Entre leyendas milenarias, textos sagrados y relatos que han cruzado civilizaciones, la Reina de Saba emerge como una de las figuras más enigmáticas de la historia antigua, símbolo de poder, inteligencia y misterio. Su encuentro con el rey Salomón ha despertado fascinación durante siglos y continúa alimentando debates históricos y espirituales. ¿Fue una soberana real o un mito trascendente? ¿Qué secretos se ocultaron tras su visita a Jerusalén?
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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR
La Reina de Saba
Soberana legendaria del antiguo reino de Arabia del Sur
Introducción: Un nombre que atraviesa siglos
La Reina de Saba es, sin duda, uno de los personajes femeninos más fascinantes y perdurables de la historia antigua. Su figura trasciende las fronteras del tiempo, la geografía y la religión para convertirse en un símbolo universal de sabiduría, riqueza y poder femenino. Aunque los registros históricos sobre su vida son escasos y a menudo difíciles de separar de la leyenda, su presencia en tres de las grandes tradiciones religiosas del mundo, el judaísmo, el cristianismo y el islam, así como en la memoria colectiva de todo un pueblo como el etíope, habla de una realidad que debió ser extraordinariamente poderosa.
Gobernó el próspero reino de Saba, una civilización que dominó las rutas comerciales del incienso, las especias y los metales preciosos durante siglos, extendida entre lo que hoy conocemos como Yemen, en la península arábiga, y las tierras del Cuerno de África, especialmente la actual Etiopía. Fue una reina que decidió visitar al rey más sabio de su época, Salomón de Israel, y ese viaje quedó grabado para siempre en la memoria de la humanidad.
Origen e infancia: El mundo que la formó
El reino de Saba fue una de las civilizaciones más avanzadas y prósperas del mundo antiguo. Situado estratégicamente en el extremo sur de la península arábiga y con conexiones directas con el Cuerno de África, el pueblo sabeo construyó imperios comerciales basados en productos de altísimo valor: el incienso, la mirra, las especias exóticas, el oro y las piedras preciosas. Sus caravanas recorrían miles de kilómetros para llegar a Egipto, Mesopotamia, la India y el Mediterráneo oriental.
Dentro de este marco, nació quien llegaría a ser conocida en la tradición árabe e islámica como Bilqís. Las fuentes etíopes la llaman Makeda, y es posible que ambos nombres hagan referencia a la misma figura histórica. Los detalles de su infancia son prácticamente desconocidos desde el punto de vista histórico. Sin embargo, las tradiciones que la rodean sugieren que fue criada en un ambiente de privilegio, conocimiento y poder, propio de las casas reales del Oriente antiguo.
Según el Kebra Nagast, el texto sagrado etíope redactado en el siglo XIV pero basado en tradiciones mucho más antiguas, Makeda fue hija del rey de Etiopía y desde joven demostró una inteligencia extraordinaria y una sed de conocimiento poco común entre los soberanos de su tiempo. Esta sed de saber sería, precisamente, el motor que la llevaría a emprender el viaje más importante de su vida.
Ascenso al poder: Una reina en un mundo de reyes
La ascensión de la Reina de Saba al trono fue, en sí misma, un hecho notable. En el mundo antiguo del Oriente Próximo y Arabia del Sur, el poder era predominantemente masculino. Sin embargo, las evidencias arqueológicas y los registros históricos confirman que existieron reinas y figuras femeninas con considerable autoridad política en la región durante el primer milenio antes de Cristo.
Las inscripciones sabeas descubiertas en el actual Yemen mencionan a soberanas femeninas, y aunque ninguna puede ser identificada con certeza absoluta como la Reina de Saba bíblica, su existencia confirma que el ejercicio del poder por parte de mujeres no era algo completamente ajeno a aquella cultura. Cuando asumió el gobierno del reino, lo hizo en un momento en que Saba era una potencia económica de primer orden, y ella debió aprender desde joven los secretos del comercio, la diplomacia y la administración de un territorio vasto y diverso.
El Corán, en la sura 27 (An-Naml), la describe como una gobernante que preside un consejo de asesores y que toma sus decisiones tras consultarlos, lo cual refleja un estilo de gobierno reflexivo y participativo para los estándares de la época. Sus súbditos la obedecen y la respetan, y ella los lidera con prudencia y firmeza.
El gran viaje a Jerusalén: Sabiduría frente a sabiduría
El episodio más famoso y documentado de la vida de la Reina de Saba es, sin duda, su visita al rey Salomón en Jerusalén. Este encuentro, narrado en el Primer Libro de los Reyes (capítulo 10) y en el Segundo Libro de las Crónicas (capítulo 9) de la Biblia hebrea, constituye uno de los relatos diplomáticos más evocadores de la Antigüedad.
