Una broma es una maniobra, trampa o truco que se le hace a alguien a propósito para que se sienta ridiculizado, engañado o victimizado, normalmente por humor. Las bromas son típicas de los niños aunque también hay adultos enrollados que se dedican a ser infantiles o divertir a sus hijos.

¿Por qué hoy en día es difícil bromear sin ofender a nadie?
No es fácil vivir en 2022: el mundo está cambiando rápidamente y, a menudo, no tenemos tiempo para adaptarnos a las nuevas reglas de etiqueta, normas de comunicación, etc. Vivimos en una era de redes sociales y difusión inmediata de información, por lo que cada error enseguida se hace público. Y la mayoría de las veces, el humor se convierte en un objeto de la crítica, porque tradicionalmente amplía las normas y resalta las preocupaciones de la sociedad.
Pero, ¿por qué las bromas de repente se convirtieron en algo peligroso? ¿Es que la gente ha perdido su sentido del humor? Vamos a resolverlo.
Teorías del humor
Para empezar, vamos a ver por qué nos reímos de las bromas. ¿Qué mecanismo nos hace reaccionar de esa manera?
Teoría de la superioridad
Hay varias teorías del humor. Una de ellas fue descrita por Platón. En el diálogo Filebo afirma que el protagonista de cualquier comedia es una persona que no es capaz de superar las dificultades. Al seguirlo, un espectador siente lástima por él y se está divirtiendo.
Aristóteles creía que una broma era un insulto, por lo que solo puede usarse para cosas indignas. Más tarde la llamaron la teoría de la superioridad, que fue apoyada por el filósofo Thomas Hobbes.
Teoría de la incongruencia
La teoría de la incongruencia de Francis Hutcheson sugiere que nos reímos cuando presenciamos fenómenos absurdos, es decir, inconsistencias entre expectativas y actos reales. Nos divertimos, siguiendo problemas de algún héroe desafortunado, cuando una situación específica no se ajusta a la idea del personaje sobre sí mismo.
Teoría de la descarga
La teoría de la descarga es una continuación lógica de la teoría de la incongruencia. El primero en formularla fue el filósofo inglés Herbert Spencer. Vio la risa como la respuesta fisiológica del cuerpo a la tensión nerviosa y la sobreexcitación. Según este concepto, la alegría y el miedo son emociones relacionadas, solo que la consecuencia de la primera es la risa y de la segunda, el temblor. En otras palabras, el sentido del humor es un mecanismo que relaja la psique. Esta teoría también fue apoyada por el psicólogo Sigmund Freud.
Las tres teorías tienen una cosa en común: las bromas reflejan las normas y reglas sociales que existen en cada etapa del desarrollo de la humanidad.
Bromas apropiadas e inapropiadas
El humor siempre ha sido censurado, y en cada época hubo una lista de temas tabú, por ejemplo, la política, la religión, la muerte y el sexo. Por supuesto, hubo bromas sobre estos tópicos, pero rara vez se mencionaban en discusión pública. Tal humor era más popular entre la gente común.
El término “humor negro” apareció en el siglo XX: es lo que André Breton dijo sobre las obras de Jonathan Swift, describiendo cómo el autor solía reírse cínicamente sobre temas considerados tabú en la literatura, como la muerte.
Hoy en día, cualquier broma sobre temas incómodos se ve como humor negro. Siempre ha estado en la periferia de la discusión pública y se ha destinado a un pequeño círculo de amigos. Las personas que bromeaban de esta manera en público, en el mejor de los casos, se consideraban extravagantes, en el peor, eran castigadas.
Y ahora con la noción del humor negro a menudo asociamos chistes inapropiados que uno puede usar solo al evaluar a su público. Pero parece que hoy cualquier broma puede volverse inapropiada, y el número de temas prohibidos que hieren los sentimientos de alguien ha aumentado.
¿Por qué bromear se ha vuelto más difícil?
La complicación de las normas sociales es una consecuencia natural del desarrollo de la sociedad. Por ejemplo, en la época del colonialismo, no era una señal de malos modales hacer bromas peyorativas sobre las personas de color. Los esclavos eran propiedad, como el ganado, y los trataban como tal.
En el período cuando las mujeres no tenían acceso a la educación, las bromas sobre la estupidez femenina parecían naturales. Pero hoy vivimos en un mundo donde cada uno posee derechos y libertades, y las mujeres están cada vez más involucradas en la vida pública.
Además, Internet presenta cada broma al juicio del público general. Por ejemplo, antes se podía compartir una broma acertada pero controvertida en compañía de tus seres queridos: te conocen personalmente y entienden que no eres racista, sexista ni abusador, y que no estás tratando de jugar con un tema peligroso. Pero Internet recuerda todo y transfiere tus palabras a un público que puede incluir personas que han sufrido violencia doméstica o han sido discriminadas.
Incluso un chiste inocente puede resultar inapropiado y ofensivo si lo ha escuchado un público equivocado. Y encima puede ser sacado de contexto, entonces, un intento de justificarte lo hará peor.
¿Y cómo se puede bromear?
En 2019, el autor de Resacón en Las Vegas, Todd Phillips, afirmó que debido a las nuevas restricciones, se había vuelto imposible bromear. Pero ese mismo año se estrenó una película de Taika Waititi titulada Jojo Rabbit. Es una comedia sobre el holocausto, uno de los temas tabú más difíciles de la historia. La película ganó el Oscar por el mejor guión adaptado y fue bien recibida por los críticos de todo el mundo, porque Waititi no se burló de las víctimas, sino de los villanos y los prejuicios.
Y aquí nos acercamos a la regla más importante: cualquier forma de humor, donde los fuertes se ríen de los débiles, es ofensiva y poco ética. Por ejemplo, cuando los europeos se ríen de los migrantes recién llegados, porque es fácil reír desde una posición de fuerza. Pero es un intento de afirmarse a expensas de los grupos menos protegidos por la sociedad.
Se puede bromear sobre temas controvertidos si están relacionados personalmente contigo. Los homosexuales bromean sobre los homosexuales mejor que nadie, las mujeres, sobre el feminismo, los representantes de los grupos étnicos, sobre los estereotipos raciales. Eso no significa que un hombre heterosexual no pueda bromear sobre los homosexuales. Por ejemplo, no pueden considerarse malas las bromas de una persona heterosexual sobre cómo su pensamiento estereotipado trata con el hecho de que los homosexuales son personas con las que tiene mucho en común.
Las mismas reglas se aplican a las bromas sobre la apariencia y características personales: burlarse de los rasgos faciales, defectos del habla, etc. no es solamente inapropiado, sino que te puede desacreditar.
¿De verdad somos tan primitivos que solo sabemos insultar?
El humor da forma a nuestro pensamiento y lenguaje. Cuando bromeamos, no nos damos cuenta de que reafirmamos estereotipos sobre otras naciones, mujeres, personas de aspecto poco convencional. Además, cada persona tiene su punto débil: si no te ofende una discusión sobre la apariencia, puede ser otra broma que te haga perder equilibrio. Aquí radica otra regla de hacer una buena broma: la empatía.
Las bromas no tienen que ser un medio de afirmación o un intento de ofender. Deben causar risa, y no frustración; para lograrlo es suficiente empatizar con otras personas.
Y una cosa más: cuanto más inteligente sea uno y más conocimientos tenga en distintas esferas, mejor será la calidad de sus bromas, ya que podrá valerse de toda una amplia gama de temas y encima tratar cualquier tópico arriesgado con delicadeza y erudición.

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