Entre libros que arden y futuros que advierten, la obra de Ray Bradbury se alza como un espejo inquietante de la condición humana, donde la imaginación dialoga con el miedo, la memoria y la esperanza. Su narrativa transforma la ciencia ficción en poesía y la fantasía en crítica social profunda. ¿Qué revela su literatura sobre nuestro presente? ¿Por qué sus mundos imaginados siguen siendo tan urgentes hoy?
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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR
Ray Bradbury: Un escritor visionario que dejó huella en la literatura.
Ray Douglas Bradbury representa una de las figuras más emblemáticas y trascendentales de la literatura estadounidense del siglo XX, cuya obra ha trascendido las fronteras de la ciencia ficción para consolidarse como patrimonio universal de las letras. Nacido el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, Illinois, Bradbury creció en el seno de una familia modesta durante los turbulentos años de la Gran Depresión, experiencia que marcaría profundamente su sensibilidad artística y su percepción del mundo. Desde temprana edad manifestó una pasión desbordante por la lectura y la escritura, influenciado por los relatos de Edgar Allan Poe, Jules Verne y H.G. Wells, autores que despertaron en él la fascinación por lo fantástico y lo especulativo. Su infancia en el Medio Oeste estadounidense, con sus veranos interminables y sus pequeñas comunidades cerradas, se convertiría posteriormente en el escenario recurrente de muchas de sus narraciones más memorables, dotándolas de una atmósfera nostálgica y profundamente humana.
La familia Bradbury se trasladó a Los Ángeles en 1934, movimiento que resultaría decisivo para la formación intelectual del joven escritor. Aunque las dificultades económicas le impidieron acceder a la educación universitaria formal, Ray encontró en las bibliotecas públicas su verdadera universidad, donde se forjó como autodidacta voraz y disciplinado. Durante tres días a la semana, durante una década, acudía religiosamente a la biblioteca, leyendo todo lo que caía en sus manos: clásicos de la literatura, ensayos filosóficos, textos científicos y, por supuesto, revistas de ciencia ficción. Esta formación heterodoxa y apasionada le proporcionó una base cultural amplia y ecléctica que se reflejaría en la riqueza temática y estilística de su obra posterior. A los doce años decidió convertirse en escritor, y desde entonces escribía prácticamente todos los días, desarrollando una disciplina férrea que mantendría durante toda su vida. Sus primeros relatos comenzaron a publicarse en revistas especializadas a principios de la década de 1940, cuando apenas superaba los veinte años de edad.
El ascenso de Bradbury en el panorama literario estadounidense fue meteórico una vez que encontró su voz distintiva, caracterizada por un lirismo poético infrecuente en la ciencia ficción de la época. Su primer gran éxito llegó en 1950 con la publicación de “Crónicas marcianas”, obra que revolucionó el género al tratarlo no como mero entretenimiento escapista, sino como vehículo de profunda reflexión humanística. Este libro, estructurado como una serie de relatos interconectados que narran la colonización humana de Marte, constituye en realidad una alegoría sobre el imperialismo, el etnocentrismo y la destrucción cultural. Bradbury utilizó el planeta rojo como espejo distorsionado de la Tierra, permitiéndole explorar temas como la soledad existencial, la pérdida de la inocencia y las consecuencias devastadoras del progreso tecnológico deshumanizado. La prosa lírica y melancólica de esta obra estableció un nuevo estándar en el género, demostrando que la ciencia ficción podía alcanzar alturas literarias comparables a las de la narrativa más prestigiosa.
Sin embargo, fue “Fahrenheit 451”, publicada en 1953, la obra que consolidaría definitivamente a Bradbury como uno de los grandes pensadores literarios de su generación y como profeta inquietante de los peligros del totalitarismo cultural. Esta distopía, ambientada en un futuro donde los bomberos queman libros en lugar de apagar incendios, constituye una defensa apasionada de la libertad intelectual, el pensamiento crítico y el valor civilizatorio de la literatura. El protagonista, Guy Montag, emprende un viaje de despertar espiritual que lo lleva de conformista a rebelde, en una trama que funciona simultáneamente como thriller de acción y como profunda meditación filosófica sobre el papel del arte en la sociedad. Bradbury escribió esta obra durante la era McCarthy, cuando el macartismo amenazaba la libertad de expresión en Estados Unidos, y aunque el autor negaba que fuera una respuesta directa a la censura política, resulta evidente que su contexto histórico permeaba cada página. La novela advertía contra los peligros de una sociedad que renuncia voluntariamente al conocimiento en favor del entretenimiento superficial, tema que ha cobrado renovada relevancia en la era digital.
