Entre púlpitos y cuarteles se tejió una de las alianzas más polémicas de la historia chilena: la relación entre sectores del mundo evangélico y la dictadura de Augusto Pinochet. Mientras el país enfrentaba represión y quiebre institucional, la fe fue invocada como fuente de legitimidad política. ¿Fue convicción teológica, estrategia de supervivencia o cálculo de poder? ¿Qué huellas dejó esta relación en la memoria religiosa y democrática de Chile?


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El mundo evangélico y la dictadura de Pinochet: religión, poder y legitimidad en Chile (1973–1990)


Introducción: religión y poder en la historia política chilena

La relación entre religión y política en Chile constituye un campo de estudio complejo que exige análisis histórico riguroso y precisión conceptual. Durante la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet entre 1973 y 1990, distintos actores religiosos adoptaron posiciones divergentes frente al régimen. El papel del mundo evangélico, en particular, ha sido objeto de debate académico, memoria social y controversia pública, especialmente en torno a su apoyo político y simbólico al gobierno militar.

El análisis del vínculo entre iglesias evangélicas y dictadura en Chile requiere evitar simplificaciones binarias. No existió un comportamiento homogéneo del protestantismo evangélico, ni puede afirmarse que todo el campo religioso actuara como bloque político coherente. Por el contrario, se observó una pluralidad de posturas que oscilaron entre la colaboración institucional, la neutralidad pragmática y la resistencia activa en defensa de los derechos humanos.

Desde una perspectiva histórica y sociopolítica, el estudio de este fenómeno permite comprender cómo la religión puede operar como recurso de legitimación simbólica en contextos autoritarios. Asimismo, ayuda a explicar la posterior consolidación del mundo evangélico como actor político relevante en la transición democrática y en la configuración del Chile contemporáneo.


Contexto histórico: golpe de Estado y recomposición del campo religioso


El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 alteró radicalmente la estructura institucional y social del país. La Junta Militar justificó su intervención como una “misión de reconstrucción nacional” frente al marxismo. En ese contexto, el régimen buscó apoyos en distintos sectores sociales, incluidos actores religiosos, para consolidar legitimidad interna y proyectar estabilidad internacional.

La Iglesia Católica, bajo el liderazgo del cardenal Raúl Silva Henríquez, desempeñó un papel relevante en la defensa de los derechos humanos a través de instancias como el Comité Pro Paz y posteriormente la Vicaría de la Solidaridad. Esta postura generó tensiones con el régimen, que percibía una crítica moral proveniente del principal referente religioso del país.

En ese escenario emergió una oportunidad política para sectores del mundo evangélico, históricamente minoritarios y marginados en un país culturalmente católico. Las iglesias pentecostales, con fuerte arraigo en sectores populares urbanos, comenzaron a adquirir mayor visibilidad pública. Este proceso no fue producto exclusivo de la dictadura, pero el nuevo contexto facilitó una reconfiguración del equilibrio simbólico entre confesiones religiosas.


El Consejo de Pastores y el apoyo institucional al régimen


La declaración de 1974 y la legitimidad religiosa

En diciembre de 1974, un grupo de pastores evangélicos firmó una declaración pública de apoyo al gobierno militar. Este documento interpretaba el golpe de Estado como una intervención providencial frente al “ateísmo marxista”. La declaración fue difundida oficialmente y representó un gesto político significativo en términos simbólicos.

Desde el punto de vista de la sociología de la religión, este acto puede entenderse como un intercambio de legitimidades. El régimen obtenía respaldo moral y religioso; los firmantes adquirían reconocimiento institucional en un espacio público donde tradicionalmente habían sido relegados. Este fenómeno ha sido descrito en la literatura como un proceso de instrumentalización mutua.

Es importante subrayar que este apoyo provino principalmente de sectores pentecostales organizados en torno al Consejo de Pastores. No representó a la totalidad del protestantismo chileno. La diversidad interna del mundo evangélico impide cualquier generalización absoluta sobre su conducta política durante la dictadura.

El Te Deum Evangélico como rito político

En 1975 se instauró el Te Deum Evangélico, ceremonia que adquirió relevancia nacional. Este acto litúrgico funcionó como espacio de reconocimiento oficial del mundo evangélico dentro del calendario político-religioso del país. Para el régimen, constituyó un escenario alternativo frente a las tensiones existentes con sectores del catolicismo.

El Te Deum Evangélico consolidó la visibilidad pública de líderes pentecostales y proyectó la imagen de una alianza entre fe y gobierno. Desde la teoría política, puede interpretarse como una estrategia de legitimación simbólica orientada a ampliar la base de apoyo del régimen en sectores populares.


Diversidad interna: colaboración, neutralidad y resistencia


Evangélicos en defensa de los derechos humanos

Aunque existió apoyo institucional relevante, también hubo sectores evangélicos que denunciaron violaciones de derechos humanos. Algunas comunidades participaron en redes ecuménicas de asistencia a perseguidos políticos y familiares de detenidos desaparecidos. Estas acciones implicaron riesgos en un contexto de represión sistemática.

La historiografía reciente ha destacado esta pluralidad interna, desmontando la idea de un bloque religioso monolítico. La memoria histórica del protestantismo chileno incluye tanto figuras asociadas al oficialismo como creyentes comprometidos con la justicia social y la defensa de la dignidad humana.

