El papa Francisco proclamó hoy beato en una ceremonia en la plaza de San Pedro a Juan Pablo I, el pontífice que murió tras solo 33 días de pontificado, cuya muerte fue objeto de numerosas teorías y que la investigación en el proceso de beatificación ha probado a desmontar asegurando …hace 6 días



Juan Pablo I


(Albino Luciani; Forno di Canale, 1912 – Ciudad del Vaticano, 1978) Papa de la Iglesia católica cuyo pontificado fue uno de los más breves de la historia a causa de su inesperado fallecimiento, acaecido el 28 de septiembre de 1978, apenas un mes después de su elección.

Hijo de un fabricante de vidrio, quedó huérfano de madre a los diez años de edad; el padre, Giovanni Luciani, contrajo segundas nupcias con una mujer muy devota que sería determinante en la vocación religiosa del niño. Formado en el Seminario Menor de Feltre y en el Seminario Gregoriano de Belluno, Albino Luciani fue ordenado sacerdote en 1935, pasando ese mismo año a Roma, en cuya Universidad Gregoriana estudió filosofía y se doctoró en teología.

Ejerció como profesor y director del Seminario de Belluno antes de ser nombrado obispo de Vittorio Veneto en 1959, y patriarca de Venecia diez años después. En 1973 obtuvo el cardenalato y entró en la Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino. Afín a la corriente renovadora iniciada con el Concilio Vaticano II, Albino Luciani había participado en sus sesiones entre 1962 y 1965, aunque prefería las labores pastorales a las de la curia.

De aquí que cuando, en 1978, fue designado sucesor del papa Pablo VI eligió su nombre y el de Juan XXIII, artífice del aggiornamento católico, como homenaje a sus predecesores y señal de continuidad de sus pontificados. Juan Pablo I no pudo, sin embargo, llevar a cabo sus propósitos, pues murió repentinamente 34 días después de su elección. Le sucedió el cardenal polaco Karol Wojtyla, que adoptó el nombre de Juan Pablo II.


El fallecimiento inesperado de Albino Luciani ha sembrado muchas dudas en el imaginario colectivo. Dudas que permanecen, a pesar del tiempo transcurrido desde aquellos acontecimientos. La versión oficial del Vaticano sembró incógnitas en la opinión pública y hasta en la misma Iglesia. Esa fue la razón por la que la Santa Sede permitió a dos investigadores, David Yallop y John Cornwell, que indagaran el súbito deceso del pontífice.

Pero sus expectativas de llegar a la verdad se vieron frustradas: las conclusiones a las que uno y otro arribaron fueron diametralmente opuestas, a pesar de haber tenido acceso a fuentes directas y testigos presenciales. El propio Vaticano las consideró conspirativas y de ciencia ficción, y acabó desechándolas. Algunos escritores y periodistas propusieron distintas hipótesis, pero no las presentaremos aquí porque derivan de conjeturas y no del acceso real a las fuentes.







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