Un rikishi, sumōtori o, más coloquialmente, osumōsan, es un luchador de sumo profesional. Los rikishi siguen y viven las reglas centenarias de la profesión del sumo, y la mayoría proviene de Japón, el único país donde el sumo se practica profesionalmente.



Relata una leyenda japonesa que cuando el dios del trueno y de la espada, Takemikazuki fue enviado por la diosa Amaterasu para pacificar Japón. El dios de la tierra Okuninushi-no Mikoto aceptó que el país se cediese a los dioses del cielo con la condición de que sus hijos estuvieran de acuerdo con su decisión.

Takeminakata fue el unico hijo de Okuninushi-no mikoto que se rehusó a ceder el país a los dioses del cielo, por lo que tuvo que enfrentarse a Takemikazuki en un combate de Sumo. Al finalizar el combate, el control de las islas se cedió a Takemikazuki, quien, supuestamente, fundó la dinastía imperial de la que procede el actual emperador.

Más de 2000 años han transcurrido desde que se conoce la existencia del sumo, y en todo este tiempo ha pasado por diferentes etapas de mayor o menor importancia en la sociedad japonesa.

En Japón, los combates oficiales de sumo tienen lugar en un anillo de arcilla circular llamado “dohyo”.

Sometidos a una estricta dieta, los practicantes del sumo (rikishi) tienen como propósito asegurarse de que su oponente quede fuera del círculo de combate inscrito en el anillo o que toque el suelo con una parte de su cuerpo que no sea la planta de los pies.

Al ser una lucha ceremonial, ambos rikishi suben por esquinas opuestas. Apluden y dan dos pisotones en la esquina del ring. Como parte de la religión Shinto, cada luchador esparce sal en el ring (según los Shinto, la sal ahuyenta los malos espíritus).

Los peleadores se ponen en sus posiciones (Este y Oeste del ring) y, simultáneamente, pisan el ring, aplauden y extienden sus brazos en forma horizontal. Gana el luchador que saque a su rival del círculo o que haga que toque el suelo con otra parte de su cuerpo que no sean los pies.



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