En el siglo XX, José Ortega y Gasset transformó la filosofía española con ideas que aún resuenan. Su razón vital y perspectivismo desafiaron el pensamiento tradicional, impulsando la modernización intelectual. Desde La rebelión de las masas hasta su visión de Europa, su legado trasciende generaciones. Este recorrido por su vida y obra revela cómo su pensamiento sigue iluminando los desafíos contemporáneos y redefiniendo nuestra relación con la realidad.


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José Ortega y Gasset: Biografía, Pensamiento y Obra Fundamental del Filósofo Español del Siglo XX


José Ortega y Gasset constituye una de las figuras intelectuales más relevantes de la filosofía contemporánea hispánica, cuyo pensamiento trascendió las fronteras de España para influir decisivamente en el panorama filosófico europeo y latinoamericano durante el siglo XX. Nacido en Madrid el 9 de mayo de 1883, este pensador español emergió en un contexto histórico marcado por profundas transformaciones sociales, políticas y culturales que definirían no solo su trayectoria vital sino también la orientación de su obra filosófica. Su vida transcurrió paralelamente a los convulsos años de la Restauración, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la Guerra Civil española, circunstancias que moldearon su concepción del intelectual comprometido con su tiempo.

El origen familiar de Ortega y Gasset revela las raíces de su posterior dedicación al pensamiento y a la cultura. Provenía de una familia acomodada de la burguesía ilustrada madrileña; su padre, José Ortega Munilla, fue un destacado periodista y director del periódico El Imparcial, mientras que su madre, Dolores Gasset Chinchilla, pertenecía a una familia de tradición liberal. Este entorno familiar privilegiado le proporcionó desde temprana edad un acceso directo a los círculos culturales y políticos de la capital española. La educación inicial del josé ortega y gasset biografía recibió una orientación humanística rigurosa que preparó el terreno para su posterior formación universitaria en las principales instituciones académicas de España y Alemania.

Su etapa formativa resultó determinante para la configuración de su pensamiento filosófico. Entre 1898 y 1902 cursó estudios de derecho y filosofía en la Universidad Central de Madrid, donde tuvo como maestros a figuras como Nicolás Salmerón y Francisco Giner de los Ríos, este último fundador de la Institución Libre de Enseñanza. La influencia del krausismo español, representado por Giner, dejó una huella indeleble en su concepción de la educación y la cultura como instrumentos de regeneración nacional. Posteriormente, entre 1905 y 1907, amplió sus estudios en las universidades de Leipzig, Berlín y Marburgo, donde entró en contacto directo con la filosofía alemana dominante de la época. En Marburgo estudió particularmente con Hermann Cohen y Paul Natorp, representantes de la escuela neokantiana que entonces constituía el centro neurálgico del pensamiento europeo.

La estancia en Alemania resultó crucial para que el joven filósofo español del siglo XX asimilara las corrientes filosóficas más avanzadas de su tiempo. Allí profundizó en el pensamiento de Immanuel Kant, pero también en las nuevas orientaciones fenomenológicas de Edmund Husserl y en la filosofía vitalista que comenzaba a gestarse. Esta formación dual, que combinaba la rigurosidad metódica del neokantismo con la sensibilidad hacia la vida y la historicidad que caracterizaría su obra madura, le permitió desarrollar una original síntesis filosófica. Al regresar a España en 1908, aceptó la cátedra de Metafísica de la Universidad Central de Madrid, posición que ocuparía hasta 1936 y desde la cual ejercería una influencia pedagógica extraordinaria sobre varias generaciones de intelectuales españoles.

El comienzo de su carrera docente coincidió con el inicio de su producción ensayística más significativa. En 1910 publicó sus primeros artículos en el diario El Imparcial, heredado de su padre, donde comenzó a desarrollar lo que más tarde se conocería como su método de la “razón vital”. Esta perspectiva filosófica se distanciaba tanto del racionalismo abstracto como del irracionalismo, proponiendo una comprensión de la razón como función vital inserta en circunstancias históricas concretas. Su famosa máxima “yo soy yo y mi circunstancia”, formulada en su obra Meditaciones del Quijote de 1914, encapsula esta concepción según la cual el ser humano no existe como entidad aislada sino en inseparable unión con su entorno vital y social.

