Era una suerte de subasta, en la cual la mujer más hermosa era ofertada por el subastador buscando un precio exageradamente alto y luego se proseguía con la que se consideraba segunda en belleza, etc. hasta llegar a las que Herodoto decía menos agraciadas, donde la cosa cambiaba: los hombres entonces recibían un dote por casarse con ella. Dicho dote venía del precio que pagaban por las mujeres más hermosas


EL MERCADO MATRIMONIAL DE BABILONIA




En sus Historias, el antiguo historiador griego Herodoto describió muchas tradiciones únicas que atestiguó durante sus viajes en Asia, en el siglo V a. C. Entre todas ellas, una de las más peculiares era la manera en que los babilonios conseguían casar a sus jóvenes mujeres en el llamado Mercado Matrimonial de Babilonia, donde se subastaban mujeres tanto a hombres ricos como a pobres

Herodoto narra que una vez al año, se citaba a todas las jóvenes solteras, cuyas familias no podían pagar una dote, en una plaza, dónde después se reunía a un grupo de hombres de todas las clases sociales.

Un subastador las ofrecía por orden de belleza, pero esto no era una especie de tráfico humano, sino que el fin era casarlas. Los hombres que asistían a la subasta, pujaban y como es lógico, el más adinerado se quedaba con la más agraciada.

Una vez subastadas todas las doncellas bonitas, se llamaba a las menos agraciadas o las que tuvieran alguna discapacidad, para conseguirles un esposo también a ellas.

Sólo que esta vez, el proceso era inverso: los hombres más pobres accedían a casarse con ellas a cambio de recibir una buena suma de dinero, pero iban siendo adjudicadas al que aceptara casarse con ellas por el menor monto que se ofrecía.

Esto garantizaba que todas las mujeres pudieran casarse, y todos los hombres lograran descendencia, financiando las bodas de las mujeres de menor belleza, con el dinero obtenido por la venta de las más bonitas.

Por extraño que parezca, esta costumbre no era exclusiva de los babilonios. También lo practicaban algunas tribus ilirias del mar Adriático.



Con respecto a la pintura, está fue realizada por Edwin Long en 1875 y fue comprada por Thomas Holloway en 1882 y actualmente es propiedad del Royal Holloway College de Londres .

En el primer plano de la pintura muestra una fila de mujeres babilónicas que están sentadas. Estas mujeres jóvenes esperan ser subastadas en el pedestal escalonado de piedra blanca que se encuentra en el centro de la pintura.

Sobre este pedestal, la primera jóven está siendo subastas, y otra mujer de piel más oscura la exhibe para la subasta. A su izquierda se encuentra el subastador, presentando a la mujer para ser vendida.

En el fondo de la imagen se ha reunido una multitud de hombres que se dedican a pujar por las mujeres. La multitud presenta hombres que parecen provenir de diferentes niveles y clases de riqueza.

Aparte de los escritos de Herodoto, Long consultó antiguas piezas arqueológicas para pintar su obra maestra. En aquella época, los británicos estaban enviando expediciones arqueológicas a Mesopotamia, obteniéndose gracias a ellas numerosos objetos procedentes de esta región, que eran inmediatamente trasladados a Londres. Al tener acceso el artista a las colecciones asirias del Museo Británico, pudo incorporar una enorme cantidad de detalles observados en estas piezas a su obra. Esto permitió a Long crear un cuadro probablemente más cercano al aspecto original de la auténtica Babilonia, en comparación con los de sus ppredecesores



Fin


El Candelabro. Iluminando Mentes


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