Más allá de estas dos obras maestras, la producción literaria de Bradbury fue extraordinariamente prolífica y diversa, abarcando cuentos, novelas, poesía, teatro y guiones cinematográficos. “El hombre ilustrado” (1951) es una colección de dieciocho relatos unidos por la figura de un vagabundo cuyo cuerpo está cubierto de tatuajes que cobran vida y narran historias diferentes cada noche. Esta estructura metaficcional permite a Bradbury explorar una amplísima variedad de temas: desde la angustia existencial de la paternidad en “El largo lluvioso día” hasta el horror psicológico de “La pradera”, relato profético sobre los peligros de la tecnología como sustituto de las relaciones familiares. “El vino del estío” (1957), obra de carácter semiautobiográfico, representa un alejamiento parcial de la ciencia ficción pura para adentrarse en el territorio de la fantasía nostálgica y el realismo mágico. Ambientada en el verano de 1928 en una pequeña ciudad de Illinois, la novela narra las últimas aventuras de la infancia de Douglas Spaulding, protagonista trasunto del propio Bradbury, en una prosa lírica que celebra la maravilla de estar vivo.
“Algo siniestro viene por aquí” (1962) constituye otra de las cumbres narrativas de Bradbury, fusionando elementos de terror gótico, fantasía oscura y coming-of-age en una historia ambientada en octubre, mes tradicionalmente asociado con lo sobrenatural en la imaginería estadounidense. La llegada de un siniestro carnaval a una pequeña población del Medio Oeste desencadena una serie de acontecimientos inquietantes que pondrán a prueba la amistad de dos adolescentes y les obligarán a enfrentarse prematuramente con la mortalidad y la maldad. La novela funciona como metáfora de la pérdida de la inocencia y del paso a la edad adulta, temas recurrentes en la obra bradburiana. Su atmósfera onírica y amenazante, junto con su prosa profundamente evocadora, la convierten en una de las exploraciones más penetrantes del terror existencial en la literatura norteamericana. Bradbury demostró en esta obra su capacidad para transitar entre géneros sin perder su voz autoral distintiva, caracterizada siempre por una preocupación central por la condición humana.
La relación de Bradbury con el cine y la televisión fue intensa y fructífera, aunque no exenta de tensiones creativas. Colaboró con John Huston en la adaptación de “Moby Dick” (1956), experiencia que resultó tan enriquecedora como difícil y que el autor narraría posteriormente en “Green Shadows, White Whale”. François Truffaut dirigió en 1966 una memorable versión cinematográfica de “Fahrenheit 451”, aunque Bradbury expresó reservas respecto a ciertas decisiones interpretativas del realizador francés. Más satisfactoria resultó su colaboración televisiva, particularmente con la serie antológica “The Ray Bradbury Theater”, emitida entre 1985 y 1992, donde adaptó muchos de sus relatos breves con considerable libertad creativa. Esta incursión en el medio audiovisual demuestra la versatilidad de Bradbury como creador y su comprensión de que las historias pueden adoptar formas múltiples sin traicionar su esencia. No obstante, siempre consideró la palabra escrita como su medio primordial de expresión, y dedicó la mayor parte de su energía creativa a la literatura pura.
Como ensayista y pensador cultural, Bradbury articuló con claridad y pasión su filosofía humanista y su preocupación por el futuro de la civilización. En obras como “Zen en el arte de escribir” (1990), compartió sus reflexiones sobre el proceso creativo, enfatizando la importancia del entusiasmo, la disciplina y la honestidad emocional en la escritura. Sostenía que el escritor debe escribir por amor al acto mismo de crear, no por consideraciones comerciales o de prestigio. Su defensa apasionada de las bibliotecas públicas como instituciones democráticas fundamentales se manifestó tanto en sus ensayos como en su activismo cívico; Bradbury consideraba el acceso universal a los libros como derecho inalienable y como fundamento de toda sociedad verdaderamente libre. Esta dimensión pública de su persona intelectual lo convirtió en figura respetada más allá de los círculos literarios, siendo invitado frecuentemente a pronunciar conferencias sobre educación, tecnología y futuro humano.
