Merlín es el nombre de un mago que vivió, presuntamente, en Britania durante el siglo V. Es una de las figuras centrales del ciclo artúrico. Es el viejo más famoso de la historia europea, e inspirador de muchos magos de la literatura universal.



MERLÍN fue consejero y amigo del Rey Arturo, y sus poderes mágicos hicieron cosas sorprendentes. No solo era sabio en cuanto al conocimiento de hierbas, sino que también podía predecir el futuro y cambiar de forma, apareciendo de muy diversas suertes, tales como un anciano con bastón, un joven, un mendigo o una sombra. Guardaba sus poderes celosamente y nunca se supo que hubiese compartido su sabiduría o su cama con una mujer. Pero quizás porque no se permitió conocer a las mujeres, no se conocía tampoco a sí mismo.

En definitiva, este sabio y habilidoso encantador encontró su destrucción por medio de la dulce trampa del amor y del deseo sexual. Cierto día, Merlín halló una doncella hermosa. Su nombre era Nyneve y, aunque para entonces Merlín era un anciano, se enamoró perdidamente de ella desde el momento en que la vio. Con el fin de impresionarla, asumió la forma de un apuesto joven y alardeó de su habilidad como poderoso mago. Hizo aparecer ante sus ojos fabulosas ilusiones, sacándolas como de la nada con la esperanza de ganar su admiración: caballeros y damas cortejándose, juglares tocando instrumentos, jóvenes caballeros luchando en justas y jardines fantásticos llenos de fuentes y flores. Pero la joven permaneció inmóvil observando simplemente, sin decir palabra.

Merlín estaba tan preocupado por impresionarla, que no percibió que Nyneve no sentía lo mismo hacia él. No obstante, ella le prometió que sería su amante si compartía con ella los secretos de su magia. Él aceptó con impaciencia, creyendo que había encontrado una discípula devota y una amante. Nyneve prosiguió sonsacándole cada vez más conocimientos, aprendiendo todos sus hechizos y recetas mágicas, pero reservándose siempre y frustrando su deseo. Merlín comprendió gradualmente lo que estaba sucediendo, y se dio cuenta de que lo estaba engañando. Sin embargo no lo pudo impedir.

Viendo lo que le tenía deparado el destino, Merlín fue a ver al Rey Arturo para advertirle que el fin estaba cerca para su confiable consejero y hechicero. El rey se quedó sorprendido y exigió que le dijera por qué, con toda su sabiduría, no podía hacer nada por salvarse. Merlín respondió con tristeza: «Es verdad que se muchas cosas. Sin embargo, en la batalla entre el conocimiento y la pasión, el conocimiento no gana nunca».

El infeliz encantador, ardiendo en una pasión no correspondida, siguió a Nyneve por todas partes, como un adolescente enfermo de amor. Pero esta nunca satisfizo su deseo. Le hacía continuas promesas y lo tentaba, obteniendo de él todavía más secretos, pero retirándose una vez más.

Finalmente, Merlín cometió la tontería de enseñarle los secretos de los hechizos que nunca se pueden romper. Con el fin de complacerla, creó una cámara mágica que excavó en los acantilados de Cornualles que se elevan a una gran altura sobre el mar y los llenó con maravillas increíbles. Lo que intentaba era conseguir un glorioso decorado en el que ambos pudieran finalmente consumar su amor.

Juntos atravesaron un pasaje secreto abierto en la roca y se acercaron a la cámara, recubierta de oro e iluminada con cientos de velas perfumadas. Merlín entró primero y Nyneve se entretuvo fuera. Seguidamente ella pronunció las palabras de un hechizo terrible que no podía ser roto nunca, un hechizo que había aprendido de él. La puerta de la cámara se cerró, y Merlín quedó atrapado dentro para siempre. Mientras Nyneve se alejaba descendiendo por el pasadizo, podía oír la voz de él débilmente a través de la roca, rogando que lo liberara. Pero ella no se dio por enterada y continuó su camino. Se dice que Merlín sigue allí, en su cámara recubierta de oro, justo como había anticipado que sucedería.


El Candelabro. Iluminando Mentes.


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