Entre visiones infernales y paraísos desbordados de símbolos, el poema “El Bosco” de Rafael Alberti convierte la pintura en música verbal y el caos en ritmo poético. La palabra se vuelve imagen, y la imagen, estremecimiento moral. En ese cruce entre arte y literatura, el lector se enfrenta a un universo fantástico que oscila entre lo lúdico y lo perturbador. ¿Qué secretos esconde esta recreación lírica? ¿Qué revela sobre la condición humana?
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES

📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR
“El Bosco” – Rafael Alberti
“El Bosco” es un poema incluido en A la pintura (1948), libro donde Rafael Alberti rinde homenaje a grandes maestros pictóricos. En este texto recrea verbalmente el universo fantástico del pintor flamenco, especialmente el mundo visionario de El jardín de las delicias. No describe el cuadro de forma académica, sino que lo transforma en un torrente rítmico de imágenes sorprendentes y casi musicales.
El poema destaca por sus enumeraciones dinámicas y su tono lúdico. Alberti convierte las figuras grotescas, los monstruos y las escenas caóticas en un desfile casi festivo. Hay un contraste entre lo aparentemente infantil del ritmo y el trasfondo moral de la obra pictórica, donde aparecen el pecado, el deseo y el castigo. Esa tensión le da profundidad al texto sin volverlo solemne.
Desde el punto de vista literario, es un ejemplo claro de écfrasis, es decir, la recreación poética de una obra visual. Alberti logra que la palabra pinte, que el lenguaje sugiera color, movimiento y exceso. El poema combina tradición y vanguardia, con ecos surrealistas, y demuestra cómo la poesía puede dialogar con la pintura para ampliar su sentido y su intensidad expresiva.
El Bosco
Autor: Rafael Alberti
El diablo hocicudo,
ojipelambrudo,
cornicapricudo,
pernicolimbrudo
y rabudo,
zorrea,
pajarea,
mosquicojonea,
humea,
ventea,
peditrompetea
por un embudo.
Amar y danzar,
beber y saltar,
cantar y reír,
oler y tocar,
comer, fornicar,
dormir y dormir,
llorar y llorar.
Mandroque, mandroque,
diablo palitroque.
¡Pío, pío, pío!
Cabalgo y me río,
me monto en un gallo
y en un puercoespín,
un burro, en caballo,
en camello, en oso,
en rana, en raposo
y en un cornetín.
Verijo, verijo,
diablo garavijo.
¡Amor hortelano,
desnudo, oh verano!
Jardín del Amor.
En un pie el manzano
y en cuatro la flor.
(Y sus amadores,
céfiros y flores
y aves por el ano.)
Virojo, pirojo,
diablo trampantojo.
El diablo liebre,
tiebre,
sítiebre
notiebre,
sipilitiebre,
y su comitiva
chiva,
estiva,
sipilipitriva,
cala,
empala,
desala,
traspala,
apuñala
con su lavativa.
Barrigas, narices,
lagartos, lombrices,
delfines volantes,
orejas rodantes,
ojos boquiabiertos,
escobas perdidas,
barcas aturdidas,
vómitos, heridas,
muertos.
Predica, predica,
diablo pilindrica.
Saltan escaleras,
corren tapaderas,
revientan calderas.
En los orinales
letales, mortales,
los más infernales
pingajos, zancajos,
tristes espantajos
finales.
Guadaña, guadaña,
diablo telaraña.
El beleño,
el sueño,
el impuro,
oscuro,
seguro,
botín,
el llanto,
el espanto
y el diente
crujiente
sin
fin.
Pintor en desvelo:
tu paleta vuela al cielo,
y en un cuerno,
tu pincel baja al infierno.
El Candelabro.Iluminando Mentes.
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