Breve biografía de Sócrates ¿Quién fue y qué hizo?
Sócrates fue un filósofo clásico griego considerado como uno de los más grandes, tanto de la filosofía occidental como de la universal. Fue maestro de Platón, quien tuvo a Aristóteles como discípulo, siendo estos tres los representantes fundamentales de la filosofía de la Antigua Grecia.

Nacido en Atenas hacia el 470 a.C., Sócrates es considerado uno de los más grandes filósofos griegos.
Su condena a muerte lo transformó en leyenda y en símbolo de las injusticias cometidas por la democracia ateniense.
No existe ningún escrito suyo y su obra es conocida a través de los relatos de sus discípulos, especialmente por Platón con su obra “La Apología de Sócrates“.
Sus discusiones filosóficas las realizaba a través de toda Atenas, ya sea en las calles o en el ágora.
Sus discípulos eran principalmente jóvenes de familias nobles poseedoras de riquezas, tal es el caso de Platón o Jenofonte, pero también gustaba de las discusiones con los simples artesanos.
La filosofía de Sócrates
Al prescindir de las preocupaciones cosmológicas que habían ocupado a sus predecesores desde los tiempos de Tales de Mileto, Sócrates imprimió un giro fundamental en la historia de la filosofía griega, inaugurando el llamado periodo antropológico. La cuestión moral del conocimiento del bien estuvo en el centro de las enseñanzas de Sócrates. Como se ha visto, el primer paso para alcanzar el conocimiento consistía en la aceptación de la propia ignorancia, y en el terreno de sus reflexiones éticas, el conocimiento juega un papel fundamental. Sócrates piensa que el hombre no puede hacer el bien si no lo conoce, es decir, si no posee el concepto del mismo y los criterios que permiten discernirlo.
El ser humano aspira a la felicidad, y hacia ello encamina sus acciones. Sólo una conducta virtuosa, por otra parte, proporciona la felicidad. Y de entre todas las virtudes, la más importante es la sabiduría, que incluye a las restantes. El que posee la sabiduría posee todas las virtudes porque, según Sócrates, nadie obra mal a sabiendas: si, por ejemplo, alguien engaña al prójimo es porque, en su ignorancia, no se da cuenta de que el engaño es un mal. El sabio conoce que la honestidad es un bien, porque los beneficios que le reporta (confianza, reputación, estima, honorabilidad) son muy superiores a los que puede reportarle el engaño (riquezas, poder, un matrimonio conveniente).

Se diferenciaba de los sofistas ya que no cobraba por sus lecciones, lo que lo llevó a vivir en la pobreza casi todas su vida, salvo cuando sirvió como hoplita (soldado de artillería pesada) en la Guerra del Peloponeso.
Jamás se consideró a si mismo un sabio, aún cuando su mejor amigo Quereofonte le preguntó al Oráculo si existía un hombre más sabio que él, y la respuesta fue negativa.
Así fue que comenzó la búsqueda de la persona más sabia, preguntando y hablando con todos los considerados “sabios“, pero sólo se dio cuenta de que creían saber más de lo que conocían.
Esto lo llevó a descubrir la ignorancia del pueblo y de la suya propia, por lo que decidió conversar nuevamente con todos fingiendo saber menos, para así hacerle notar sus errores.
De aquí proviene la famosa ironía socrática y su frase más célebre:
SOLO SÉ QUE NO SÉ NADA.
Intentó hacer ver a los ciudadanos el conocimiento real que tenían sobre lo que los rodeaba.
La representación de su filosofía reaccionaria va contra los principios de la sofista, abocada al relativismo y la subjetividad.
Su lógica se basa en la discusión racional, acompañado de un fuerte objetivismo en los conceptos del amor, virtud y justicia.
La mayéutica
Al parecer, y durante buena parte de su vida, Sócrates se habría dedicado a deambular por las plazas, mercados, palestras y gimnasios de Atenas, donde tomaba a jóvenes aristócratas o a gentes del común (mercaderes, campesinos o artesanos) como interlocutores para sostener largas conversaciones, con frecuencia parecidas a largos interrogatorios. Este comportamiento correspondía, sin embargo, a la esencia de su sistema de enseñanza, la mayéutica.
El propio Sócrates comparaba tal método con el oficio de comadrona que ejerció su madre: se trataba de llevar a un interlocutor a alumbrar la verdad, a descubrirla por sí mismo como alojada ya en su alma, por medio de un diálogo en el que el filósofo proponía una serie de preguntas y oponía sus reparos a las respuestas recibidas, de modo que al final fuera posible reconocer si las opiniones iniciales de su interlocutor eran una apariencia engañosa o un verdadero conocimiento.
Su muerte se da a los 70 años, hacia el año 399 a.C., cuando un tribunal lo condena a pena de muerte al negar la existencia de los dioses atenienses y corromper a la juventud.
Se pudo haber salvado debido a sus contactos, pero optó por hacer prevalecer su pensamiento. Por ello acató la orden, escogió la cicuta como método de muerte entre los ofrecidos y la bebió serenamente, convencido de sus principios y sus enseñanzas.

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