lo que tantas veces pareció inminente? ¿Y qué revelan estas oportunidades perdidas sobre el presente del conflicto?


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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR

Las propuestas de creación de un Estado palestino: historia, rechazos y oportunidades perdidas


A lo largo del siglo XX y principios del XXI, la cuestión palestina ha ocupado un lugar central en la política internacional. Entre las múltiples narrativas que intentan explicar el conflicto, una afirmación recurrente sostiene que “se ofrecieron diversas oportunidades para crear un Estado palestino y todas fueron rechazadas”. Aunque esta frase simplifica una realidad compleja, apunta a un patrón histórico verificable: existen propuestas formales y marcos diplomáticos que pudieron haber derivado en un Estado palestino, pero que no lograron concretarse por una combinación de rechazos, desacuerdos, condiciones imposibles o circunstancias geopolíticas cambiantes. Este ensayo examina esas propuestas, su contexto y el significado más profundo de sus desenlaces.


El Plan Peel de 1937


Contexto y contenido de la propuesta

El Plan Peel de 1937, elaborado por la Comisión Real Británica, fue la primera propuesta formal de partición del Mandato Británico de Palestina. La iniciativa buscaba frenar la violencia creciente entre comunidades judías y árabes. Planteaba dividir el territorio en dos estados: uno judío y otro árabe, con una zona bajo control británico. Para su época, fue un proyecto innovador, pues reconocía la incompatibilidad de aspiraciones nacionales contrapuestas.

Recepción y rechazo

Los líderes sionistas aceptaron el plan como base para negociar, aunque con reservas, mientras que la dirigencia árabe lo rechazó por completo. Consideraban inadmisible la cesión de tierras a un movimiento nacional que percibían como ajeno e impuesto. Este rechazo dejó sin efecto cualquier avance inmediato, marcando el primer momento en que la creación de un Estado palestino bajo un modelo de partición quedó descartada.


La partición de la ONU de 1947


La Resolución 181 y sus implicaciones

En 1947, la Asamblea General de la ONU votó la Resolución 181, que recomendaba dividir el territorio en un Estado judío y un Estado árabe-palestino independiente. Esta propuesta surgió tras el retiro británico y tras años de tensiones que hacían inviable la convivencia política unificada. La partición era, además, un intento de la comunidad internacional por institucionalizar dos proyectos nacionales con legitimidad reconocida.

Reacciones simultáneas y consecuencias

El liderazgo sionista aceptó el plan, aunque tampoco sin reservas, mientras que los líderes árabes palestinos y los estados árabes lo rechazaron. Argumentaban que era injusto asignar a la población judía casi la mitad del territorio pese a ser numéricamente menor. El rechazo condujo a la guerra de 1948, cuyas consecuencias moldearon profundamente la región. La oportunidad de un Estado palestino territorialmente definido se desvaneció en medio del conflicto, estableciendo un precedente decisivo para décadas posteriores.


De la posguerra a Oslo: oportunidades fragmentadas


La ausencia de una propuesta integral (1949-1991)

Durante los años posteriores a 1948 y hasta la década de 1990, la posibilidad de un Estado palestino no dependió principalmente de negociaciones directas entre israelíes y palestinos, sino de dinámicas regionales y del control territorial. Cisjordania quedó bajo dominio jordano y Gaza bajo control egipcio. La independencia palestina no fue el objetivo prioritario de esos gobiernos, por lo que no existió una propuesta formal de Estado palestino impulsada por actores árabes antes de 1967.

Guerra de 1967 y redefinición del conflicto

Tras la Guerra de los Seis Días, Israel ocupó Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este, lo cual transformó la naturaleza del conflicto. En adelante, surgió la idea moderna de la solución de dos Estados. Sin embargo, el rechazo árabe a negociar con Israel —expresado en los “Tres No” de Jartum (1967)— bloqueó durante años cualquier posibilidad diplomática. La OLP, por su parte, reivindicaba entonces un único Estado árabe en toda Palestina, sin contemplar una partición territorial.


Los Acuerdos de Oslo (1993-1995): una ventana incompleta


Autonomía y promesa de Estado

Los Acuerdos de Oslo no constituyeron una propuesta explícita de Estado palestino, pero sí un marco gradual que podría conducir a él. Israel reconoció a la OLP como representante legítimo del pueblo palestino, mientras que la OLP reconoció a Israel. Se estableció la Autoridad Palestina y un esquema de autonomías parciales en Cisjordania y Gaza.

