El ajo es un excelente desintoxicante para nuestro organismo y un remedio depurativo, antiséptico y antibacteriano. Es rico en vitamina B, un compuesto esencial que reduce los niveles de homocisteína. Nos ayuda a eliminar parásitos y a liberar metales pesados como el mercurio.

La rosa picante; Capaz de ahuyentar hasta al mismísimo Conde Drácula.
Para los egipcios representaba el mundo. Decían que al comerlo se creaba la conexión divina entre el hombre y el universo, pues las capas del exterior simbolizaban los estados del cielo y el infierno, mientras que los dientes representaban el sistema solar.
En Roma estaba dedicado al dios de la guerra Marte, y se consideraba el símbolo de las virtudes militares por sus propiedades energéticas y fortalecedoras.
Los enterradores de la edad media utilizaban un collar de ajos alrededor del cuello para protegerse de los malolientes y fétidos cuerpos en estado de descomposición. Práctica que llevó a la población al esoterismo de colgar ajos en ventanas, puertas y chimeneas, para alejar a los malos espíritus.
Si bien no se conoce a ciencia cierta de donde proviene la planta de ajo, se cree que tuvo su origen en el Asia Central, en una región de nombre Kirguisa al suroeste de Siberia. Ahí comenzó a ser cultivado desde épocas muy remotas hasta expandirse por casi el planeta entero.
Sus primeros usos se remontan al antiguo Egipto. Herodoto cuenta que los esclavos encargados de construir la majestuosa pirámide de Giza utilizaron el ajo por sus virtudes curativas y alimenticias, y especialmente para incrementar su energía física, lo cual quedó grabado en algunos relieves encontrados en ella. Incluso los sacerdotes egipcios se abstenían de consumirlo por sus propiedades afrodisíacas.
Llegó a considerarse un icono sagrado que acompañó a los faraones difuntos al más allá protegiéndolos de los malos espíritus.
En Grecia se consumía para evitar el tifus y la cólera. Ademas de que los primeros atletas griegos masticaban dientes de ajo para mejorar su rendimiento en las competiciones de los juegos olímpicos. Acto también practicado por los recolectores de raíces de la antigua Grecia, antes de comenzar su arduo trabajo.
En Roma Galeno de Pergamo lo llamó “curalotodo”, ya que entre los romanos formaba parte de gran número de remedios para las más diversas enfermedades. Sin embargo su fuerte sabor y olor no lo volverían muy popular entre la nobleza. Tal y como sucedió años más tarde con la reina católica Isabel I de Castilla, que durante una de sus comidas al descubrir al poderoso ingrediente servido con abundante perejil exclamó; “¡venía el villano vestido de verde!”.
La poderosa hortaliza que Bram Stoker plasmó en su novela “Dracula”, donde el Dr. Abraham Van Helsing coloca flores de ajo en la habitación de Lucy para evitar al vampiro, es un potente anticoagulante, antibiótico, antioxidante, ayuda a regular el colesterol e incluso se le atribuyen efectos anticancerígenos.
En la actualidad es muy apreciado como condimento y se cultiva en casi todo el mundo. Está compuesto principalmente de vitamina C, B6, manganeso, fibra, selenio, cobre, calcio, fósforo, potasio y hierro. Su alto contenido de glicina es responsable de los beneficios del ajo. Convirtiéndose en ideal para combatir virus, reducir el colesterol malo y la presión sanguínea. Además de ser un poderoso antioxidante que neutraliza los radicales libres y mantiene el cuerpo más joven y protegido.

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