He posado mis ojos sobre la muralla de la dulce Babilonia, que es una calzada para carruajes, y la estatua de Zeus de los alfeos, y los jardines colgantes, y el Coloso del Sol, y la enorme obra de las altas Pirámides, y la vasta tumba de Mausoleo; pero cuando vi la casa de Artemisa, allí encaramada en las nubes, esos otros mármoles perdieron su brillo, y dije: aparte de desde el Olimpo, el Sol nunca pareció jamás tan grande.
Antípatro de Sidón Antología griega (IX.58)

EL TEMPLO DE ARTEMISA
Fueron los propios griegos los que decidieron catalogar como “las siete maravillas del mundo antiguo” a una serie de monumentos que destacaban especialmente sobre el resto por su grandiosidad y belleza. Estas siete maravillas pertenecen al denominado periodo helenístico, que viene determinado por la muerte de Alejandro Magno y la muerte de la reina Cleopatra de Egipto y que comprende aproximadamente los siglos III y I antes de Cristo.
El Templo de Artemisa, una gigantesca obra esculpida exclusivamente en mármol y formada por 127 columnas de 13 metros de altura pertenecientes al estilo jónico, cuya construcción duró 120 años. El Templo estaba construido en honor a la diosa Artemisa (Diana para los romanos), diosa de la caza y la naturaleza, y protectora de las mujeres. Artemisa era especialmente venerada en la ciudad de Éfeso, junto al mar Egeo, que hoy en día estaría ubicada en Turquía; este enclave fue el elegido para construir ese sensacional templo.
Pero el Templo de Artemisa tuvo un final catastrófico, ya que alguien decidió destruirlo; un pastor griego de Éfeso decidió prenderle fuego.
Eróstrato era un ciudadano griego natural de Éfeso; no era ningún erudito ni destacaba en ninguna actividad; era una persona normal, humilde, que se dedicaba al pastoreo. Pero Eróstrato quería ser como Platón o Sócrates, y pasar a la historia; Eróstrato quería ser recordado por las generaciones venideras, y para ello, en el año 356 a. C. decidió quemar el Templo de Artemisa y destruirlo.
Eróstrato fue ejecutado por su pueblo, y las autoridades decretaron, bajo pena de muerte, la prohibición de que su nombre fuera pronunciado o escrito. Con ello se intentaba impedir que consiguiera su propósito de pasar a la posteridad. Pero también se dio la casualidad de que el mismo día en que Eróstrato prendió fuego al Templo de Artemisa, nació uno de los más grandes personajes de la era antigua: Alejandro Magno.
Fue el mismo Alejandro el que se encargó de promover la reconstrucción del Templo, hecho que comenzó también casualmente el año de su muerte, el 323 a. C. El nuevo Templo tenía un diseño muy similar al antiguo, y conservaba las 127 columnas, pero el tamaño era todavía mayor.
Este nuevo Templo de Artemisa estuvo en pie hasta el siglo II d. C., en que nuevamente fue destruido, esta vez por el ataque de los godos a Éfeso. En la actualidad apenas quedan unos pocos restos en el lugar donde se encontraba; la mayor parte de los restos del templo original pueden contemplarse en el British Museum de Londres.

El Candelabro. Iluminando Mentes.
Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
