Entre la ambición imperial y la brutalidad del hielo andino, la expedición de 1536 ocultó una tragedia fundacional: africanos esclavizados cruzando la cordillera hacia una muerte casi segura. Sus cuerpos sostuvieron la empresa conquistadora, pero su memoria fue borrada durante siglos. ¿Cuántas vidas quedaron sepultadas bajo la nieve y el silencio? ¿Qué implica reconocer que el origen colonial de Chile también se escribió con sangre africana?


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1536: El sacrificio silenciado. Esclavitud africana y la travesía mortal de Almagro por los Andes


Introducción: Entre la codicia imperial y el olvido histórico

El año 1536 representa un hito trágico en la formación del espacio colonial sudamericano, cuando la expedición de Diego de Almagro intentó extender el dominio español hacia el sur del Tahuantinsuyo. Mientras la historiografía tradicional enfatizó las ambiciones de los conquistadores y el supuesto vacío demográfico del territorio chileno, un capítulo fundamental permaneció sepultado bajo el hielo y el silencio: la presencia y el sufrimiento extremo de los primeros africanos esclavizados que cruzaron la Cordillera de los Andes. Esta travesía no solo marcó el inicio de la diáspora africana en el actual Chile, sino que evidenció cómo los cuerpos negros se convirtieron en material descartable de la expansión imperial.


La expedición almagrista: estructura humana de una empresa fallida


Composición demográfica y jerarquías coloniales

Partiendo de Cuzco en junio de 1535, la expedición reunía aproximadamente mil quinientos hombres, entre los cuales destacaban españoles de diversas procedencias, indígenas yanaconas sometidos al servicio forzado y un contingente significativo de esclavos africanos. Estos últimos, adquiridos principalmente en los mercados de Panamá y el Caribe, ocupaban el escalón más bajo de la pirámide social colonial. Su función era múltiple: cargadores de pertrechos, asistentes personales de los capitanes y, en última instancia, carne de cañón destinada a absorber los primeros impactos de cualquier peligro. La documentación notarial de la época refleja transacciones de esclavos negros integrados a empresas de exploración, aunque rara vez registra sus nombres o destinos individuales.

La ilusión del “Chile rico” y la ruta andina

Movido por rumores sobre un segundo imperio dorado al sur del Cuzco, Almagro decidió atravesar la cordillera por rutas poco conocidas, ignorando las advertencias de los indígenas locales sobre las condiciones extremas de altitud y temperatura. La decisión estratégica implicaba cruzar pasos andinos superiores a los cuatro mil metros de altitud durante el invierno austral, una empresa que exigía preparación logística imposible de cumplir con los recursos disponibles. Los esclavos africanos, provenientes de climas tropicales y desprovistos de vestimenta adecuada para el frío extremo, enfrentaron condiciones particularmente letales en esta travesía que la historiografía ha denominado “la caravana de la muerte”.


El infierno blanco: condiciones extremas en la cordillera


Impacto fisiológico del frío en cuerpos no aclimatados

El cruce andino durante los meses de julio y agosto de 1536 expuso a la expedición a temperaturas inferiores a los veinte grados bajo cero, vientos huracanados y tormentas de nieve imprevistas. Para los esclavos africanos, cuyos cuerpos estaban adaptados a climas cálidos, el shock térmico resultó devastador. La hipotermia avanzada provocaba pérdida de conciencia, fallo orgánico múltiple y muerte en cuestión de horas sin refugio adecuado. A diferencia de los españoles, que contaban con mantas de lana y, en algunos casos, armaduras que retenían algo de calor corporal, los esclavos marchaban con vestimenta mínima, a menudo solo con calzones de lienzo, incrementando exponencialmente su vulnerabilidad ante el entorno hostil.

Testimonios fragmentarios de la catástrofe humana

Las crónicas de la época, como las de Pedro Cieza de León y Miguel de Estete, mencionan escuetamente la elevada mortalidad durante el cruce, pero centran su atención en la pérdida de caballos y pertrechos militares. Sin embargo, fragmentos dispersos en documentos notariales y relaciones de méritos revelan que cientos de indígenas y africanos perecieron congelados en las laderas andinas. Algunos testimonios posteriores de expediciones que recorrieron las mismas rutas describen hallazgos de cadáveres momificados por el frío extremo, aunque estos relatos deben interpretarse con cautela metodológica, pues mezclan observación empírica con elementos literarios propios de la crónica colonial.