La recepción crítica de la obra bradburiana ha experimentado una notable evolución a lo largo de las décadas. Inicialmente, muchos críticos académicos menospreciaban su trabajo por pertenecer al género de la ciencia ficción, considerado entonces literatura menor o escapista. Sin embargo, con el paso del tiempo y el reconocimiento progresivo de la ciencia ficción como forma literaria legítima capaz de abordar las grandes cuestiones filosóficas, morales y sociales, la estatura de Bradbury ha crecido considerablemente. Actualmente se le reconoce como maestro de la narrativa breve, heredero de la tradición de Edgar Allan Poe y Nathaniel Hawthorne en su capacidad para crear atmósferas inquietantes y para utilizar lo fantástico como vehículo de exploración psicológica. Su estilo, caracterizado por un lirismo poético infrecuente en el género, una imaginería sensorial extraordinariamente rica y una profunda empatía humana, ha influido a generaciones posteriores de escritores tanto dentro como fuera de la ciencia ficción.
Los temas recurrentes en la obra de Bradbury revelan las preocupaciones centrales de un humanista profundamente inquieto por el rumbo de la civilización contemporánea. La tensión entre tecnología y humanidad constituye quizá su obsesión temática fundamental: lejos de ser un ludita que rechazara todo progreso técnico, Bradbury advertía contra la tendencia a permitir que la tecnología desplazara valores humanos esenciales como la empatía, la contemplación, el contacto con la naturaleza y las relaciones interpersonales auténticas. La nostalgia por la infancia y por una América preindustrial idealizada impregna muchas de sus obras, no como mero sentimentalismo, sino como recordatorio de dimensiones de la experiencia humana que la modernidad amenaza con extinguir. La censura, el conformismo social y el poder destructivo de la ignorancia voluntaria constituyen otros ejes temáticos fundamentales, explorados con particular intensidad en sus distopías pero presentes también en sus relatos aparentemente más ligeros. Finalmente, la muerte y la mortalidad aparecen constantemente en su narrativa, no como fuente de desesperación nihilista, sino como realidad que confiere significado y urgencia a la existencia humana.
La influencia de Ray Bradbury en la cultura contemporánea resulta difícil de sobreestimar. Escritores tan diversos como Neil Gaiman, Stephen King, Ursula K. Le Guin y Margaret Atwood han reconocido su deuda con él. Su impacto trasciende lo estrictamente literario para alcanzar el terreno del pensamiento social y político: “Fahrenheit 451” se ha convertido en referencia obligada en debates sobre censura, libertad de expresión y manipulación mediática. Los conceptos e imágenes bradburianos han penetrado profundamente en el imaginario colectivo: la idea de bomberos que queman libros, las casas automatizadas que se autodestruyen, los marcianos espectrales de sus crónicas. Educadores de todo el mundo utilizan sus obras para introducir a jóvenes lectores en la ciencia ficción y en la reflexión crítica sobre tecnología y sociedad. Sus relatos siguen siendo adaptados regularmente al teatro, el cine y otros medios, testimonio de su vitalidad perdurable.
Bradbury recibió numerosos reconocimientos a lo largo de su extensa carrera, aunque curiosamente nunca obtuvo el Premio Nobel de Literatura, omisión que muchos consideran injusta. En 2000 fue galardonado con la Medalla Nacional de las Artes por el presidente Bill Clinton. En 2004, la Asociación Nacional del Libro le otorgó un premio especial por su contribución distinguida a las letras estadounidenses. Diversos premios llevan su nombre, incluyendo el Ray Bradbury Prize for Science Fiction otorgado por la Science Fiction and Fantasy Writers of America. Universidades como Whittier College le concedieron doctorados honoris causa, reconocimiento particularmente significativo para quien nunca había pisado un aula universitaria como estudiante regular. Un cráter en la Luna y otro en Marte llevan su nombre, homenaje apropiado para quien dedicó tantas páginas a imaginar la exploración de esos mundos.
