El 18 de abril de 1480 nació Lucrecia Borgia. La hija del papa Borgia estuvo considerada una mujer de gran belleza, pero también cruel y depravada. La leyenda negra en torno al personaje, acrecentada gracias a los crímenes que se atribuyeron a su familia, le ha acompañado hasta nuestros días.



¿Era tan perversa Lucrecia Borgia?


Rodrigo Borgia, o Borja, era un noble valenciano, sobrino del Papa Calixto III, también de Valencia. En una época en la que el nepotismo y la corrupción, tanto financiera como moral, era la sangre en las venas del Vaticano, Rodrigo consiguió hacerse paso hacia el poder.

Por supuesto, daba igual que Rodrigo hubiese tenido varios hijos. Dos de ellos, a los únicos que reconoció como propios, serían Cesare y Lucrecia. Ambos darían mucho de qué hablar.

Lucrecia Borgia nacida el 18 de abril de 1480 en Subiaco, un pueblo a las afueras de Roma.vivió los primeros años de su vida en casa de su madre, Vannozza Catanei, la amante favorita de Rodrigo Borgia. En esos años nunca vio a su padre, hasta que este la reclamó para utilizarla como peón en su actividad política.

Lucrecia era una niña muy bella. Tanto que fue utilizada como modelo en varias pinturas de la época. “De mediana altura y graciosa de formas; su cara es más bien larga, al igual que su nariz; su cabello dorado, sus ojos de ningún color en particular; sus dientes brillantemente blancos”.

Lucrecia estudió latín, griego, francés e italiano, además de sus lenguas nativas, español y valenciano. También leyó a los clásicos y estudió canto y música.
Fue preparada para ser una brillante esposa y anfitriona social.

Rodrigo Borja no tardó en buscarle marido, y aún con 12 años ya había estado comprometida en tres ocasiones.


Lucrecia Borgia esposa política


Cuando Lucrecia tenía 13 años, su padre la ofreció en matrimonio a Giovanni Sforza, un miembro de la poderosa familia milanesa, con la que el ya Papa quería forjar una alianza política.

Pero la política cambió y Alejandro VI decidió que la alianza con los Sforza ya no era necesaria, así que mandó a matar a su yerno. Lucrecia advirtió a su marido y este pudo huir, pero al poco tiempo su propia familia le obligó a divorciarse.

Mientras se llevaban a cabo los trámites, Lucrecia Borgia estuvo recluida en un convento. Su padre estaba en contacto con ella a través de un enviado personal, un hombre conocido como Perotto.

Poco antes de que se organizara la boda con su siguiente marido, Alfonso de Aragón, Lucrecia dio a luz a un niño, Giovanni. Pocos años después Perotto, (probablemente un español llamado Pedro Calderón) lo reconocería como hijo suyo, pero mientras tanto, el Papa daba la paternidad del niño a su hijo Cesare, entonces cardenal.

En 1502, reconocía a Giovanni como hijo propio. Los rumores de la época decían que ese hijo de Lucrecia Borgia era el fruto de una relación incestuosa con su hermano Cesare, el cardenal, pero no hay evidencia de ello, ni de lo contrario.


Segundas nupcias


El siguiente matrimonio de Lucrecia no tuvo mejor suerte. Cesare y Alejandro habían elegido a Alfonso de Aragón por cuestiones políticas. Un año después la situación había cambiado, y a pesar de que Lucrecia había tenido un hijo con Alfonso, Cesare lo mandó matar.

También existe el rumor de que Cesare estaba celoso de Alfonso, que era bien parecido. Dicha idea, reforzaría el rumor de que Cesare estaba enamorado de su hermana.


A la tercera…


Lucrecia Borgia no podía permanecer soltera. Era demasiado útil para su padre y hermano como objeto de intercambio. El poder ante todo. Viuda de su segundo marido, Lucrecia Borgia fue matrimoniada con Alfonso D’Este, hijo de otra noble y poderosa familia.

Los D’Este eran del Ducado de Ferrara, y hacia allí partió Lucrecia en 1502, ya con 22 años. En Ferrara, y con las fortunas combinadas de su familia y la de su marido, Lucrecia Borgia se dedicó al mecenazgo de las artes. También se dedicó a tener hijos, seis en total, de los cuales cuatro sobrevivieron la infancia.

El matrimonio D’Este-Borgia, por lo que sabemos, fue feliz. Lejos del ruido y los complots de Roma, Lucrecia pudo dedicarse a su familia y los placeres de la vida.

No existe una sola prueba de que Lucrecia Borgia haya asesinado nunca a nadie. No hay evidencia de ningún envenenamiento. Todo lo contrario. Según los relatos de la época, Lucrecia fue una buena hija, esposa y madre, y nunca hizo daño a nadie.

Es posible que no haya sido una santa, y que haya participado al menos en las intrigas de palacio.

Sin embargo, se cree que ella no fue más que un peón a las órdenes de su padre y hermano.
Habrían sido los enemigos de los Borgia, muchísimos, los que dieron rienda suelta a los rumores de la supuesta maldad de Lucrecia.

Con un padre y un hermano así, no es de extrañar. Tampoco hay evidencia de que Lucrecia haya mantenido una relación incestuosa, ya fuese con su padre o con su hermano. Es posible, sí, pero no hay pruebas.

Ahora bien, una niña que fue obligada a casarse a los 13 años, y dos veces más en su vida, después de que su propia familia hubiese acabado con sus maridos, no puede tener una vida normal.

Si a todo esto le añadimos el poder, el dinero y la política, es fácil ver que la niña Lucrecia tuvo que lidiar con muy malas compañías, pero no hay evidencia de que haya asesinado nunca a nadie.


Triste final de Lucrecia Borgia


Lucrecia fue feliz al lado de Alfonso D’Este. Cuatro de sus hijos sobrevivieron, y dos más murieron en la infancia. La última, Isabella María, nació y murió el mismo día, el 14 de junio de 1519. Diez días después, moría Lucrecia por las complicaciones del parto. Tenía 39 años.

Los rumores vienen de antaño, y están lo suficientemente engranados en la memoria cultural , pudo haber sido una víctima más de su padre y hermano, o no.



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