Entre la pluma y la acción, Rómulo Gallegos construyó un puente entre la literatura y la política, mostrando cómo las palabras pueden transformar sociedades. Desde los llanos venezolanos hasta la presidencia de la nación, su vida reflejó un compromiso ético y creativo sin concesiones. ¿Qué nos enseña su obra sobre la lucha entre civilización y barbarie? ¿Cómo puede un intelectual influir en la historia sin perder sus principios?


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📷 Imagen generada por DOLA AI para El Candelabro. © DR


Rómulo Gallegos: El legado literario y político de un gran escritor venezolano


Vida y formación intelectual de Rómulo Gallegos

Rómulo Gallegos Freire nació en Caracas, Venezuela, el 2 de agosto de 1884, en el seno de una familia de clase media que valoraba profundamente la educación y la cultura. Desde temprana edad mostró una inclinación natural por las letras, lo que lo llevó a cursar estudios en el Liceo Andrés Bello, institución emblemática de la capital venezolana. Aunque su formación académica formal fue interrumpida por dificultades económicas, Gallegos se convirtió en un autodidacta riguroso, devorando obras de la literatura universal y cultivando una sólida conciencia social. Su temprana experiencia como maestro rural en los llanos centrales del país le permitió observar de cerca la realidad del campesinado venezolano, experiencia que más tarde se convertiría en eje central de su obra narrativa. Esta inmersión en el mundo rural no solo marcó su estilo literario, sino también su visión ética y política, fundamentada en la justicia social y la dignidad humana.


La génesis del realismo criollista en la literatura venezolana


Gallegos emergió en un contexto literario dominado por el modernismo y el costumbrismo, pero supo trascender ambos movimientos al desarrollar una forma original de realismo criollista. Este enfoque no se limitaba a describir paisajes o tipos populares; más bien, buscaba capturar la esencia del alma venezolana a través de personajes complejos insertos en conflictos sociales profundos. Su primera novela publicada, Doña Bárbara (1929), se convirtió en un hito fundacional de la narrativa hispanoamericana del siglo XX. En ella, Gallegos opone dos fuerzas simbólicas: la civilización representada por Santos Luzardo y la barbarie encarnada en la figura homónima de Doña Bárbara. Sin embargo, su mirada nunca fue simplista; más bien, exploró con sutileza las tensiones entre tradición y modernidad, ley y caudillismo, razón y pasión. Esta novela no solo consolidó su prestigio literario, sino que también estableció un nuevo paradigma para entender la identidad nacional venezolana.


Obras fundamentales y evolución estilística


Tras el éxito rotundo de Doña Bárbara, Gallegos continuó desarrollando su proyecto literario con una serie de novelas que profundizaron en la problemática social y moral del país. Cantaclaro (1934) aborda la figura del llanero cantor como símbolo de resistencia cultural frente a la opresión. Canaima (1935) explora la relación entre el hombre y la naturaleza amazónica, mientras que Pobre negro (1937) se adentra en las secuelas de la abolición de la esclavitud y las estructuras raciales persistentes en la sociedad venezolana. Cada obra refleja una maduración temática y estilística: si bien mantiene su compromiso con el realismo, sus personajes ganan en complejidad psicológica y sus tramas incorporan matices filosóficos y existenciales. Gallegos no se conformó con retratar la realidad; aspiró a transformarla mediante la palabra, convirtiendo la literatura en un instrumento de concienciación y cambio social.


Compromiso político y exilio


El impacto de Doña Bárbara trascendió el ámbito literario y atrajo la atención del dictador Juan Vicente Gómez, quien, impresionado por la obra, le ofreció un cargo público. Gallegos rechazó la propuesta, manteniendo su independencia intelectual. No obstante, su creciente influencia lo convirtió en una figura incómoda para los regímenes autoritarios posteriores. Durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, Gallegos fue forzado al exilio en México, donde continuó su labor literaria y participó activamente en círculos intelectuales latinoamericanos. Su postura siempre fue clara: la literatura y la política debían servir al mismo fin —la dignificación del ser humano—, pero sin que una subordinara a la otra. Este equilibrio ético lo distinguió de muchos de sus contemporáneos y reforzó su imagen como intelectual comprometido, pero no partidista.


