Entre lanzas, parlamentos fronterizos y la expansión implacable del Estado chileno, emergió José Santo Kilapan como uno de los últimos grandes toki del Wallmapu. Su liderazgo marcó el punto más crítico de la resistencia mapuche en el siglo XIX, cuando la soberanía ancestral chocó con la ocupación militar. ¿Fue su derrota el fin de una era o el inicio de otra forma de lucha? ¿Qué revela su historia sobre la formación del Chile moderno?


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Kilapan, el último toki mapuche y la resistencia del Wallmapu frente al Estado chileno


La figura de José Santo Kilapan ocupa un lugar central en la historia mapuche del siglo XIX y en los debates contemporáneos sobre memoria, soberanía y territorio. Considerado por amplios sectores como el último gran toki mapuche, su liderazgo se desarrolló en uno de los periodos más críticos para el Wallmapu, cuando el Estado chileno impulsó la ocupación militar de la Araucanía. Su trayectoria sintetiza la tensión entre autodeterminación indígena y expansión estatal.

Nacido hacia 1840 en Adencul, en la actual provincia de Malleco, Kilapan fue hijo del toki Juan Mañil Huenu, autoridad relevante en la resistencia mapuche previa a la consolidación del poder chileno en el sur. En la tradición política mapuche, el toki no era simplemente un jefe militar, sino una autoridad investida para tiempos de guerra, elegida por su capacidad estratégica y legitimada por los lonkos. Kilapan creció, por tanto, en un entorno donde la defensa del territorio era un mandato colectivo.

Durante la primera mitad del siglo XIX, el Wallmapu mantenía un grado significativo de autonomía. A pesar de los parlamentos celebrados entre autoridades mapuche y la Corona española, y luego con la República de Chile, la frontera del río Biobío simbolizaba un límite político reconocido. Sin embargo, la consolidación del Estado nacional chileno y la expansión agrícola, junto con el interés por integrar tierras fértiles al mercado, alteraron ese equilibrio histórico y abrieron paso a un proyecto de ocupación sistemática.

El proceso conocido oficialmente como Pacificación de la Araucanía se desarrolló entre 1861 y 1883, bajo distintos gobiernos chilenos. En términos prácticos, implicó la instalación de fuertes militares, el avance progresivo sobre territorios mapuche y la fundación de ciudades como Angol, Victoria y Temuco. Desde la perspectiva mapuche, esta expansión constituyó una invasión al Ngulumapu, acompañada de violencia, desplazamiento forzado y desarticulación de estructuras comunitarias tradicionales.

Kilapan asumió el liderazgo en un contexto de profunda transformación. Tras la muerte de su padre hacia 1862, habría reafirmado el compromiso de no permitir el ingreso irrestricto de fuerzas chilenas en territorio mapuche. Junto a sus hermanos, organizó contingentes provenientes del llano y estableció alianzas con grupos pehuenches. Su accionar se concentró especialmente en la zona del río Malleco, convertida en un eje estratégico del conflicto militar entre mapuches y el ejército profesional chileno.

Las acciones de resistencia encabezadas por Kilapan entre 1862 y 1871 incluyeron ataques coordinados contra posiciones militares y asentamientos en expansión. En 1867, un levantamiento significativo en las márgenes del Malleco evidenció que la ocupación no sería un proceso sin oposición. Estas movilizaciones obligaron incluso al Congreso chileno a debatir la situación y considerar propuestas de negociación, lo que demuestra la magnitud del desafío que representaba la resistencia mapuche organizada.

No obstante, la asimetría militar era evidente. Mientras los mapuches contaban con lanzas, colihues y algunos rifles de bajo calibre, el Estado chileno disponía de artillería, logística y una estructura militar profesionalizada. La guerra irregular, eficaz en etapas anteriores de la historia fronteriza, se volvió insuficiente ante el avance sostenido de tropas y la construcción de una red de fuertes que fragmentaba el territorio mapuche y dificultaba la movilidad de sus fuerzas.

En este escenario, emergió la figura del abogado francés Orélie-Antoine de Tounens, quien en 1860 fue proclamado rey de la Araucanía y Patagonia por algunos lonkos. La propuesta de constituir una monarquía constitucional pretendía dotar al Wallmapu de reconocimiento internacional y recursos externos. Aunque la viabilidad política de este proyecto fue limitada y su alcance debatido por la historiografía, refleja la búsqueda de alternativas diplomáticas ante el avance estatal chileno y argentino.