La primera etapa de su producción filosófica se caracteriza por la búsqueda de un método propio capaz de superar las limitaciones del idealismo y el positivismo dominantes. En Meditaciones del Quijote, obra que marca su consagración como pensador original, Ortega desarrolla su concepción de la “razón vital” y establece los fundamentos de lo que denominaría “perspectivismo”. Esta doctrina epistemológica sostiene que todo conocimiento es necesariamente perspectivo, es decir, adopta un punto de vista determinado desde el cual se configura la realidad. Sin embargo, a diferencia del relativismo radical, el perspectivismo orteguiano mantiene que cada perspectiva revela una faceta auténtica de la realidad total, de modo que la verdad se construye mediante la suma de perspectivas. Esta concepción tendría una enorme influencia en la filosofía posterior, particularmente en autores como Julián Marías, su discípulo más destacado.

El periodo de entreguerras representó la madurez plena de su pensamiento y su máxima proyección internacional. Durante estos años publicó obras fundamentales como España invertebrada (1921), El tema de nuestro tiempo (1923) y La rebelión de las masas (1930). En España invertebrada analizó la crisis histórica de España como consecuencia de la ausencia de una clase dirigente verdaderamente europea, formulando su famosa tesis sobre la “Castilla como problema”. Esta obra ejerció una influencia decisiva en el debate intelectual español sobre la modernización del país. Por su parte, El tema de nuestro tiempo desarrolló su crítica al racionalismo clásico y su propuesta de una “razón vital” histórica, mientras que La rebelión de las masas se convertiría en su texto más difundido internacionalmente, traducido a numerosos idiomas y objeto de continuada discusión.

La rebelión de las masas constituye quizás el ensayo orteguiano más influyente en el ámbito de la filosofía política y social contemporánea. En esta obra, publicada originalmente como artículos en el diario El Sol, Ortega diagnosticó la crisis de la civilización europea como consecuencia del ascenso de las “masas” al poder político y cultural. No obstante, es crucial comprender que por “masas” no entendía únicamente las clases populares, sino un tipo psicológico y cultural caracterizado por la ausencia de exigencia hacia sí mismo y la conformidad con lo inmediato. El “hombre-masa” se distingue del “hombre selecto” no por su origen social sino por su actitud vital: mientras el primero se contenta con lo dado, el segundo se supera a sí mismo mediante el esfuerzo y la creación. Esta distinción, aunque controvertida, generó un debate duradero sobre la naturaleza de la democracia, la cultura de masas y el papel de las elites intelectuales.

El contexto político español de los años treinta marcó profundamente la trayectoria vital y el pensamiento del filósofo madrileño. Durante la Segunda República, mantuvo una postura crítica pero constructiva, participando activamente en el debate público mediante sus artículos periodísticos y su labor parlamentaria como diputado por la provincia de León en las Cortes Constituyentes de 1931. En esta etapa defendió una concepción liberal de la política, alejada tanto del tradicionalismo reaccionario como de los extremismos revolucionarios. Su intervención en la elaboración de la Constitución republicana, aunque finalmente se distanció del texto aprobado, demuestra su compromiso con la regeneración política de España. La radicalización del conflicto social y político, sin embargo, le llevó a adoptar posiciones cada vez más críticas hacia la República, sin por ello simpatizar con el golpe militar de 1936.

El estallido de la Guerra Civil española en 1936 supuso un punto de inflexión dramático en su biografía. Ortega, que se encontraba en Portugal cuando comenzó el conflicto, decidió no regresar a Madrid y permaneció en el exilio voluntario durante varios años. Esta decisión, motivada tanto por razones de seguridad como por su oposición a ambos bandos enfrentados, le permitió continuar su labor intelectual desde el extranjero. Residió inicialmente en Francia, donde impartió conferencias en la Sorbona y colaboró con instituciones culturales francesas, para posteriormente trasladarse a Argentina, donde ejercería una enorme influencia en el pensamiento iberoamericano. Su estancia en Buenos Aires entre 1939 y 1942 resultó particularmente fecunda, ya allí fundó la Revista de Occidente Argentina y dictó cursos en la Universidad de La Plata que fueron publicados posteriormente como libros fundamentales de su obra tardía.

