Bertrand Arthur William Russell fue un filósofo, matemático, lógico y escritor británico ganador del Premio Nobel de Literatura.

Bertrand Russell: “Hasta en las vidas más afortunadas hay momentos en que las cosas van mal. Pocos hombres, exceptuando los solteros, no se habrán peleado nunca con sus esposas; pocos padres no habrán pasado momentos de gran angustia por las enfermedades de sus hijos; pocos hombres de negocios se habrán librado de períodos de inseguridad económica; pocos profesionales no habrán vivido épocas en que el fracaso los miraba a los ojos. En esas ocasiones, la capacidad de interesarse en algo sin relación con la causa de ansiedad representa una ventaja enorme.
En esos momentos en que, a pesar de la angustia, no se puede hacer nada de inmediato, algunos juegan al ajedrez, otros leen novelas policíacas, otros se dedican a la astronomía popular y otros se consuelan leyendo acerca de las excavaciones en Ur, Caldea. Todos ellos hacen bien; en cambio, el que no hace nada para distraer la mente y permite que sus preocupaciones adquieran absoluto dominio sobre él, se porta como un insensato y pierde capacidad para afrontar sus problemas cuando llegue el momento de actuar. Se puede aplicar una consideración similar a las desgracias irreparables, como la muerte de una persona muy querida.
No conviene dejarse hundir en la pena. El dolor es inevitable y natural, pero hay que hacer todo lo posible por reducirlo al mínimo. Es puro sentimentalismo pretender extraer de la desgracia, como hacen algunos, hasta la última gota de sufrimiento. Naturalmente, no niego que uno pueda estar destrozado por la pena; lo que digo es que hay que hacer lo posible para escapar de ese estado y buscar cualquier distracción, por trivial que sea, siempre que no sea nociva o degradante.
Entre las que considero nocivas y degradantes están el alcohol y las drogas, cuyo propósito es destruir el pensamiento, al menos momentáneamente. Lo que hay que hacer no es destruir el pensamiento, sino encauzarlo por nuevos canales, o al menos por canales alejados de la desgracia actual. Esto es difícil de hacer si hasta ese momento la vida se ha concentrado en unos pocos intereses, y esos pocos están ahora sumergidos en la pena. Para soportar bien la desgracia cuando se presenta conviene haber cultivado en tiempos más felices cierta variedad de intereses, para que la mente pueda encontrar un refugio inalterado que le sugiera otras asociaciones y otras emociones diferentes de las que hacen tan insoportable el momento presente” («La conquista de la felicidad»; Buenos Aires: Debolsillo, 2007 [1930], páginas 191-192).
Fin
El Candelabro. Iluminando Mentes.
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