Ray Bradbury falleció el 5 de junio de 2012 en Los Ángeles, California, a la edad de 91 años, dejando tras de sí un legado literario monumental que incluye más de treinta libros y centenares de relatos breves. Hasta sus últimos días mantuvo una rutina disciplinada de escritura, fiel a su convicción de que el escritor debe escribir constantemente para mantener viva la llama creativa. Su muerte fue lamentada internacionalmente como la pérdida de uno de los grandes narradores del siglo XX y de una voz moral importante en los debates culturales contemporáneos. Sin embargo, su obra permanece vibrante y relevante, acaso más que nunca en una época caracterizada por aceleración tecnológica vertiginosa, proliferación de información sin precedentes y erosión preocupante de la atención sostenida. Las advertencias bradburianas sobre sociedades que renuncian al pensamiento crítico en favor del entretenimiento constante, sobre la pérdida del contacto humano auténtico mediado por pantallas, sobre los peligros del conformismo intelectual, resuenan con fuerza profética en nuestro presente.
La grandeza de Ray Bradbury reside precisamente en su capacidad para trascender las limitaciones del género en el que mayormente operó. Aunque formalmente muchas de sus obras pueden clasificarse como ciencia ficción o fantasía, su verdadero interés nunca estuvo en la tecnología o en la especulación científica per se, sino en el alma humana, en nuestros miedos más profundos, en nuestras aspiraciones más nobles, en la fragilidad y la belleza de nuestra existencia. Utilizó los tropos de la ciencia ficción como Shakespeare utilizó el drama histórico o Kafka la fábula kafkiana: como vehículos para explorar verdades universales sobre la condición humana. Su prosa lírica, cargada de metáforas sorprendentes y de una musicalidad consciente, eleva sus relatos al rango de poesía narrativa. Su capacidad para capturar la maravilla infantil ante el mundo, así como el terror existencial ante la muerte y la insignificancia, lo sitúa en la tradición de los grandes escritores que han sabido mirar simultáneamente hacia la luz y hacia la oscuridad de la experiencia humana.
Ray Bradbury no fue simplemente un escritor de ciencia ficción excepcional; fue un escritor excepcional, punto, cuyas obras merecen estar y permanecerán en el canon de la literatura universal como testimonios perdurables del poder transformador de la imaginación y la palabra.
Referencias
Bloom, H. (2001). Ray Bradbury. Chelsea House Publishers.
Eller, J. R., & Touponce, W. F. (2004). Ray Bradbury: The life of fiction. Kent State University Press.
Mogen, D. (1986). Ray Bradbury. Twayne Publishers.
Weller, S. (2005). The Bradbury chronicles: The life of Ray Bradbury. William Morrow.
Zipes, J. (2011). The enchanted screen: The unknown history of fairy-tale films. Routledge.
Obra:
Bradbury nunca dejó de escribir hasta el día de su muerte el 5 de junio de 2012, a la edad de 91 años, en Los Ángeles, California. Su lápida funeraria en el Cementerio Westwood Village Memorial Park lleva el epitafio “Autor de Fahrenheit 451”, lo cual es un tributo apropiado considerando que esta obra se ha convertido en una puerta de entrada al mundo de la lectura para muchos jóvenes alrededor del mundo.
