En la mitología romana, las larvae (en español, «larvas») o lemures (en español, «lémures», en singular, «lémur») eran los espectros o espíritus de la muerte; eran la versión maligna de los lares. … Algunas especies de lémur fueron identificadas por sus llamadas incluso antes de que fuesen vistos individuos concretos.

LAS TERRORÍFICAS NOCHES ROMANAS DE “LA LEMURALIA”.
Entre las creencias religiosas que acompañaban a los romanos estaba “La Lemuralia, donde los miembros de las familias debían protegerse en sus hogares de los “Lemures”. Los Lemures eran espectros malévolos de los muertos que podían dañar y atormentar a los vivos. Conocemos parte de los ritos que se practicaban en La Lemuralia gracias a las descripciones que de ellos hace el escritor latino Publio Ovidio Nasón. Ovidio sitúa su origen en los tiempos de Rómulo y Remo, de hecho, según Ovidio, Remo se apareció después de morir para solicitar que señalasen ese día en su honor.
Los romanos creían que una de las principales motivaciones que tenían los Lemures para abandonar su estancia ultraterrena y molestar y aterrorizar a los moradores de una vivienda romana, era el ansia de probar otra vez alimentos humanos. Cayo Cilnio Mecenas ( consejero político) decía refiriéndose a los Lemures:
“A la búsqueda de comida y bebida se aparecen en nuestras moradas y pasan su muerte a la espera”…
Por tanto, con el fin de alejar a los espíritus malignos de la casa y de sus habitantes, el padre de familia en la medianoche, después de lavarse las manos en señal de purificación, echaba puñados de habas negras hacia atrás para que les sirviesen de alimento a los Lemures y así apaciguarlos. Otro recurso frecuente para ahuyentar a estas almas malignas era el de provocar ruidos fuertes
Una muestra de que para las creencias romanas La Lemuralia se consideraba un tiempo peligroso, era que se suspendían algunos actos; por ejemplo los templos permanecían cerrados. Además no se celebraba ningún matrimonio, pues pensaban que estos estaban destinados a durar poco.

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