El término rosacruz se refiere originalmente a una legendaria orden secreta que habría sido fundada, según la “Fama Fraternitatis” publicada en 1614, por «[…] el Padre Divino y altamente iluminado, nuestro Hermano C.R.» iniciales de Christian Rosenkreuz, supuestamente nacido en 1378.

Los Filósofos del Renacimiento hablaron de una “Prisca Theologia”, es decir una sabiduría arcaica que era capaz de conectar al ser humano con la Fuente Primordial.
El primero en usar este término fue Marsilio Ficino en el siglo XV, quien habló de la existencia de una serie de “teólogos primordiales” y de una “genealogía del conocimiento” con seis figuras decisivas:
“A Hermes se le conoce como el primer autor de Teología; su sucesor fue Orfeo, segundo entre los teólogos de la antigüedad. Aglaofemo, quien habría sido iniciado por Orfeo, tuvo como sucesor a Pitágoras en el cultivo de la Teología, de quien fue discípulo Filolao, maestro de nuestro divino Platón.
Más adelante se consideraron otros eslabones fuertes y brillantes de esta cadena áurea de Grandes Iniciados en la Gnosis Primordial, como Zoroastro, Asclepios, Museo, Dédalo, Homero, Moisés, David, Plotino, Abraham, Licurgo, Solón, Heráclito, Noé, Eudoxo, Demócrito, Numenio, Aristóteles, Filón de Alejandría, Avicena, Alfarabi, Orígenes, San Agustín, las sibilas, los druidas, los cabalistas, los brahmanes, los alquimistas, etc.
Cuando el espíritu renacentista estaba llegando a su final, a principios del siglo XVII, se presentó al mundo la Hermandad de la Rosacruz, un movimiento inspirado en el cristianismo profundo y que buscaba continuar internamente el trabajo que los alquimistas habían desarrollado en sus laboratorios. En pocas palabras, la Rosacruz constituyó un intento por sintetizar todo el conocimiento hermético bajo la forma de un colegio iniciático que estaba inspirado en unos maestros misteriosos conocidos como “Hermanos Mayores”.
Los rosacruces se dieron a conocer al público europeo a través de tres manifiestos: la “Fama Fraternitatis” (1614), la “Confessio Fraternitatis” (1615) y las “Bodas químicas de Christian Rosenkreutz” (1616), donde quedan en evidencia sus ideales y su afición por la Alquimia operativa.
A lo largo de los siglos han existido diversas escuelas, órdenes y fraternidades de inspiración rosacruz y cada una de ellas ha aportado una visión diferente del rosacrucismo, generalmente haciendo énfasis en algún aspecto esencial de la Tradición. En rigor de verdad, todas estas escuelas han sido valiosas y necesarias para diferentes tipos de personas.
Nuestra Orden Rosacruz Iniciática conecta con el egrégor tradicional de la Rosacruz presentándolo de una forma renovada y profundizando el trabajo iniciático a través de la captación intuitiva de los símbolos, estudiando las leyes universales para que el ser humano pueda alcanzar -en estos tiempos tumultuosos- la Paz Profunda.

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