El exilio le proporcionó la distancia necesaria para reflexionar sobre la tragedia española y europea. Durante estos años desarrolló su concepción de la historia como “sistema” y profundizó en su teoría de la generaciones, expuesta en El tema de nuestro tiempo y desarrollada en conferencias como Las Atlántidas (1924) y en su obra póstuma El hombre y la gente (1957). Según esta teoría, la realidad histórica se estructura en torno a generaciones vitales que comparten una misma edad y circunstancia, de modo que cada individuo pertenece simultáneamente a su generación y a la humanidad universal. Esta concepción le permitió superar tanto el individualismo abstracto como el colectivismo, proponiendo una comprensión dialéctica de lo social.

Su regreso a España en 1945, tras la victoria franquista, estuvo marcado por la cautela y el distanciamiento respecto al nuevo régimen político. Aunque inicialmente mantuvo ciertas esperanzas de que el franquismo evolucionara hacia formas más abiertas, pronto se manifestó crítico con la dictadura. Durante los años cuarenta y cincuenta continuó su producción ensayística y filosófica, publicando obras como Ideas y creencias (1940), Historia como sistema (1940) y La idea de principio en Leibniz (1958). En este periodo maduro de su pensamiento, el filósofo español desarrolló su concepción de la vida como “quehacer”, es decir, como tarea inacabada de auto-realización en la que cada individuo debe asumir su circunstancia histórica para trascenderla. Esta ontología de la vida como realización activa constituye una de las aportaciones más originales de su filosofía al pensamiento europeo del siglo XX.

La última década de su vida estuvo dedicada a la sistematización de su pensamiento y a la organización de su legado intelectual. En 1948 fundó el Instituto de Humanidades en Madrid, institución destinada a la formación de jóvenes intelectuales en la línea de su pensamiento, donde impartió cursos magistrales sobre la historia de la filosofía y la teoría del arte. Durante estos años su salud fue deteriorándose progresivamente, aunque mantuvo una intensa actividad intelectual hasta poco antes de su fallecimiento. Murió en Madrid el 18 de octubre de 1955, dejando una obra inacabada pero sistemática que continuaría editándose póstumamente durante décadas.

El legado de José Ortega y Gasset trasciende ampliamente el ámbito estrictamente filosófico para abarcar la teoría política, la estética, la pedagogía y el periodismo cultural. Su concepción del intelectual como “circunstancia” de su tiempo, comprometido con la realidad histórica pero capaz de juzgarla desde la distancia crítica, definió el modelo de intelectual público en el mundo hispánico durante generaciones. La influencia de su pensamiento se hizo sentir no solo en España, donde autores como Julián Marías, Xavier Zubiri y José Gaos desarrollaron aspectos de su filosofía, sino también en América Latina, donde su concepción de la historia y la cultura tuvo una recepción entusiasta. En el ámbito internacional, su diálogo con la fenomenología, el existencialismo y la filosofía hermenéutica estableció puentes entre el pensamiento hispánico y las corrientes dominantes de la filosofía continental europea.

La vigencia actual del pensamiento orteguiano se manifiesta en múltiples campos del saber contemporáneo. Su teoría de la generaciones ha sido retomada por la sociología histórica y los estudios culturales para comprender los cambios sociales; su perspectivismo epistemológico anticipó muchos debates de la filosofía de la ciencia postempirista; su análisis de la “rebelión de las masas” continúa siendo referencia obligada para comprender las dinámicas de la democracia contemporánea y la cultura de masas. Asimismo, su concepción de España y su diagnóstico de la “invertebración” del país siguen alimentando el debate sobre la identidad nacional y el proyecto político español.

La figura de Ortega y Gasset permanece como símbolo del compromiso intelectual con la modernización de España y la integración europea, manteniendo una actualidad que trasciende las circunstancias históricas en las que vivió.


Referencias bibliográficas:

Díaz, E. (2004). José Ortega y Gasset: Metafísica y ontología de la vida. Revista de Occidente.