El arresto y posterior expulsión de Tounens por autoridades chilenas evidenció que el Estado no estaba dispuesto a tolerar iniciativas que cuestionaran su soberanía en el sur. Para Kilapan, la opción de obtener armas y apoyo europeo representaba una esperanza frente a una guerra cada vez más desigual. Sin embargo, la falta de respaldo efectivo y la consolidación militar chilena redujeron progresivamente el margen de maniobra de la resistencia mapuche organizada.

En 1871 se registró uno de los últimos grandes intentos de frenar el avance en la línea del Malleco. Tras enfrentamientos particularmente cruentos, las fuerzas mapuche sufrieron pérdidas severas. La masacre de guerreros y la imposibilidad de sostener una retaguardia estratégica marcaron un punto de inflexión. Kilapan comprendió que la guerra frontal ya no ofrecía posibilidades reales de éxito frente a un Estado decidido a integrar el territorio por la fuerza.

Hacia 1878, la frontera chilena se había extendido hasta el río Traiguén, consolidando la ocupación de gran parte de la Araucanía. Ese mismo año murió José Santo Kilapan, probablemente en la zona de Lautaro. Su fallecimiento simboliza el cierre de un ciclo de resistencia militar liderada por grandes toki y el inicio de una etapa caracterizada por la reducción territorial, la radicación en comunidades y la subordinación jurídica al Estado chileno.

La derrota militar no implicó la desaparición del pueblo mapuche ni de su identidad cultural. Por el contrario, dio paso a nuevas formas de resistencia, ahora centradas en la defensa de la tierra, la lengua mapudungun y las prácticas espirituales. La memoria de Kilapan se convirtió en un referente simbólico de dignidad y defensa del territorio ancestral, especialmente en discursos contemporáneos sobre derechos indígenas, restitución territorial y autodeterminación mapuche.

Desde una perspectiva historiográfica, el estudio de Kilapan permite cuestionar narrativas oficiales que describen la ocupación de la Araucanía como un proceso pacificador y civilizatorio. Investigaciones recientes han destacado la violencia estructural, la expropiación de tierras y la marginalización socioeconómica resultantes. En este marco, la figura del último toki mapuche adquiere relevancia no solo como actor militar, sino como símbolo de un orden político alternativo al Estado nacional.

El análisis del liderazgo de Kilapan también invita a comprender la complejidad de la organización política mapuche. Lejos de constituir una estructura centralizada al estilo europeo, el Wallmapu estaba compuesto por redes de lof articuladas por alianzas flexibles. La elección de un toki respondía a circunstancias específicas de guerra, lo que demuestra la capacidad de adaptación institucional frente a amenazas externas. Esta dinámica explica tanto la fortaleza inicial como las limitaciones posteriores.

En el debate actual sobre la historia mapuche y la ocupación de la Araucanía, la memoria de Kilapan ocupa un lugar estratégico. Su nombre aparece en estudios sobre resistencia indígena, conflictos territoriales en Chile y procesos de formación del Estado. Asimismo, su trayectoria es citada en análisis sobre colonialismo interno y construcción de fronteras en América Latina. La historia del Wallmapu del siglo XIX continúa influyendo en las discusiones políticas del presente.

José Santo Kilapan representa una figura clave para comprender la resistencia mapuche frente al Estado chileno en el siglo XIX. Su liderazgo durante la ocupación militar de la Araucanía encarna la defensa del territorio, la soberanía y la identidad cultural en un contexto de profunda desigualdad bélica. Más allá de la derrota militar, su legado perdura como expresión de autodeterminación y como recordatorio de que la historia del Wallmapu no puede reducirse a un relato unilateral de integración nacional.

La trayectoria del último toki mapuche obliga a revisar críticamente los procesos de expansión estatal y a reconocer la agencia histórica del pueblo mapuche. Entender su figura implica aceptar que la formación del Estado chileno en el sur estuvo marcada por conflicto, negociación fallida y violencia estructural. Solo a través de un examen riguroso y plural de este pasado es posible avanzar hacia una memoria histórica más inclusiva y hacia un diálogo fundamentado sobre justicia territorial y reconocimiento cultural.


Referencias

Bengoa, J. (2000). Historia del pueblo mapuche: Siglo XIX y XX. LOM Ediciones.

León Solís, L. (1990). Maloqueros y conchavadores en Araucanía y las Pampas, 1700–1800. Ediciones Universidad de La Frontera.

Pinto Rodríguez, J. (2003). La formación del Estado y la nación, y el pueblo mapuche: De la inclusión a la exclusión. DIBAM.

Saavedra, C. (1869). Documentos relativos a la ocupación de Arauco. Imprenta Nacional.

Villalobos, S. (1989). Vida fronteriza en la Araucanía: El mito de la guerra de Arauco. Editorial Andrés Bello.


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