Hortensia fue una magnífica oradora de quien se conserva un discurso. Fue hija de Hortensio, el famoso orador del siglo I a.e.c., principal rival de Cicerón en ese campo.
EL DISCURSO DE HORTENSIA.
En tiempos del Segundo Triunvirato romano formado por Marco Antonio, Lépido y Octavio, se pidió a 1400 mujeres ricas que pagaran un elevado impuesto especial para sufragar los gastos militares de la Guerra Civil contra los asesinos de Cayo Julio César. En ese momento, y ante la demanda de los triunviros, varias damas se presentaron en el Foro de Roma y, hablando en nombre de todas Hortensia, hija del abogado Quinto Hortensio, hizo un discurso en el año 42 a.C que nos ha llegado gracias al historiador Apiano de Alejandría.
Dice Hortensia:
“Nos habéis privado de nuestros padres, de nuestros hijos, de nuestros maridos y nuestros hermanos con el pretexto que os traicionaron, pero si además nos quitáis ahora nuestras propiedades, nos reducís a una condición más que inaceptable para nuestro origen, nuestra forma de vivir y nuestra naturaleza. Si nosotras os hemos hecho cualquier mal -como afirmáis que nuestros maridos os han hecho-, castigadnos también como a ellos. Pero si nosotras, todas las mujeres, no hemos votado a ninguno de vuestros enemigos públicos, ni derribado vuestra casa, ni destruido vuestro ejército, ni dirigido a nadie contra vosotros; si no os hemos impedido obtener los cargos ni honores ¿Por qué deberíamos pagar impuestos cuando no tenemos ninguna parte en los honores, las jefaturas y la política, en las que competís el uno contra el otro con tan perjudiciales resultados? ¿Porque estamos en guerra, decís? ¿Cuándo no ha habido guerras, y cuándo se han impuesto alguna vez tributos a las mujeres, que están exentas por su sexo entre toda la humanidad? Nuestras madres hicieron contribuciones cuando estabais en peligro de perder hasta la misma ciudad debido al conflicto con los cartagineses. Pero en ese entonces las romanas contribuyeron voluntariamente, y no de sus tierras, sus dotes o sus casas, sin las cuales la vida no es posible para las mujeres libres, sino solamente de sus propias joyas, e incluso conforme a lo que ellas mismas quisieron dar. ¿Cuál es ahora la alarma para el imperio o el país? ¡Dejad que venga la guerra con los galos o con los partos, y entonces no seremos inferiores a nuestras madres en el celo por la seguridad común, pero nunca contribuiremos para guerras civiles, ni os ayudaremos a uno contra el otro!”.
Irritados por la audacia de Hortensia y de las mujeres, los triunviros ordenaron a los lictores que las echasen, pero el intento falló por la protesta de la muchedumbre. Finalmente los triunviros tuvieron que reorganizar el tributo (aunque según algunas fuentes, 400 romanas pagaron voluntariamente alguna cantidad) y, por una vez, la voz de las mujeres se alzó como protesta en el centro del mundo antiguo, el Foro de Roma.
El Candelabro. Iluminando Mentes.
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