- Carnaval Negro (Dark Carnival) (1947)
- Las momias de Guanajuato (The Mummies of Guanajuato) (1947)
- Crónicas marcianas (The Martian Chronicles, 1950)
- El hombre ilustrado (The Illustrated Man, 1951)
- Las doradas manzanas del Sol (The Golden Apples of the Sun, 1953)
- El país de octubre (The october Country, 1955)
- Remedio para melancólicos (A Medicine for Melancholy, 1959)
- The Small Assassin (1962)
- Cuentos del futuro (R is for Rocket, 1962)
- Las maquinarias de la alegría (The Machineries of Joy, 1964)
- The Autumn People (1965)
- Tomorrow Midnight (1966)
- Cuentos espaciales (S is for Space, 1966)
- Twice 22 (1966)
- Fantasmas de lo nuevo (I Sing the Body Electric, 1969)
- Mucho después de medianoche (Long After Midnight, 1976)
- The Fog Horn & Other Stories (1979)
- One Timeless Spring (1980)
- The Last Circus and the Electrocution (1980)
- The Fog Horn and Other Stories (1981)
- Cuentos de dinosaurios (Dinosaur Tales, 1983)
- Memoria de crímenes (A Memory of Murder, 1984)
- The Wonderful Death of Dudley Stone (1985)
- El convector Toynbee, también En el expreso, al norte (The Toynbee Convector, 1988)
- The Parrot Who Met Papa (1991)
- Selected from Dark They Were, and Golden-Eyed (1991)
- Más rápido que el ojo (Quicker Than The Eye, 1996)
- Conduciendo a ciegas, también A ciegas (Driving Blind, 1997)
- The Playground (2001)
- Algo más en el equipaje (One More for the Road, 2002)
- Is That You, Herb? (2003)
- El signo del gato (The Cat’s Pajamas: Stories, 2004)
- A Sound of Thunder and Other Stories (2005)
- The Dragon Who Ate His Tail (2007)
- Ahora y siempre (Now and Forever, 2007)
- Summer Morning, Summer Night (2007)
- Siempre nos quedará París (We’ll Always Have Paris: Stories, 2009)
- A Pleasure To Burn (2010)
Novelas:
- Fahrenheit 451 (1953)
- El vino del estío (Dandelion Wine, 1957)
- La feria de las tinieblas (Something Wicked this Way Comes, 1962)
- El árbol de las brujas (The Halloween Tree, 1972)
- La muerte es un asunto solitario (Death is a Lonely Business, 1985)
- Cementerio para lunáticos (A Graveyard for lunatics, 1990)
- Sombras verdes, ballena blanca (Green Shadows, White Whale, 1992)
- De la ceniza volverás (From the Dust Returned, 2001)
- Matemos todos a Constance (Let’s All Kill Constance, 2002)
- El verano de la despedida (Farewell Summer, 2006)
Poesía:
- Ray Bradbury, poesía completa (2013), edición bilingüe, Introducción, traducción y notas de Jesús Isaías Gómez López. Colección Letras Universales. Editorial Cátedra, Madrid, 1064 págs. ISBN 978-84-376-3193-6
- Vivo en lo invisible. Nuevos poemas escogidos (2002), traducción y prólogo de Ariadna G. García y Ruth Guajardo González. Salto de Página, Madrid, 2013. ISBN 978-94-15065-46-3
Teatro:
- El maravilloso traje de color vainilla (The Wonderful Ice Cream Suit, 1972)
- Columna de fuego y otras obras para hoy, mañana y después de mañana (Pillar of Fire and Other Plays, 1975)
No ficción:
- Ayermañana. Respuestas evidentes a futuros imposibles (Yestermorrow. Obvious answers to impossibles futures, 1991)
- Zen en el arte de escribir (Zen in the art of writing, 1990)
- Bradbury habla (Bradbury talks, 2008)
Guiones de cine:
- Moby Dick, dirigida por John Huston (1956)
Guiones televisivos:
- Episodio 16 A de la primera temporada de la serie The Twilight Zone (1985), titulado The elevator.
Adaptaciones cinematográficas, televisivas y musicales.
- Fahrenheit 451 (François Truffaut, 1966), con Julie Christie y Oskar Werner.
- El hombre ilustrado (Jack Smight, 1969), con Rod Steiger.
- Crónicas marcianas, (Michael Anderson, 1980), con Rock Hudson, Gayle Hunnicutt y Fritz Weaver
- El carnaval de las tinieblas (Something wicked this way comes, Jack Clayton, 1983), Disney, guion de Ray Bradbury.
- The Ray Bradbury Theater, serie de televisión, 65 episodios, 1985-1986 y 1988-1992.
- The Halloween tree (El árbol de la Noche de Brujas, 1993), película animada de Hanna-Barbera.
- El sonido del trueno (Peter Hyams, 2005), Warner Bros., con Edward Burns, Ben Kingsley y Catherine McCormack.
- La banda de rock argentina Abra Vador compuso la canción llamada Esa cosa al final de la escalera, basada en el cuento que lleva el mismo nombre.
- Fahrenheit 451 (Ramin Bahrani, 2018), película para televisión, con Michael B. Jordan y Michael Shannon.