Según el relato bíblico, la reina llegó a Jerusalén con una comitiva extraordinariamente lujosa. Sus camellos cargaban especias aromáticas, grandes cantidades de oro y piedras preciosas. Venía, según el texto sagrado, con el propósito expreso de poner a prueba la celebrada sabiduría de Salomón mediante enigmas y preguntas difíciles. No se trataba simplemente de una visita de cortesía diplomática, sino de un desafío intelectual entre dos de las mentes más privilegiadas del mundo antiguo.
El encuentro tuvo el resultado que la leyenda ha conservado: Salomón respondió con brillantez a todas las preguntas de la reina. Ella, impresionada por su sabiduría, por la magnificencia de su palacio, por la organización de su corte, por los manjares de su mesa y por la devoción de sus rituales religiosos, exclamó que la realidad superaba con creces lo que le habían referido. El texto bíblico registra que no hubo nada que Salomón no pudiera explicarle, y que ella reconoció abiertamente su grandeza.
El intercambio de regalos que siguió al encuentro fue proporcional a la magnitud del evento. La reina entregó al rey Salomón ciento veinte talentos de oro, una cantidad descomunal para la época, además de las especias y las piedras preciosas que había llevado consigo. Salomón, a su vez, correspondió con generosidad, dándole todo cuanto ella deseó de los tesoros de su reino. Este intercambio no fue solo un gesto de magnificencia personal: fue también la consolidación de un acuerdo comercial y diplomático entre dos de las potencias económicas del momento.
Bilqís en el Corán: La conversión de una reina justa
La versión islámica del encuentro entre la reina y Salomón, narrada en la sura 27 del Corán, presenta algunas diferencias notables con respecto al relato bíblico, aunque comparte el núcleo esencial de la historia. En esta versión, Salomón envía a la reina una carta invitándola a someterse a la voluntad divina. Ella consulta a sus consejeros, quienes le responden que son fuertes en la guerra, pero que la decisión final le corresponde a ella. La reina, en un gesto de prudencia política, decide enviar primero un presente antes de emprender el viaje.
El Corán narra uno de los episodios más fascinantes de toda la historia: cuando Bilqís llega ante el palacio de Salomón, se encuentra con un suelo de cristal tan claro que lo confunde con agua y se levanta el vestido por temor a mojarse. Salomón le explica que es simplemente un pavimento de cristal pulido, y ella, en ese instante de revelación, comprende la profundidad del poder y la sabiduría de aquel rey. Es en ese momento cuando Bilqís abandona el culto al sol que practicaba su pueblo y acepta someterse al Dios de Salomón, el Dios único.
Esta versión coloca el énfasis en la transformación espiritual de la reina más que en el intercambio diplomático y comercial. Para la tradición islámica, Bilqís es ante todo un ejemplo de la capacidad humana para reconocer la verdad cuando se la presenta con claridad, y su conversión es celebrada como un acto de humildad inteligente frente al poder de lo divino.
El Kebra Nagast y el hijo de Salomón: El nacimiento de una dinastía
La tradición etíope añade al relato una dimensión que ninguna otra fuente contempla: la Reina de Saba, conocida aquí como Makeda, regresó de Jerusalén embarazada del rey Salomón, y dio a luz a un hijo llamado Menelik I. Este detalle, consignado en el Kebra Nagast, el Libro de la Gloria de los Reyes, tiene consecuencias históricas y políticas de enorme alcance.
Según esta tradición, Menelik creció en Etiopía y cuando alcanzó la madurez viajó a Jerusalén para conocer a su padre. Salomón lo recibió con alegría y quiso retenerlo como su sucesor en Israel, pero Menelik eligió regresar a Etiopía para gobernar el reino de su madre. Antes de partir, según la leyenda, sus compañeros tomaron el Arca de la Alianza del Templo de Salomón y la llevaron consigo a Etiopía, donde según la creencia etíope permanece custodiada hasta el día de hoy en la iglesia de Santa María de Sión, en la ciudad de Aksum.
Menelik I se convirtió en el fundador de la dinastía imperial salomoniana de Etiopía, una línea dinástica que, según la tradición, se extendió hasta el siglo XX con el emperador Haile Selassie I, quien afirmaba ser el 225.º descendiente directo de Salomón y Makeda. Esta genealogía, más allá de su verificabilidad histórica, ha sido durante siglos el cimiento de la legitimidad política y religiosa del Imperio etíope.
Logros y poder: El legado de una gobernante excepcional
Más allá de los episodios míticos y religiosos, la figura de la Reina de Saba representa una serie de logros concretos que merecen ser reconocidos. En primer lugar, el mantenimiento y la expansión de la red comercial sabea, que conectaba el Oriente con el Mediterráneo y permitía el flujo de bienes de altísimo valor a lo largo de miles de kilómetros de rutas terrestres y marítimas. Este sistema comercial requería de una diplomacia sofisticada, tratados con múltiples reinos y ciudades, y una organización administrativa capaz de sostener caravanas de cientos de camellos durante meses.