El desafío de la implementación

Pese al avance histórico, Oslo quedó atrapado entre incumplimientos mutuos, violencia recurrente y profundas desconfianzas. La falta de un calendario claro hacia la creación de un Estado dejó el proceso vulnerable a interpretaciones opuestas. La ventana se mantuvo abierta en teoría, pero sin los cimientos sólidos que permitieran materializarla.


Camp David 2000 y negociaciones posteriores


La oferta de un Estado palestino

En 2000, durante la cumbre de Camp David, Israel y la Autoridad Palestina discutieron una propuesta que incluía la creación de un Estado palestino en la mayor parte de Cisjordania y Gaza, con ajustes territoriales y fórmulas de soberanía compartida en Jerusalén Este. Aunque imperfecta, la propuesta marcaba un salto cualitativo respecto a acuerdos previos.

El fracaso y sus interpretaciones

El líder palestino Yasser Arafat no aceptó los términos de la propuesta, al considerar que las concesiones territoriales, el control israelí sobre partes de Jerusalén y la cuestión de los refugiados no atendían necesidades esenciales. Esto no implicó una mera “negativa”, sino una percepción profunda de que el acuerdo no garantizaba un Estado plenamente soberano. Sin embargo, desde la óptica israelí y estadounidense, la negativa representó la pérdida de una oportunidad histórica. Las negociaciones posteriores en Taba (2001) tampoco lograron concretar un acuerdo final.


El siglo XXI y la persistente imposibilidad del Estado


Gaza, divisiones internas y nuevas realidades

Desde 2005, con la retirada israelí de Gaza y el ascenso de Hamas, la política palestina se fragmentó. La división entre la Autoridad Palestina en Cisjordania y Hamas en Gaza dificultó la articulación de una estrategia diplomática coherente. En este escenario, cualquier propuesta de Estado se vuelve más compleja, pues requiere consenso interno.

Iniciativas de paz y estancamiento

En los años siguientes, iniciativas externas —como la Hoja de Ruta de 2003, las negociaciones de Annapolis de 2007 y propuestas informales posteriores— nunca lograron cristalizar en un acuerdo definitivo. La expansión de asentamientos israelíes, la polarización política y la erosión de la confianza han convertido la solución de dos Estados en un ideal cada vez más lejano.


Conclusión: oportunidades, rechazos y un futuro incierto


La historia de las propuestas para crear un Estado palestino es más compleja que una simple lista de “rechazos”. En varios momentos existieron oportunidades reales, especialmente en 1937, 1947, 2000 y en los marcos derivados de Oslo. Sin embargo, cada una de ellas apareció en un contexto distinto, con balances de poder asimétricos, presiones externas y expectativas incompatibles. Algunas propuestas fueron insuficientes; otras fueron rechazadas por considerarse injustas; otras se vieron frustradas por la violencia o por cambios estratégicos de los actores involucrados.

Hoy, el debate sobre el Estado palestino continúa siendo un punto crucial en el escenario internacional. Comprender estas propuestas históricas, sus motivaciones y sus límites es indispensable para analizar el presente. La revisión crítica del pasado no tiene como objetivo asignar culpas únicas, sino entender la compleja trayectoria de decisiones, oportunidades perdidas y desafíos estructurales que han impedido una solución duradera. En última instancia, la creación de un Estado palestino sigue siendo una aspiración legítima, pero su materialización depende de reconstruir la confianza política, redefinir las condiciones geopolíticas y recuperar la voluntad diplomática que en diversos momentos estuvo al alcance, aunque nunca llegó a consolidarse plenamente.


Referencias (formato APA)

  • Morris, B. (2001). Righteous Victims: A History of the Zionist-Arab Conflict, 1881–2001. Vintage Books.
  • Pappé, I. (2006). The Ethnic Cleansing of Palestine. Oneworld Publications.
  • Shlaim, A. (1995). The Politics of Partition: King Abdullah, the Zionists, and Palestine 1921–1951. Oxford University Press.
  • Smith, C. D. (2010). Palestine and the Arab-Israeli Conflict. Bedford/St. Martin’s.
  • Tessler, M. (2009). A History of the Israeli-Palestinian Conflict. Indiana University Press.

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