Herbert George Wells, más conocido como H. G. Wells, fue un escritor y novelista británico. Wells fue un autor prolífico que escribió en diversos géneros, como ciencia ficción, docenas de novelas, relatos cortos, obras de crítica social, sátiras, biografías y autobiografías.

PROFETAS DE LA CIENCIA-FICCIÓN
Herbert George Wells (1866-1946)
Escritor y filósofo político inglés. Aunque su narrativa trató diversos temas, H. G. Wells es fundamentalmente apreciado como el primer continuador de Julio Verne, el creador de la ciencia ficción, y también como el precursor de otros grandes autores que, ya en el siglo XX, orientaron el género hacia la literatura distópica: Aldous Huxley, George Orwell, Isaac Asimov o Ray Bradbury, entre otros.
Un accidente infantil por el que se rompió la tibia y su larga convalecencia lo obligaron a permanecer durante meses en reposo. Con ocho años de edad, esta impuesta quietud propició el descubrimiento de la lectura y en particular (guiado por su padre), de autores como Charles Dickens o Washington Irving.
En su juventud, H. G. Wells estudió biología en la Normal School of Science de Londres y, alejado del humanismo clásico, se situó en una posición más cercana a las ciencias, que le proporcionó buena parte de la energía creadora que nutrió su trayectoria como novelista. Durante diez años (1913-1923) tuvo como compañera sentimental a la escritora y feminista Rebecca West.
Su producción podría dividirse en tres etapas: la de la novela científica, la familiar y la sociológica. Inaugurada pocas décadas antes por Julio Verne, la novela de ciencia ficción se convirtió pronto en un género popular gracias al genio del escritor francés; pero las escritas por Wells son también obras maestras del género gracias tanto a su interés científico como a sus sólidas estructuras estilísticas y a su prodigio imaginativo.
Basta como ejemplo la primera de ellas, “La máquina del tiempo” (1895), en la que el inventor de la máquina puede viajar hacia el pasado o el futuro con un sencillo movimiento de palanca.
El protagonista viaja al año 802701 y contempla un panorama patético, consecuencia de la doctrina evolucionista, en un mundo habitado por dos especies humanoides: los eloi, vegetarianos ociosos, apacibles y simpáticos, desprovistos de inteligencia, y los desalmados y terribles morlocks, habitantes del subsuelo y herederos de las clases sojuzgadas, que de vez en cuando suben a la superficie para devorar a los eloi.
A ésta le siguieron “El hombre invisible” (1897) en la que un científico llamado Griffin y dedicado a la investigación en el campo de la óptica inventó una forma de cambiar el índice de refracción de su cuerpo por el del aire, logrando que no absorbiera ni reflejara la luz y consiguiendo la capacidad de volverse invisible.
En el año 2014, científicos de la Universidad de Rochester diseñaron un artilugio formado por cuatro lentes que era capaz de desviar la luz y crear un punto ciego, de manera que hacía invisible cualquier objeto observado a través de él.
“La guerra de los mundos” (1898), que relata una invasión de los marcianos a la Tierra, es especialmente recordada por una versión radiofónica llevada a cabo con mano maestra por el cineasta Orson Welles en 1938; el resultado fue un programa de tal realismo que su emisión desató el pánico en Estados Unidos.
Los marcianos de esta obra atacaban con lo que Wells llamó “rayo de calor”, una súper arma capaz de incinerar a humanos indefensos con apenas un destello de luz silencioso.
Seis décadas más tarde, el 16 de mayo de 1960, Theodore Maiman disparó el primer láser operativo en el Laboratorio de Investigación Hughes de California. La descripción que Wells hizo del “rayo de calor” tiene mucha afinidad con los láseres actuales, pero también con armas de energía dirigida, como las que utilizan microondas, radiación electromagnética y ondas de radio o de sonido.
El desenlace narrativo liga sin disimulo con el auge que experimentó la bacteriología a finales del siglo XIX y con las leyes de la selección natural de las que Wells era ferviente defensor.
Muchos de los inventos y procedimientos científicos que marcaron el siglo XX fueron imaginados por Wells a finales del XIX, tales como la bomba atómica, y aparecen en novelas como “La isla del Dr Moreau” (1896) en donde un caballero de clase alta, llamado Edward Prendick, naufraga en una isla tropical perdida y conoce a un científico de nombre Moreau que trata de transformar quirúrgicamente animales en seres humanos. Los híbridos animal-humano de la novela son precursores aproximados de las quimeras embrionarias de hoy en día y presagiaron la era de la ingeniería genética.
En “Los primeros hombres en la Luna” (1901) creó una aventura con vínculo entre dos personajes muy diferentes: Cavor, científico con motivación de exploración cultural-espacial, y Bedford, un hombre de negocios sin fortuna en busca de lucro.
Ambos, tras el descubrimiento de una sustancia que anula la gravedad, viajarán a la Luna y descubrirán un singular paisaje poblado por selenitas.
Esta novela sirvió de base para el conocido corto “Viaje a La Luna” de Georges Meliés, rodado sólo un año después de la aparición del libro del imaginativo Wells.
La novela sociológica o didáctica de Wells es la que comprende más títulos, de los que se destacan “El nuevo Maquiavelo” (1911) y “El mundo liberado” (1914), en la que describe una guerra europea realizada con bombas atómicas y radioactividad.
El autor publicó más de ochenta títulos en los que se mantuvo al margen de la influencia que los autores franceses y rusos ejercían sobre novelistas contemporáneos suyos, como Henry James, George Moore y Joseph Conrad.
Escritor moderno, de gran capacidad creadora y originalidad temática, H. G. Wells se encuentra en la línea de novelistas que exponen una visión realista de la vida y mantienen a la vez una enérgica creencia en la capacidad del hombre para servirse de la técnica como medio para mejorar las condiciones de vida de la humanidad, pese a que sus novelas relatan precisamente todo lo contrario: los riesgos inherentes a los avances tecnológicos.

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