Presidencia y legado democrático


En 1947, Rómulo Gallegos fue elegido presidente de Venezuela en las primeras elecciones verdaderamente democráticas del país, respaldado por el partido Acción Democrática. Su gobierno, aunque breve —derrocado por un golpe de Estado en noviembre de 1948—, dejó una huella indeleble en la historia política venezolana. Durante su mandato, impulsó reformas educativas, promovió la libertad de prensa y defendió los derechos civiles. Más allá de las medidas concretas, su presidencia simbolizó la posibilidad de un liderazgo ético, culto y humanista en un contexto histórico marcado por el autoritarismo. Tras su retorno del exilio en 1958, Gallegos se convirtió en una figura moral de referencia durante la transición democrática, ejerciendo como presidente del Senado y como guardián de los principios republicanos. Su figura sigue siendo invocada en debates sobre gobernanza, ética pública y responsabilidad cívica.


Influencia en la literatura hispanoamericana


La obra de Rómulo Gallegos no solo transformó la narrativa venezolana, sino que también influyó decisivamente en el desarrollo del realismo en América Latina. Autores como Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier y Gabriel García Márquez reconocieron su deuda con el enfoque galleguiano de integrar lo local con lo universal. Gallegos demostró que las historias del campo venezolano podían resonar en lectores de todo el mundo, siempre que se contaran con autenticidad, profundidad y rigor artístico. Además, su tratamiento del paisaje como ente activo en la trama anticipó corrientes posteriores del realismo mágico y la ecocrítica. Su legado literario se extiende también a la formación de generaciones de escritores que vieron en él un modelo de coherencia entre vida, obra y compromiso social.


Reconocimiento internacional y Premio Nacional de Literatura


A lo largo de su vida, Gallegos recibió numerosos reconocimientos que atestiguan su estatura intelectual. En 1958, el gobierno venezolano instituyó el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, uno de los galardones literarios más prestigiosos del mundo hispánico, destinado a fomentar la creación narrativa en lengua española. Este premio, otorgado a figuras como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Elena Poniatowska, perpetúa su nombre como símbolo de excelencia literaria y compromiso con la lengua y la cultura iberoamericanas. Asimismo, fue candidato al Premio Nobel de Literatura en varias ocasiones, lo que refleja el alcance global de su obra. En Venezuela, su figura está presente en el imaginario colectivo no solo como escritor, sino como referente de integridad moral y defensa de la democracia.


Conclusión: Un faro ético y literario


Rómulo Gallegos representa una rara conjunción de talento literario, conciencia social y rectitud política. Su obra narrativa, centrada en la lucha entre civilización y barbarie, sigue siendo relevante en un mundo donde persisten las desigualdades, el autoritarismo y la exclusión. Pero más allá de sus novelas, su verdadero legado radica en haber demostrado que el intelectual puede —y debe— intervenir en la vida pública sin renunciar a sus principios. En tiempos de crisis de valores, la figura de Gallegos emerge como un faro ético que ilumina el camino hacia una sociedad más justa, culta y democrática. Su vida y obra constituyen un testimonio perdurable de que la literatura, cuando se ejerce con honestidad y compromiso, puede ser una fuerza transformadora de la historia.


Referencias

Gallegos, R. (1929). Doña Bárbara. Caracas: Tipografía Americana.

Guerra, T. (1984). Rómulo Gallegos: Biografía esencial. Caracas: Monte Ávila Editores.

Liscano, J. (1979). Rómulo Gallegos: El hombre y su obra. Caracas: Ediciones Centauro.

Márquez, G. G. (1982). El olor de la guayaba: Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza. Barcelona: Editorial Bruguera.

Sánchez, L. E. (1970). Historia de la literatura venezolana. Caracas: Universidad Central de Venezuela.


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