Entre la mitología y la ambición política, Japón forjó una ideología que justificó su expansión por Asia bajo el lema Hakko Ichiu. Lo que comenzó como una creencia mítica se transformó en motor de guerras, conquistas y un orden regional impuesto por la fuerza. ¿Cómo un mito ancestral se convirtió en política de Estado? ¿Qué lecciones deja Hakko Ichiu para comprender el poder, la ideología y la memoria histórica?


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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR

Hakko Ichiu: El Destino Imperial Japonés y su Legado Histórico


El concepto de Hakko ichiu, traducido literalmente como “ocho esquinas del mundo bajo un mismo techo”, encapsula la ideología expansionista que definió la política exterior japonesa durante la primera mitad del siglo XX. Derivado de una leyenda atribuida al emperador Jimmu, fundador mítico de Japón, Hakko ichiu fue reinterpretado en la era moderna como un mandato divino para unificar Asia bajo la autoridad de la Casa Imperial Yamato. Más que una ambición territorial, esta doctrina combinaba ultranacionalismo, misticismo sintoísta y una respuesta defensiva al imperialismo occidental, convirtiéndose en el eje ideológico del imperialismo japonés.


Orígenes y consolidación del pensamiento imperial


La mentalidad expansionista tiene sus raíces en la Restauración Meiji de 1868, cuando Japón emergió del aislamiento feudal y emprendió una modernización acelerada para evitar la colonización que sufrían otros países asiáticos. La élite dirigente promovió el sintoísmo estatal como religión oficial, presentando al emperador como arahitogami, descendiente directo de la diosa solar Amaterasu. Esta divinización del soberano otorgó legitimidad sagrada al Estado y justificó la expansión como misión histórica y moral.

Los tratados desiguales impuestos por las potencias occidentales generaron resentimiento y reforzaron la creencia de que la única forma de preservar la soberanía japonesa era convertirse en potencia imperial. La victoria en la Guerra Sino-Japonesa (1894-1895) y, más aún, en la Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) consolidó la confianza en un destino imperial. Japón se convirtió en la primera nación asiática moderna en derrotar a una potencia europea, obteniendo Taiwán, influencia en Corea y reconocimiento internacional. Estos éxitos alimentaron la narrativa de superioridad cultural y racial que sustentaba Hakko ichiu.

La anexión de Corea en 1910 y la participación japonesa en la Primera Guerra Mundial para ocupar territorios alemanes en el Pacífico fueron los primeros pasos de un proyecto imperial centrado en Tokio, evidenciando cómo una idea abstracta se transformaba en política estatal.


Crisis económica y militarización


La Gran Depresión de 1929 golpeó duramente a Japón, cuya economía dependía de la exportación y carecía de recursos naturales suficientes, como petróleo, hierro y caucho. La escasez de materias primas se percibió como amenaza existencial, lo que facilitó la radicalización militar y la toma progresiva del gobierno. Líderes moderados fueron asesinados, y Hakko ichiu se convirtió en justificación para la conquista de Manchuria (1931), donde se estableció el Estado títere de Manchukuo. La invasión se presentó como liberación del yugo chino y preparación de un nuevo orden asiático.

La Segunda Guerra Sino-Japonesa (1937) intensificó el expansionismo. La masacre de Nankín y otros crímenes de guerra revelaron la brecha entre la retórica liberadora y la ocupación brutal. En paralelo, Japón promovió la Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental (1940), un proyecto que, en teoría, buscaba emancipar a Asia del colonialismo occidental. En la práctica, funcionó como un sistema jerárquico que privilegiaba los intereses japoneses y explotaba recursos y población de los territorios ocupados.


Segunda Guerra Mundial y el límite del destino divino


El ataque a Pearl Harbor (1941) y la rápida conquista del Sudeste Asiático —Malasia británica, Indias Orientales Neerlandesas, Filipinas— se justificaron como pasos para destruir el orden colonial occidental y establecer un “nuevo orden asiático”. La propaganda interna afirmaba que el emperador Hirohito encarnaba un mandato celestial que aseguraría la victoria. Sin embargo, la superioridad industrial y militar de los Aliados, junto con la resistencia de los pueblos ocupados, provocó el retroceso japonés. Las batallas de Midway (1942) y Guadalcanal marcaron el inicio de la derrota, culminando con los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki (1945) y la rendición incondicional de Japón.

El 1 de enero de 1946, el emperador Hirohito renunció públicamente a su divinidad en la Declaración de Humanidad, desmantelando la base teológica del imperialismo japonés y sentando las bases para la transformación del país en una democracia pacifista bajo la Constitución de 1947, cuyo artículo 9 renuncia a la guerra como instrumento de política nacional.


Legado y lecciones históricas


Hakko ichiu dejó un legado complejo. Por un lado, justificó atrocidades que causaron millones de víctimas y dejaron cicatrices profundas en Asia. Por otro, la derrota permitió que Japón alcanzara liderazgo global a través de la economía y la diplomacia, demostrando que el poder internacional no depende del militarismo. La memoria histórica de Hakko ichiu sigue presente en las tensiones regionales y en debates sobre nacionalismo y responsabilidad histórica.

Comparado con otros proyectos expansionistas del siglo XX —el Lebensraum nazi o el Destino Manifiesto estadounidense—, comparte la creencia en una misión civilizatoria que enmascara intereses materiales. La lección es clara: ninguna nación posee un destino divino que justifique la dominación de otras; la cooperación internacional y el respeto a la soberanía son los caminos sostenibles hacia la paz y la prosperidad.


Referencias

  • Beasley, W. G. (1987). Japanese imperialism 1894-1945. Oxford University Press.
  • Dower, J. W. (1986). War without mercy: Race and power in the Pacific War. Pantheon Books.
  • Iriye, A. (1987). The origins of the Second World War in Asia and the Pacific. Longman.
  • Young, L. (1998). Japan’s total empire: Manchuria and the culture of wartime imperialism. University of California Press.
  • Bix, H. P. (2000). Hirohito and the making of modern Japan. HarperCollins.

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