En segundo lugar, su viaje a Jerusalén, independientemente de todos los elementos legendarios que lo rodean, representa una iniciativa diplomática de primera magnitud. Viajar desde Arabia del Sur hasta la tierra de Canaán en el siglo X antes de Cristo era una empresa que implicaba meses de preparación, grandes recursos materiales y una determinación notable. El hecho de que la reina asumiera personalmente ese viaje, en lugar de enviar emisarios, habla de una voluntad de establecer vínculos directos y de alto nivel con el reino israelita.
En tercer lugar, como líder religiosa y política de su pueblo, la Reina de Saba parece haber ejercido su autoridad con una combinación de fuerza y prudencia que le granjeó el respeto tanto de sus súbditos como de sus contemporáneos extranjeros. Las distintas fuentes que la describen, tan distantes entre sí en tiempo, cultura y propósito, coinciden en subrayar su inteligencia y su capacidad para el juicio reflexivo.
Últimos años: El silencio de la historia
Los últimos años de la Reina de Saba son un territorio casi completamente silenciado por las fuentes históricas disponibles. A diferencia de otros monarcas del mundo antiguo, cuyos reinados y muertes quedaron registrados en inscripciones, anales o monumentos funerarios, la reina desaparece de los relatos tras el episodio de su encuentro con Salomón y, en la tradición etíope, tras el nacimiento de Menelik.
No existe ningún registro confiable que indique cuándo o cómo murió, ni dónde fue enterrada. El Kebra Nagast señala que Makeda reinó durante muchos años más tras su regreso de Jerusalén, pero sin proporcionar datos cronológicos precisos. En la tradición etíope, se la recuerda como una reina longeva y sabia que presidió un período de prosperidad para su pueblo antes de ceder el trono a su hijo Menelik.
Desde el punto de vista arqueológico, las excavaciones realizadas en Yemen y Etiopía han sacado a la luz restos de la civilización sabea, incluyendo templos, inscripciones y objetos de valor que hablan de la riqueza y sofisticación de aquella cultura. Sin embargo, ningún hallazgo ha podido ser identificado con certeza como perteneciente directamente a la reina. Su tumba, si es que existió como tal, sigue siendo un misterio.
Legado e impacto: Una figura que no envejece
El legado de la Reina de Saba es tan vasto como diverso. En el mundo judeocristiano, su figura se ha utilizado repetidamente como símbolo del poder de la sabiduría para atraer a los grandes hacia el conocimiento, pero también como ejemplo de la capacidad femenina para el liderazgo político. Los padres de la Iglesia la citaron como prefiguración de los pueblos gentiles que se acercaban a la luz divina, y Jesús mismo la menciona en los Evangelios de Mateo (12:42) y Lucas (11:31) como la Reina del Sur que vendrá en el juicio a condenar a quienes, teniendo más, entendieron menos.
En el islam, Bilqís representa la figura del gobernante sabio que antepone el bien de su pueblo a su propio orgullo y que es capaz de reconocer la verdad superior incluso cuando esta exige una transformación profunda de sus propias creencias. Es también uno de los escasos ejemplos coránicos de una mujer en posición de liderazgo político activo, lo que le ha dado una importancia particular en los debates islámicos sobre el papel de la mujer en la vida pública.
En Etiopía, el legado de Makeda es directamente constitutivo de la identidad nacional. La creencia de que la nación etíope desciende de la unión de la reina sabea con el rey israelita ha sido durante milenios la fuente de legitimidad de la monarquía imperial y una expresión de la profunda espiritualidad cristiana ortodoxa del pueblo etíope. El Kebra Nagast no es simplemente un texto religioso: es la carta de identidad de toda una nación.
En la cultura popular y las artes, la Reina de Saba ha inspirado obras de teatro, óperas, novelas, pinturas y películas a lo largo de los siglos. Desde Händel hasta Gounod, desde los mosaicos medievales de las catedrales europeas hasta las producciones cinematográficas del siglo XX, su imagen ha sido reinterpretada una y otra vez, siempre conservando esa aureola de misterio, inteligencia y poder que la hace irresistible para la imaginación humana.
A pesar de todos los debates académicos sobre su historicidad, la Reina de Saba continúa siendo una figura de referencia en las conversaciones sobre poder femenino, diplomacia, espiritualidad y sabiduría. Su historia recuerda que las grandes figuras del pasado no siempre habitan en los archivos, sino en la memoria viva de los pueblos que las necesitan para comprenderse a sí mismos.
Referencias
Budge, E. A. W. (1922). The Queen of Sheba and her only son Menyelek: A complete translation of the Kebra Nagast. Medici Society.
Clapp, N. (2001). Sheba: Through the desert in search of the legendary queen. Houghton Mifflin.
Kitchen, K. A. (1997). Sheba and Arabia. En L. K. Handy (Ed.), The age of Solomon: Scholarship at the turn of the millennium (pp. 126–153). Brill.
Lassner, J. (1993). Demonizing the Queen of Sheba: Boundaries of gender and culture in postbiblical Judaism and medieval Islam. University of Chicago Press.
Pritchard, J. B. (Ed.). (1974). Solomon and Sheba. Phaidon Press.
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