Entre hielos eternos y playas caribeñas se tejió un episodio diplomático que definiría la presencia estadounidense en dos regiones estratégicas del planeta. En 1916, mientras la Primera Guerra Mundial alteraba el equilibrio global, Estados Unidos adquirió las Islas Vírgenes Danesas y reconoció la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia. ¿Fue un movimiento maestro de geopolítica o una oportunidad perdida para controlar el Ártico? ¿Qué consecuencias tuvo este intercambio para el futuro hemisférico?


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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR

El intercambio diplomático de 1916–1917: Estados Unidos, Groenlandia y las Islas Vírgenes Danesas


El estudio del intercambio diplomático entre Estados Unidos y Dinamarca en 1916–1917 revela un episodio singular en la historia de la política exterior norteamericana. Este acto, que implica la venta de las Islas Vírgenes Danesas a Estados Unidos y un reconocimiento diplomático de la soberanía danesa sobre Groenlandia, ha sido interpretado como una maniobra geopolítica de enorme trascendencia. El análisis histórico permite comprender mejor cómo se articularon intereses estratégicos en el contexto de la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias para la geopolítica ártica y caribeña.

El debate sobre si Estados Unidos “renunció” a Groenlandia en favor de las Islas Vírgenes Danesas requiere una aproximación crítica a los documentos del tratado y a las declaraciones políticas de la época. Más que un trueque territorial estricto, el acuerdo implicó la articulación de voluntades estatales en un contexto global complejo, donde el equilibrio europeo y la seguridad hemisférica estaban en juego. Groenlandia, una enorme isla ártica, y las pequeñas islas del Caribe describen extremos geográficos que, sin embargo, se unieron en la diplomacia de guerra.

Para comprender este episodio es indispensable considerar la geopolítica del Atlántico Norte y del Caribe en el siglo XX temprano. La Procuración de territorios insulares y posiciones estratégicas para el control de rutas marítimas era fundamental en una época donde el poder naval era determinante. Estados Unidos, recién llegado al teatro global de la Primera Guerra Mundial, buscaba consolidar posiciones que aseguraran acceso y vigilancia del océano, particularmente en torno al canal de Panamá y la protección del flanco occidental.

El Tratado de las Indias Occidentales Danesas, firmado en diciembre de 1916 y ratificado en marzo de 1917, constituye el instrumento por el cual Dinamarca vendió sus posesiones caribeñas a Estados Unidos por veinticinco millones de dólares oro. Esta transacción adquirió relevancia más allá de lo económico, pues simbolizaba un cambio en la presencia colonial danesa y en la proyección de Estados Unidos en el Caribe. Las islas adquiridas pasarían a formar parte de la jurisdicción estadounidense como Islas Vírgenes de los Estados Unidos.

Paralelamente, en el marco del mismo tratado, el Secretario de Estado estadounidense Robert Lansing emitió una declaración explícita de no objeción ante la extensión de la soberanía danesa sobre Groenlandia. Esta declaración fue interpretada por historiadores como un reconocimiento diplomático de facto, consolidando la autoridad danesa sobre la vasta isla ártica. La diplomacia estadounidense optó por garantizar estabilidad a Dinamarca para facilitar la venta caribeña, incluso si ello significaba aceptar la jurisdicción danesa sobre Groenlandia.

En términos jurídicos, el reconocimiento de la soberanía danesa sobre Groenlandia no constituyó una cesión formal de derechos territoriales por parte de Estados Unidos. La declaración de Lansing no extinguió reclamaciones previas ni constituyó una cesión material de soberanía en el sentido de un intercambio territorial. Más bien, fue una manifestación de política exterior mediante la cual Washington se comprometió a no oponerse a la administración danesa de la isla, lo que en la práctica reforzó el status quo territorial.

El contexto de la Primera Guerra Mundial explica en buena medida las decisiones tomadas por las partes. Dinamarca, país europeo neutral rodeado por potencias beligerantes, enfrentaba la amenaza de invasión o pérdida de sus territorios ultramarinos. Ante el riesgo de que Alemania se hiciera con las Islas Vírgenes Danesas, Copenhague encontró en Estados Unidos un socio capaz de garantizar la seguridad de dichas posesiones. La articulación de intereses llevó a un acuerdo que protegía a Dinamarca de riesgos estratégicos inmediatos.

