En el castillo de Chambord, construido en el Renacimiento, no existía ningún ascensor en la época. … Se trata de la escalera de Chambord, dotada de dos hélices imbricadas que permiten el paso de dos personas al mismo tiempo sin que nunca lleguen a cruzarse.

LEONARDO DA VINCI Y EL CASTILLO DE CHAMBORD…
Cuando se visita el Castillo de Chambord, en el Valle del Loira en Francia, durante el viaje la guía turística adelanta lo que se va a visitar, destacando la famosa escalera central de este castillo atribuida a Leonardo, y digo atribuida ya que existe todavía una leve duda, sin embargo, existen unos dibujos con el croquis de la escalera del mismo estilo y diseño que pertenecen a da Vinci que lo hacen evidente; así los visitantes ya están interesados en conocerla.
Leonardo da Vinci se encontraba en Francia, viviendo sus últimos años (desde 1516 a 1519) como huésped y asesor de Francisco I (1494 – 1547) rey de Francia y dueño del castillo que a pesar de su inmensidad era usado como refugio del coto de caza que el monarca apenas utilizaba 40 días al año. Este castillo, declarado patrimonio de la Unesco se comenzó a construir en 1519, año del deceso de Leonardo da Vinci, no llegó a ver su escalera.
Esto puede parecer sumamente extraño que semejante castillo sea usado como pabellón de caza, pero al rey Valois le apasionaba mostrar su poderío, le gustaba impresionar a sus huéspedes cazadores, incluso llegó a sorprender al propio Carlos V durante una visita en 1539.

La razón de que este deslumbrante edificio se usara durante tan poco tiempo del año se debe a que el deporte de la caza, el preferido de todas las casas reales, se practicara únicamente en invierno, así era más entretenido y menos peligroso. Esta época tenía sus ventajas, los árboles carecían de follaje lo que facilitaba la vista de la presa, los animales estaban lentos y faltos de energía por la escasez de alimentos, además los temidos ciervos y jabalíes no se encontraban en celo ni protegiendo a sus crías.
El motivo de que Leonardo se encontrara en Francia se debió a una invitación del rey francés y de su madre Luisa de Saboya, quienes admiraban a este genio universal y además creían que ello les daría prestigio.
Con esto el rey, sin saberlo, hizo el mejor negocio para Francia ya que Leonardo viajó con todas sus pertenencias, entre ellas el cuadro de “La Gioconda” que tantas divisas turísticas atrajo entre otras pinturas y dibujos.
El castillo tiene unas 70 escaleras, pero la diva es la central. Está construida en doble espiral, tiene 9 metros de diámetro y se alza desde la planta baja pasando por todas las terrazas intermedias hasta llegar a la cúspide. Este diseño tiene la particularidad de que una persona puede subir mientras otra está bajando y no encontrarse. Algo sumamente práctico para la privacidad de un rey, que solía visitar discretamente a su “Petite Bande” (*)
Está dispuesta en forma de cruz, haciendo las veces de eje central que distribuye a los vestíbulos superiores.
El estilo de esta escalera inigualable es una mezcla de Renacimiento y Gótico Francés.
El material más abundante del interior del castillo, escaleras, columnas y paredes es de piedra toba, exquisitamente esculpida donde se destaca constantemente la letra “F” y la Salamandra, animal que representaba a la dinastía real.
Y bueno, ya que estamos en este castillo aprovechemos para decir que en sus paredes hay distribuidos unos 300 altorrelieves que representan salamandras. Porqué se eligió a este animalito anfibio de unos pocos centímetros como símbolo de la realeza, bueno, la leyenda cuenta que éstos además de poder vivir en el agua como en la tierra también podían resistir el fuego, ello se debe a que hibernan entre las raíces y cortezas de los árboles y al recogerlos como leña es común que se mantengan escondidos como refugio, su cuerpo es húmedo y sus movimientos son muy vivaces, por eso al poner la madera al fuego, es común que estas características les den tiempo suficiente para escapar de las llamas. Tanto así que dieron el nombre a las estufas a leña.



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