A la hora de elaborar soluciones duraderas, prácticas y viables para luchar contra el racismo y la discriminación, las opciones pueden diferir de un país a otro. Todas las estrategias deben por lo menos incluir medidas en materia de legislación, concienciación, educación, acción positiva y participación. Las leyes por sí solas no son suficientes para luchar contra el racismo y la discriminación racial, pero obviamente son la piedra angular de esa lucha.



LA DISCRIMINACIÓN EN LA HISTORIA


En comportamiento social, la discriminación (del latín discriminatĭo, -ōnis) es el trato desigual hacia una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, diferencias físicas, políticas, de sexo, de edad, de condición física o mental, orientación sexual, etc.

En filosofía moral se ha definido a la discriminación como un trato o consideración «desventajosa». Esta definición es comparativa: una persona no tiene que ser dañada para ser discriminada, simplemente tiene que ser tratada «peor» que otras por razones arbitrarias.

La mayor parte de las personas afectadas por la discriminación son individuos pertenecientes a las denominadas minorías, pequeños grupos dentro de una sociedad, aunque hay muchos casos en los que estos grupos no son pequeños.

La cultura mesopotámica estaba compuesta de varios pueblos diferentes: sumerios, acadios, elamitas, etc, con diferentes idiomas y costumbres, pero unidos por un mismo estilo de vida: el sedentarismo.

Pues aunque sumerios y semitas acadios tenían un origen, idioma y costumbres diferentes, nunca se desarrolló entre ellos una segregación social ni cultural.

Para ellos lo contrario, lo extraño, no era el idioma, el color de piel ni la religión, sino era el nomadismo, el que no quería adaptarse a vivir en las ciudades y ser sedentario, el nómade representaba la antítesis de lo bueno y decente, se lo asociaba a la suciedad y el pillaje.

Los sumerios de la lll dinastía de Ur denominaban a los pastores nómades como Sa.du.z (intraducible porque no es una palabra de su idioma), pero fueron más conocidos posteriormente por los semitas acadios como “habiru”, o por los egipcios como “apiru”.

Para los egipcios tampoco la vida nómada era válida, ellos también rechazaban a los nómades. De hecho, los semitas hebreos o asirios denominaban a Egipto como Misraim o Musrri, que significa “país sedentario”.

Esto nos hará comprender que cuando Abraham salió de Ur para dirigirse a Canaán, no sólo estaba realizando un viaje enorme y peligroso, sino que, al convertirse en nómade, estaba descendiendo al fondo de la escala social. También por esto resulta verdadera la afirmación del Génesis de que “los egipcios no se sentaban a la misma mesa con pastores de ovejas”.

Para las culturas grecorromana, china y japonesa, el motivo de discriminación era la no pertenencia a la cultura, al sistema de ideas, al modo de vida griego, chino o japonés.

Un extranjero podía vivir toda una vida en Roma, China o Japón, aprender el idioma y prosperar, pero si no adoptaba por completo la cultura (o incluso haciéndolo) nunca dejaría de ser un “barbaro”, un “yi” o un “gaijin”, un bárbaro incivilizado, tal como los griegos trataban a persas o arameos, o los chinos y japoneses a los mongoles y europeos, que no eran parte de su cultura.

Para los musulmanes o hebreos antiguos, la discriminación en cambio se realizaba a los que no participaban de su religión. Alguien puede vivir en una comunidad, pero si no acepta la religión del grupo, se transforma en un “kafir” (infiel), o si proviene de un país no islámico es un “harbiyun” (pagano), eso lo convierte en un indeseable.

Recordemos que el máximo héroe islámico fue el Sultán Saladino, quien era un kurdo de nacimiento. No importa el origen o el color de la piel, lo importante es ser parte de la misma comunidad religiosa (la ummah).

En la cultura India los motivos de discriminación son sociales, cada uno nace en una casta y un nivel social inamovible. Un “dalit” o “hariyan” (impuro, paria) puede volverse de improviso millonario, pero a los ojos de los de una casta superior jamás dejará de ser un “intocable”, un indeseable. Eso explica que millones de indios se volvieran budistas o islámicos, era su única manera de escapar de un destino inexorable.

Finalmente, para la cultura Europeo Occidental, el motivo de discriminación es racial, lo importante es nacer dentro de una raza específica: la blanca europea. Un mestizo americano, aunque fuera parte un 100% de la cultura europea, nunca sería aceptado dentro de una comunidad blanca caucásica.

Eso explica el porqué nunca surgió en la América anglosajona, una raza mestiza indígena-europea o negro-europea. Esto lo comprendió Gandhi en su juventud en Sudáfrica, pues pese a su esfuerzo por integrarse en la comunidad cultural inglesa (estudiando, vistiéndose y hablando como inglés), nunca dejó de ser visto como un miserable indio por parte de los ingleses.

Por esto, los judíos que se asentaron en Palestina, y que eran de origen europeo, no conviven con los árabes palestinos (y judíos de color), a diferencia de los judíos orientales, que convivían muy bien con ellos.

También explica el mito nazi de la “pureza aria” esa falsa noción que glorificaba al pueblo alemán como miembro de la “raza aria”, mientras que al mismo tiempo denigraba a los judíos, a los negros, a los romaníes y a los sintis (gitanos) por ser “no arios”.




El Candelabro. Iluminando Mentes


Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.