Invisibilización histórica y rescate contemporáneo


El silencio archivístico como violencia epistémica

La ausencia de registros detallados sobre los esclavos africanos en la expedición almagrista no responde a una casualidad documental, sino a un sistema deliberado de exclusión. Los cuerpos negros eran considerados mercancías registradas en inventarios, no sujetos históricos con biografías dignas de preservación. Esta lógica colonial estableció un patrón de silenciamiento que perduró durante siglos en la historiografía chilena, la cual construyó una narrativa nacional basada en la mezcla hispano-indígena, omitiendo sistemáticamente el componente afrodescendiente. El resultado fue una memoria histórica mutilada que negaba la presencia africana en los orígenes mismos de la nación.

Reconstrucción académica desde finales del siglo XX

A partir de las décadas de 1980 y 1990, historiadores como Ricardo Couyoumdjian, Ximena Zavala y más recientemente, académicos especializados en estudios afrodescendientes como Benjamín Villalonga y Lorena González, iniciaron trabajos pioneros para rescatar esta memoria histórica silenciada. Mediante el análisis cruzado de documentos notariales, registros parroquiales y testimonios judiciales de la época colonial, lograron reconstruir la presencia continua de población afrodescendiente en Chile desde el siglo XVI. Estos estudios demostraron que la llegada de africanos no fue anecdótica, sino parte estructural de la economía esclavista colonial, presente desde las primeras décadas de la conquista.


Legado afrodescendiente en la formación chilena


De la esclavitud colonial a la negación identitaria

Tras la fallida expedición de Almagro, los sobrevivientes africanos se integraron a las primeras encomiendas y centros urbanos del Chile colonial, desarrollando roles en la agricultura, la minería y los servicios domésticos. A lo largo de los siglos coloniales, la población afrodescendiente sufrió procesos intensos de mestizaje forzado y discriminación estructural que diluyeron su visibilidad colectiva. A diferencia de otras naciones latinoamericanas, Chile construyó una identidad nacional que negó explícitamente su herencia africana, promoviendo el mito de una sociedad exclusivamente mestiza entre españoles y mapuches. Esta negación estatal persistió hasta bien entrado el siglo XXI, cuando movimientos sociales afrochilenos lograron visibilizar su existencia y derechos.

Huellas culturales y memoria colectiva recuperada

A pesar de la negación oficial, el legado afrodescendiente dejó marcas profundas en la cultura chilena: desde elementos rítmicos en la cueca y el zamacueca hasta vocabulario de origen bantú en el habla popular chilena. La recuperación de esta memoria no responde únicamente a un ejercicio académico, sino a una necesidad ética de reparación histórica. Reconocer que los primeros africanos llegaron al territorio chileno no como inmigrantes libres, sino como víctimas de una travesía mortal impuesta por la codicia colonial, constituye un paso fundamental para construir una narrativa nacional inclusiva y honesta con su pasado esclavista.


Conclusión: Mirar el hielo con ojos de justicia histórica


La expedición de Almagro de 1536 representa más que un episodio fallido de la conquista española; constituye un microcosmos de la violencia fundacional del colonialismo en América del Sur. En las laderas heladas de los Andes no solo murieron cuerpos esclavizados, sino que se enterró deliberadamente la memoria de su sufrimiento. Recuperar esta historia no implica añadir un capítulo menor a la narrativa nacional, sino reconfigurar radicalmente nuestra comprensión de los orígenes chilenos. Los primeros africanos que pisaron estas tierras lo hicieron arrastrando grilletes bajo tormentas de nieve, pagando con sus vidas el precio de una ambición ajena. Su sacrificio silenciado durante siglos merece hoy ser nombrado con respeto y precisión histórica.

Solo al reconocer que las raíces de Chile también son africanas podremos construir una memoria colectiva que honre a todas las víctimas de la esclavitud colonial y repare, aunque sea simbólicamente, la injusticia de su olvido prolongado. El viento andino que aún recorre esos pasos montañosos lleva consigo el eco de quienes nunca regresaron; escucharlo es un acto de justicia histórica impostergable.


Referencias

Couyoumdjian, R. (1983). Negros y mulatos en Chile colonial. Boletín de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, 34, 89-102.

González, L. (2018). Presencia africana en Chile: Historia, identidad y derechos. Santiago de Chile: Editorial Universitaria.

Mellafe, R. (1959). La introducción de la esclavitud negra en Chile. Santiago de Chile: Universidad de Chile.

Villalonga, B. (2015). Afrodescendientes en Chile: Historia de una invisibilización. Revista de Historia Social y de las Mentalidades, 19(2), 145-172.

Zavala, X. (2007). Esclavos en Chile colonial: Una aproximación a su estudio. Santiago de Chile: Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos.


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