Este contraste revela que el campo religioso no puede reducirse a una lógica de alineamiento automático con el poder. Las iglesias, como cualquier institución social, están atravesadas por tensiones doctrinales, intereses organizacionales y convicciones éticas diversas.

Factores sociológicos del apoyo evangélico

Diversos estudios sugieren que el apoyo de ciertos sectores evangélicos al régimen puede explicarse por múltiples factores: anticomunismo doctrinal, búsqueda de reconocimiento público, afinidad con discursos de orden y moralidad, y dinámicas de liderazgo carismático.

El pentecostalismo chileno, con fuerte énfasis en la experiencia espiritual individual y en la separación entre iglesia y política partidaria, tendía a privilegiar la obediencia a la autoridad constituida. Esta teología de la autoridad facilitó interpretaciones favorables al gobierno militar en determinados círculos.

No obstante, esta explicación no implica determinismo teológico. El mismo marco doctrinal fue interpretado de manera distinta por comunidades que optaron por la crítica ética y la solidaridad con las víctimas.


Plebiscito de 1980 y proyección política


Durante el proceso que condujo al plebiscito constitucional de 1980, algunos líderes evangélicos expresaron respaldo al proyecto institucional del régimen. El discurso dominante vinculaba estabilidad política, defensa de valores cristianos y rechazo al marxismo.

Sin embargo, la Constitución finalmente promulgada no otorgó estatus jurídico equivalente al catolicismo en términos de derecho público. Ello demuestra que la relación entre régimen y liderazgo evangélico no fue de subordinación total ni de plena satisfacción de demandas institucionales.

Desde una perspectiva analítica, el caso ilustra cómo los regímenes autoritarios pueden movilizar símbolos religiosos para reforzar su narrativa de legitimidad, sin necesariamente comprometerse con transformaciones estructurales en el campo confesional.


Influencia internacional y debates sobre intervención externa


Algunas interpretaciones sostienen que existió una estrategia geopolítica estadounidense orientada a promover el evangelicalismo como contrapeso ideológico al marxismo en América Latina. El llamado Informe Rockefeller de 1969 evaluó la situación social del continente, pero no contiene evidencia directa de un plan sistemático para instrumentalizar iglesias evangélicas en Chile.

La relación entre Estados Unidos, Guerra Fría y religión en América Latina es un campo de estudio amplio y complejo. Si bien hubo cooperación misionera y afinidades ideológicas anticomunistas, no existe consenso historiográfico que demuestre un diseño centralizado para moldear el protestantismo chileno como herramienta de la dictadura.

Por ello, cualquier afirmación sobre un “laboratorio religioso” debe tratarse con cautela metodológica y apoyarse en documentación verificable. La rigurosidad histórica exige distinguir entre hipótesis interpretativas y evidencia empírica comprobada.


Transición democrática y legado político


Con el retorno a la democracia en 1990, el mundo evangélico inició un proceso de mayor articulación política. La obtención de reconocimiento legal más amplio en décadas posteriores reflejó cambios estructurales en la sociedad chilena, caracterizada por creciente pluralismo religioso.

El recuerdo del apoyo de ciertos líderes a la dictadura continúa influyendo en la percepción pública del evangelicalismo chileno. Sin embargo, también se reconoce la contribución de comunidades evangélicas en ámbitos sociales, educativos y comunitarios.

En términos de análisis político contemporáneo, el caso chileno ofrece claves para comprender la relación entre religión y autoritarismo, así como los desafíos de la memoria histórica en sociedades postdictatoriales.


Conclusión: complejidad, memoria y responsabilidad histórica


El vínculo entre mundo evangélico y dictadura de Pinochet constituye un capítulo significativo en la historia política y religiosa de Chile. La evidencia histórica confirma que sectores relevantes del liderazgo evangélico brindaron apoyo público al régimen, contribuyendo a su legitimación simbólica en momentos críticos.

Al mismo tiempo, existieron comunidades y creyentes que optaron por la defensa de los derechos humanos, demostrando que la fe puede inspirar tanto conformismo como resistencia. Esta ambivalencia refleja la naturaleza plural del campo religioso y la imposibilidad de reducirlo a categorías unívocas.

El análisis académico serio debe evitar tanto la demonización global como la absolución acrítica. Comprender este periodo exige reconocer responsabilidades históricas, valorar los gestos de solidaridad y promover una memoria inclusiva que permita aprender de los errores del pasado.

En definitiva, la relación entre religión y poder durante la dictadura chilena revela cómo los discursos espirituales pueden convertirse en recursos políticos de legitimación, pero también en fuentes de ética pública y defensa de la dignidad humana. La historia no ofrece respuestas simples; ofrece, en cambio, la oportunidad de pensar críticamente el presente.


Referencias

Fediakova, E. (2013). Evangélicos, política y sociedad en Chile: dejando el refugio de las masas 1990–2010. Santiago: CEEP Ediciones.

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Moya Muñoz, P. G., & Fernández Labbé, M. (2024). El Consejo de Pastores: iglesias evangélicas, política y dictadura en Chile, 1973–1980. Revista de Humanidades, (50), 241–267.

Pérez Guadalupe, J. L., & Grundberger, S. (Eds.). (2018). Evangélicos y poder en América Latina. Lima: Konrad-Adenauer-Stiftung / Instituto de Estudios Social Cristianos.

Tec-López, R. A. (2022). De la huelga social al involucramiento sociopolítico: los evangélicos en el Chile neoliberal. Iztapalapa. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, (92), 39–71.


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