- El episodio 35 de la tercera temporada de la serie The Twilight Zone (1959) titulado I sing the body electric! está basado en su relato homónimo.
- El episodio 8 B de la primera temporada de la serie The Twilight Zone (1985), titulado The burning man, está basado en su relato homónimo.
- El episodio titulado El tarro de la serie Alfred Hitchcock presenta está basado en su relato homónimo.
- La película It came from outer space, dirigida en 1953 por Jack Arnold, está basada en el relato The meteor.
- La película The Beast from 20,000 Fathoms, dirigida en 1953 por Eugène Lourié, está basada en el relato homónimo.
- La serie Historias para no dormir, creada en 1964 por Narciso Ibáñez Serrador, adaptó numerosos relatos. Premios
- 1947: Premio O. Henry.
- 1948: Premio O. Henry.
- 1954: Premio Benjamin Franklin que reconoce la excelencia en la publicación independiente.
- 1968: Premio ASWA al mejor artículo referido al espacio en una revista americana en 1967 por An Impatient Gulliver Above Our Roots.
- 1970: Salón de la Fama de la ciencia ficción por el relato La tercera expedición, del libro Crónicas Marcianas.
- 1971: Premio Seiun de cuento por The Poems.
- 1972: Premio Seiun de cuento por The Blue Bottle.
- 1973: Premio Seiun de cuento por The Black Ferris.
- 1977: To Premio Mundial de Fantasía: por una vida de logros.
- 1977: Encuesta Locus: Décimo cuarto en el ranking de mejores autores de todos los tiempos.
- 1979: Premio Balrog en la categoría de Poesía.
- 1980: Premio Gandalf de Fantasía.
- 1983: Premio Saturn al mejor guion por El carnaval de las tinieblas.
- 1984: Prometheus Hall of Fame de la Sociedad.
- 1984: Libertaria Futurista por Fahrenheit 451.
- 1984: Premio Jules Verne.
- 1984: Premio Valentine Davies de la Writers Guild of America por su trabajo como guionista en cine.
- 1985: Premio PEN Center USA West por una vida de logros.
- 1988: Nombrado Gran Maestro por la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción de América (SFWA).
- 1989: Premio Bram Stoker en tres categorías (Mejor Obra de Ficción, Mejor Historia Corta y Reconocimiento por Toda una Vida de Trabajo).
- 1993: CableACE a la mejor serie dramática por The Ray Bradbury Theater.
- 1994: Emmy por el guion televisivo de El árbol de las brujas.
Finalista
- 1976: Premio Mundial de Fantasía a los logros de una vida.
- 1977: Premio Mundial de Fantasía a la mejor antología por Long After Midnight.
- 1989: Premio Bram Stoker de mejor historia corta por The Young Thing at the Top of the Stairs.
- 1989: Premio Bram Stoker de mejor antología por El Convector Toynbee.
- 1998: Premio de la British Fantasy Society a la mejor antología por Driving Blind
- 1998: Premio Mundial de Fantasía a la mejor
antología por Driving Blind. - 2002: Premio Mundial de Fantasía a la mejor novela por From the Dust Returned: A Family Remembrance.
- 2002: Premio Bram Stoker a la mejor novela por From the Dust Returned: A Family Remembrance.
- 1963: Óscar por su película animada Icarus Montgolfier Wright.
Otros reconocimientos
- Cráter lunar con el nombre de “Cráter Dandelion” en honor al libro Dandelion Wine (El vino del estío).
- Un asteroide lleva su nombre, el (9766) Bradbury.
- Una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.
- El Premio Internacional de ciencia ficción Clarke Bradbury.
- El Premio Bradbury de guion para representación dramática otorgado por la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción de América (SFWA).
- Un cuento suyo es recordado por el Profesor, papel de Héctor Alterio en la película El último tren (Corazón de fuego), de 2002.
- En 2006, fue nombrado Duque del Diente de León, título nobiliario del literario Reino de Redonda, otorgado por Javier Marías (Rey Xavier I de Redonda).
“Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio adonde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí. No importa lo que hagas – decía – en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ello tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un autentico jardinero esta en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí. El jardinero estará allí para siempre”.
-Ray Bradbury
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