García Morente, M. (1945). La filosofía de Ortega y Gasset: Estudio crítico y sistemático. Espasa-Calpe.

Marañón, G. (1955). Ortega y Gasset: Ensayo biográfico. Revista de Occidente.

Marias, J. (1983). Ortega: Circunstancia y vocación. Alianza Editorial.

Orringer, N. R. (1979). Ortega y sus fuentes germánicas. Universidad de Murcia.


Frases que revelan el pensamiento de José Ortega y Gasset


Después de conocer la vida y trayectoria del filósofo español José Ortega y Gasset, resulta natural acercarse a su pensamiento a través de sus propias palabras. Sus frases condensan muchas de sus ideas más profundas sobre la vida, la libertad, la sociedad y la responsabilidad del ser humano dentro de su tiempo.

A continuación se presenta una selección de algunas de sus reflexiones más representativas. A través de estas frases podremos comprender mejor su forma de interpretar la realidad, su crítica a la sociedad y su invitación constante a pensar con claridad y profundidad sobre nuestra propia existencia.

Aquí tienes 20 frases originales de José Ortega y Gasset con una explicación breve de cada una.


1.

“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.”

Esta frase expresa la idea central del pensamiento de Ortega: el ser humano no existe aislado. Nuestra vida está siempre unida al contexto en el que vivimos: sociedad, historia, cultura y entorno. Para comprendernos y realizarnos debemos entender y transformar nuestra realidad.


2.

“Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad.”

Ortega afirma que la vida implica tomar decisiones constantemente. No podemos escapar de elegir, incluso cuando intentamos evitarlo. La libertad no es un privilegio opcional, sino una responsabilidad inevitable que define nuestra existencia.


3.

“La claridad es la cortesía del filósofo.”

Con esta frase Ortega critica el lenguaje complicado e innecesariamente oscuro en la filosofía. Para él, un pensador debe explicar sus ideas de forma clara y comprensible. La claridad demuestra respeto hacia el lector y hacia la verdad que se quiere comunicar.


4.

“El esfuerzo inútil conduce a la melancolía.”

Ortega señala que cuando las personas trabajan o luchan sin un propósito real o alcanzable, terminan frustradas. La sensación de gastar energía en algo que no produce resultados puede generar tristeza, desmotivación y pérdida de sentido.


5.

“El hombre no tiene naturaleza, lo que tiene es historia.”

Aquí Ortega sostiene que el ser humano no está completamente determinado por instintos o una esencia fija. Nuestra identidad se construye a lo largo del tiempo a través de experiencias, decisiones y contexto histórico. Somos, en gran parte, el resultado de nuestra biografía.


6.

“Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender.”

La curiosidad y el asombro son el inicio del conocimiento. Cuando algo nos sorprende, empezamos a cuestionarlo y buscar explicaciones. Para Ortega, la filosofía nace precisamente de esa capacidad humana de maravillarse ante el mundo.


7.

“Sólo es posible avanzar cuando se mira lejos.”

Esta frase habla de la importancia de tener visión de futuro. Quienes se concentran únicamente en el presente inmediato suelen quedarse estancados. Mirar lejos significa tener metas, proyectos y una perspectiva amplia del mundo.


8.

“La vida nos es dada, pero no nos es dada hecha.”

Ortega explica que la vida no viene con instrucciones ni con un destino completamente definido. Cada persona debe construir su propio camino mediante decisiones, esfuerzos y responsabilidades. Vivir es una tarea que cada uno debe realizar.


9.

“Siempre que enseñes, enseña también a dudar de lo que enseñas.”

Esta frase destaca la importancia del pensamiento crítico. La verdadera educación no consiste en imponer ideas, sino en fomentar la reflexión. Para Ortega, enseñar también implica animar a cuestionar y analizar las propias enseñanzas.


10.

“La vida humana es, por esencia, proyecto.”

El ser humano vive orientado hacia el futuro. Siempre estamos imaginando, planificando o deseando algo que aún no existe. Para Ortega, nuestra identidad se define por los proyectos que intentamos realizar.


11.

“La masa arrasa todo lo que es diferente, excelente, individual.”