Contrariamente a algunas interpretaciones populares que describen el episodio como un simple trueque de territorios, un análisis riguroso muestra que la transacción fue parte de una estrategia diplomática más amplia. Estados Unidos no intercambió formalmente Groenlandia por las Islas Vírgenes Danesas, sino que utilizó el reconocimiento de soberanía danesa sobre Groenlandia como materia complementaria de negociación para asegurar la compra de las islas caribeñas. La distinción es sutil pero esencial para la comprensión académica del caso.

Desde una perspectiva histórica, la operación puede evaluarse como un logro estratégico para Estados Unidos en su consolidación como potencia hemisférica. La adquisición de las Islas Vírgenes fortaleció su presencia en el Caribe, complementando otras posiciones insulares como Puerto Rico y Cuba. Asimismo, el reconocimiento de la soberanía danesa sobre Groenlandia permitió estabilizar la región ártica durante un periodo de turbulencia europea, ofreciendo certezas jurídicas a largo plazo.

A pesar de que Groenlandia no pasó a soberanía estadounidense, el interés de Washington por la isla reapareció en décadas posteriores. En la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, la importancia de Groenlandia volvió a discutirse debido a su posición estratégica en el Ártico, sus recursos naturales y las rutas marítimas emergentes producto del cambio climático. Tales debates demuestran que el reconocimiento de 1916 no cerró la cuestión, sino que la pospuso dentro de nuevas dinámicas geopolíticas.

La valoración de si Estados Unidos hizo un “mal negocio” o una “jugada maestra” depende del prisma desde el cual se aborde el análisis. Si se evalúa en términos territoriales puros —un simple balance de superficie— parecería que la enorme Groenlandia tenía un valor superior a las pequeñas Islas Vírgenes. Sin embargo, al considerar factores estratégicos, políticos y de seguridad hemisférica en el contexto de la Primera Guerra Mundial, la decisión estadounidense revela una racionalidad conforme a los intereses nacionales prevalentes en ese momento.

Las implicaciones diplomáticas de este episodio también ofrecen lecciones sobre cómo se conciben los acuerdos internacionales en contextos de crisis. La negociación entre una potencia emergente y un estado europeo neutral demuestra que los términos de los tratados pueden incorporar cláusulas que, aunque no explícitamente territoriales, influyen decisivamente en la configuración futura de las relaciones internacionales. En este sentido, el caso de 1916–1917 se convierte en objeto de estudio pertinente para la disciplina de relaciones internacionales.

La revisión historiográfica subraya que las decisiones de política exterior rara vez obedecen a criterios unidimensionales. Por el contrario, integran consideraciones económicas, militares, jurídicas y simbólicas que se entrelazan para producir decisiones complejas. El caso de las Islas Vírgenes Danesas y Groenlandia no escapa a tal complejidad. Su estudio contribuye a una comprensión más profunda de las motivaciones y concesiones que median en la diplomacia de grandes y pequeños estados.

El episodio diplomático de 1916–1917 entre Estados Unidos y Dinamarca no puede reducirse a una fórmula simplista de intercambio territorial. La adquisición de las Islas Vírgenes Danesas fue un paso significativo en la proyección estratégica estadounidense en el Caribe, mientras que el reconocimiento de la soberanía danesa sobre Groenlandia consolidó un orden legal en el Ártico durante una coyuntura global crítica. Ambos hechos, aunque interrelacionados, respondieron a prioridades geopolíticas específicas de la época. El impacto de estas decisiones ha trascendido su momento histórico, alimentando debates posteriores sobre la importancia geoestratégica de Groenlandia y la política exterior de Estados Unidos.

Así, la operación de 1916–1917 sigue siendo un punto de referencia para estudios sobre diplomacia, estrategia y la gestión de territorios transnacionales.


Referencias

Berg, O. (1998). The Danish West Indies under Company Rule (1671–1754). Aarhus University Press.

Hansson, A. (2013). Arctic Strategies and Greenland. Routledge.

Kaplan, R. D. (2009). Monsoon: The Indian Ocean and the Future of American Power. Random House.

Lansing, R. (1916). Diplomatic Correspondence on the Transfer of the Danish West Indies. Government Printing Office.

Zelikow, P., & Rice, C. (1995). To Build a Better World: Choices to End the Cold War and Create a Global Commonwealth. Harvard University Press.


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