María Teresa de las Mercedes Wilms Montt, también conocida como Thèrése Wilms Montt, fue una escritora chilena de principios del siglo XX. Considerada una precursora feminista, tuvo una vida novelesca.

Teresa Wilms Montt | Autodefinición
“Soy Teresa Wilms Montt
y aunque nací cien años antes que tú,
mi vida no fue tan distinta a la tuya.
Yo también tuve el privilegio de ser mujer.
Es difícil ser mujer en este mundo.
Tú lo sabes mejor que nadie.
Viví intensamente cada respiro y cada instante de mi vida.
Destilé mujer.
Trataron de reprimirme, pero no pudieron conmigo.
Cuando me dieron la espalda, yo di la cara.
Cuando me dejaron sola, di compañía.
Cuando quisieron matarme, di vida.
Cuando quisieron encerrarme, busqué libertad.
Cuando me amaban sin amor, yo di más amor.
Cuando trataron de callarme, grité.
Cuando me golpearon, contesté.
Fui crucificada, muerta y sepultada,
por mi familia y la sociedad.
Nací cien años antes que tú
sin embargo te veo igual a mí.
Soy Teresa Wilms Montt,
y no soy apta para señoritas”.
Teresa Wilms Montt
Su inteligencia, actitud y belleza eclipsaban cualquier reunión. Los celos no tardaron en aflorar en Balmaseda y, según retratan algunos libros y la pelicula Teresa: Crucificada por amar, empezó el maltrato.
Teresa buscó refugio en Vicente, primo de su marido y se enamoró de él. Al descubrir una correspondencia privada entre ambos, Balmaseda – (esposo) – convocó un tribunal familiar con sus padres y suegros. Entre todos decidieron encerrar a Teresa en el convento de la Preciosa Sangre de Santiago de Chile en octubre de 1915 y la tutela de sus hijas recayó en los abuelos paternos.
El convento contaba con una sección para enfermas mentales y otra para recluidas por castigos morales. Teresa permaneció ocho meses en segundo grupo y, durante este tiempo, no cesó de escribir en sus diarios. En ellos narra las visitas que recibe de sus amigos, sus cartas de amor a Vicente, sus angustias existenciales y su gestión del divorcio procurando no firmar ningún papel que acreditara la locura que su familia deseaba atribuirle. «Han querido hacer de mí una pervertida y se encontrarán con que puedo darles lección de nobleza», dejó escrito en aquellos días.
En junio de 1916, gracias a la ayuda del poeta Vicente Huidobro, escapó del convento disfrazada de viuda. Los dos escritores eran de la misma edad, pertenecían a una aristocracia que no les comprendía y juntos pusieron rumbo a Argentina con el anhelo de dedicarse a vivir de sus palabras.
En Buenos Aires se plantó en la redacción de la revista Nosotros, famosa entonces por publicar a escritores consagrados de la talla de Gabriela Mistral, Unamuno o Azorín y se convirtió en colaboradora.
En 1917 publicó sus primeros libros, Inquietudes sentimentales y Los tres cantos, ambos con el nombre de Thérèse Wilms Montt.
Y la crítica aplaudió su prosa poética alzándola como la figura literaria del momento. Entonces sucedió uno de los episodios que marcaron la vida de la escritora. Un joven al que bautizó como Anuarí se enamoró perdidamente de ella. Y al no ser correspondido como él esperaba, se suicidó delante de la escritora. Tras este hecho, Teresa sintió que necesitaba huir y cambiar radicalmente de vida.
Y se subió a un barco rumbo a Nueva York para hacer prácticas en un hospital de la Cruz Roja en plena Primera Guerra Mundial.
El primer día del año de 1918 intentó tirarse por la borda pero un pasajero lo impidió. Y nada más pisar suelo estadounidense fue detenida policía. Sus apellidos, el pelo rubio, los ojos azules y el hecho de viajar sola hicieron sospechar a los agentes de la policía estadounidense de que se encontraban frente a una espía alemana (Mata Hari había sido fusilada por eso mismo meses antes en Francia). La retuvieron dos días en Ellis Island. «Les perdono, después de todo me han proporcionado momentos de emoción», recogió en sus diarios. Pero esas 48 horas fueron suficientes para darse cuenta de que no quería pasar ni un minuto más en ese país. Y se subió a otro barco con destino a España. En el Madrid de principios del siglo XX alcanzó notoriedad en los círculos bohemios. Valle-Inclán prologó su tercer poemario Anuarí en 1918 (reeditado Ediciones Torremozas en 2009), en el que comenzaba diciendo: «¿De qué mundo remoto nos llega esta voz extraña cargada de siglos y juventud?». Julio Romero de Torres inmortalizó la exótica belleza de la chilena en un cuadro. Y ella continuó publicando en prensa con pseudónimos.
Teresa se entera de que sus hijas vivirán en París con su abuelo al que destinan allí y rápidamente se muda a la Ciudad de la luz para poder verlas. En la capital francesa contacta con Max Ernst, Bretón y Paul Éluard. Se halla de nuevo en el epicentro de las vanguardias aunque lo que la mantiene viva es la ilusión de los encuentros semanales con sus hijas. Duran poco. Al año, la familia tiene que regresar a Chile y se llevan a las niñas. Teresa Wilms Montt no soporta esta última despedida y cae en depresión.
El 22 de diciembre de 1921 ingiere un frasco de veronal y fallece dos días después en el hospital Laënnec de París. Tenía solo 28 años y un pasado lo suficiente extraordinario (y escrito por ella) como para alimentar su mito que sigue vivo.

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