Aquí Ortega critica la presión social que tiende a uniformar a las personas. Cuando predomina la mentalidad de masas, lo original o distinto puede ser rechazado. La frase defiende el valor de la individualidad y del pensamiento propio.


12.

“La ciencia consiste en sustituir el saber que parecía seguro por una teoría.”

Ortega explica que el conocimiento científico no es definitivo. Lo que hoy consideramos verdad puede ser revisado o reemplazado mañana. La ciencia avanza precisamente cuestionando lo que antes se creía indiscutible.


13.

“Quien quiera enseñarnos una verdad, que no nos la diga: que nos sugiera el camino para descubrirla.”

El aprendizaje más profundo ocurre cuando una persona llega a una conclusión por sí misma. Ortega cree que el papel del maestro es guiar y despertar la reflexión, no simplemente transmitir respuestas.


14.

“Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil.”

Con esta frase provocadora, Ortega critica el fanatismo político. Su idea es que aferrarse ciegamente a una ideología, sin pensamiento crítico, puede limitar la inteligencia y la capacidad de análisis.


15.

“El orden no presiona las cosas, las convence.”

El verdadero orden no se impone de forma violenta o autoritaria. Surge cuando las cosas encuentran su lugar de forma natural y coherente. Ortega sugiere que el orden auténtico es fruto de la armonía y la comprensión.


16.

“Pensar es dialogar consigo mismo.”

Para Ortega, el pensamiento no es solo acumular información. Es un proceso interno en el que la mente debate ideas, cuestiona argumentos y busca coherencia. Pensar es, en cierto modo, tener una conversación interior.


17.

“La cultura es el sistema vital de las ideas en cada tiempo.”

La cultura refleja las ideas predominantes de una época. Es el conjunto de valores, creencias y conocimientos que orientan la vida de una sociedad. Por eso cambia con el tiempo y evoluciona junto con la historia.


18.

“El hombre excelente es el que se exige más a sí mismo.”

Ortega define la excelencia no como superioridad sobre otros, sino como autoexigencia. Las personas que buscan mejorar constantemente son las que impulsan el progreso personal y social.


19.

“En la rebelión de las masas todo el mundo se siente perfecto tal como es.”

Esta idea critica la actitud de quienes creen que no necesitan aprender ni mejorar. Cuando las personas dejan de cuestionarse a sí mismas, se pierde el impulso de crecimiento intelectual y cultural.


20.

“El mayor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, sino la ilusión de saber.”

Creer que ya sabemos todo impide aprender cosas nuevas. Ortega advierte que la falsa seguridad intelectual es más peligrosa que la ignorancia, porque cierra la mente a nuevas ideas.



20 frases menos conocidas de José Ortega y Gasset: reflexiones más profundas de su pensamiento


Después de conocer algunas de las frases más populares de José Ortega y Gasset, es interesante adentrarse en otras reflexiones menos citadas, pero igualmente significativas. En ellas se aprecia con mayor profundidad su visión sobre la cultura, la sociedad, la libertad y el papel del individuo dentro de su tiempo histórico.

Muchas de estas ideas aparecen desarrolladas en obras fundamentales como La rebelión de las masas y Meditaciones del Quijote. A través de las siguientes frases podemos descubrir matices más complejos de su filosofía y comprender mejor cómo interpretaba la vida, el pensamiento y la responsabilidad humana frente a la historia.


1.

“La vida es una serie de colisiones con el futuro.”

Ortega describe la vida como un constante encuentro con lo que aún no ha ocurrido. Cada decisión nos enfrenta a nuevas posibilidades y riesgos. Vivir significa avanzar hacia lo desconocido, adaptándonos a circunstancias que cambian continuamente.


2.

“El hombre mediocre no se estima a sí mismo, pero se cree perfecto.”

Esta reflexión critica la actitud de quienes no desarrollan una verdadera autocrítica. La mediocridad aparece cuando alguien deja de cuestionarse y cree que no necesita mejorar. Para Ortega, el crecimiento personal exige humildad intelectual.


3.

“La misión del intelectual es, en cierto modo, oponerse a su tiempo.”

