BERLÍN…Tras la doble victoria de Napoléon en las batallas de Jena y Auerstedt, el general francés entró con sus tropas el 27 de octubre de 1806 en Berlín, donde el alcalde de la capital prusiana se vió obligado a entregarle las llaves de la ciudad.
Hace 215 años, el 27 de octubre de 1806, los franceses conquistaron Berlín. Fue un hecho histórico sin precedentes y supuso la práctica derrota de Prusia, un Estado más que se caía de la larga lista de enemigos de Napoleón. Pero en este caso la proeza del emperador francés fue aún más grande, ya que derrotó al que se suponía el mejor ejército de Europa en tan sólo 19 días.
En julio de 1806, Napoleón creó la Confederación del Rin, que reunió a los pequeños estados del Rin y Alemania. Los estados más grandes son Baviera y Sajonia, erigidos como reinos por Napoleón. En agosto de ese año Napoleón dio un paso más y disolvió al milenario Sacro Imperio Romano Germánico.
Los prusianos estaban atemorizados: Napoleón, un francés y encima un plebeyo, estaba dictando su voluntad. Demasiado para los orgullosos prusianos que tan sólo una generación antes habían derrotado a sus enemigos –entre ellos a los franceses- gracias al genio de Federico el Grande y a su ejército, considerado el mejor de Europa por su disciplina y eficacia.
No aceptan que la supremacía francesa se extienda hasta sus puertas y, el 9 de agosto, mientras el ejército ruso aún está lejos de Prusia, el rey Federico Guillermo III, empujado por el Reino Unido, declara la guerra a Francia y el 8 de octubre de 1806 Napoleón y su “Gran Armée” invadieron su territorio.
Fue la primera ‘guerra relámpago’ de la historia. En pocos días las orgullosas tropas prusianas fueron aplastadas en las batallas de Jena y Auerstädt, donde 160.000 franceses derrotaron a 250.000 enemigos, de los que 150.000 fueron hechos prisioneros.
El antaño poderoso y temido ejército prusiano había sido borrado del mapa. No hubo más batallas.
Lo que siguió fue una persecución imparable de los soldados prusianos que lograron huir, una persecución que no se detuvo hasta muchos cientos de kilómetros más al este, ya en territorio de Rusia, el último adversario que le quedaba a Napoleón en el continente Europeo.
El 26 de octubre, Napoleón entró en Potsdam y visitó la tumba de Federico el Grande, y comento rodeado de sus mariscales:”Caballeros, si este hombre todavía estuviera vivo, no estaríamos aquí hoy”.
El 27 de octubre entró en Berlín al frente del Gran Ejército, Napoleón llegó al cénit de su poder en Europa. Francia era la mayor potencia del continente y del mundo. Ya nada parecía que iba a poder hacerle frente.
El emperador pasó casi un mes en Berlín y el 21 de noviembre firmó el decreto de Berlín que estableció el bloqueo continental contra el Reino Unido.
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