Los pensadores no deben limitarse a repetir las ideas dominantes de su época. Su papel consiste en analizarlas, cuestionarlas y proponer nuevas perspectivas. De esta manera contribuyen al avance cultural y social.


4.

“Cada generación tiene su vocación histórica.”

Ortega sostenía que cada época enfrenta problemas y desafíos propios. Las generaciones deben asumir su responsabilidad histórica y responder a las circunstancias que les toca vivir.


5.

“La verdad es una perspectiva.”

Esta frase refleja su teoría del perspectivismo. Ortega defendía que la realidad puede ser vista desde diferentes puntos de vista, y cada uno aporta una parte de la verdad. Comprender el mundo requiere integrar diversas perspectivas.


6.

“La vida auténtica consiste en ser fiel a la propia vocación.”

Para Ortega, cada persona posee una orientación interior que guía su proyecto de vida. Cuando alguien ignora esa vocación, vive de manera superficial. En cambio, seguirla conduce a una existencia más plena y coherente.


7.

“Nada moderno es inteligible si no se mira desde la historia.”

Ortega insiste en que el presente no puede entenderse sin conocer el pasado. Las ideas, instituciones y conflictos actuales tienen raíces históricas que explican su origen y evolución.


8.

“La cultura es lo que salva al hombre del naufragio vital.”

El filósofo veía la cultura como una guía para orientarse en la vida. El conocimiento, el arte y la reflexión ayudan a las personas a comprender el mundo y encontrar sentido en medio de la incertidumbre.


9.

“El verdadero progreso consiste en renovar lo que parecía eterno.”

Las sociedades avanzan cuando se atreven a revisar tradiciones o ideas que parecían inmutables. Ortega señala que el progreso surge al cuestionar lo que antes se consideraba definitivo.


10.

“El hombre necesita una interpretación del mundo para poder vivir.”

La vida humana no es solo biológica; también es intelectual. Necesitamos comprender lo que nos rodea para tomar decisiones y orientar nuestras acciones.


11.

“La historia es el sistema de experiencias humanas.”

Ortega entiende la historia como la acumulación de experiencias de generaciones anteriores. Estudiarla permite aprender de errores y aciertos del pasado.


12.

“No sabemos lo que nos pasa, y eso es precisamente lo que nos pasa.”

Esta frase señala una paradoja humana: muchas veces vivimos situaciones sin comprender realmente su significado. La filosofía intenta precisamente aclarar esa confusión.


13.

“La civilización no dura si no se cuida.”

El progreso social y cultural no es automático. Las sociedades deben esforzarse continuamente por mantener y proteger los valores que sostienen su desarrollo.


14.

“La vida es quehacer.”

Para Ortega, vivir no es simplemente existir. Implica actuar, construir proyectos y asumir responsabilidades. La vida es una tarea constante.


15.

“El pensamiento es la aventura más arriesgada del hombre.”

Reflexionar profundamente puede llevar a cuestionar creencias establecidas. Por eso pensar exige valentía, ya que puede transformar nuestra forma de ver el mundo.


16.

“La libertad significa tener que decidir.”

La libertad no consiste solo en tener opciones, sino en asumir las consecuencias de elegir entre ellas. Decidir es una parte inevitable de la existencia humana.


17.

“El hombre se hace a sí mismo en su historia.”

Nuestra identidad se forma a lo largo del tiempo mediante experiencias y decisiones. Cada persona construye su propio camino dentro de su contexto histórico.


18.

“Una idea es verdadera cuando nos ayuda a vivir.”

Ortega sugiere que el valor de las ideas se refleja en su capacidad para orientar la vida humana. Las ideas útiles son aquellas que permiten comprender y actuar mejor en el mundo.


19.

“El pensamiento comienza cuando algo nos obliga a reflexionar.”

La filosofía surge cuando nos enfrentamos a problemas o preguntas profundas. Es en esos momentos cuando el ser humano busca respuestas más allá de lo inmediato.


20.

“El porvenir pertenece a quienes comprenden su tiempo.”

Ortega afirma que quienes logran interpretar correctamente la realidad de su época están mejor preparados para influir en el futuro y transformar la sociedad.


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