Jeffrey Lionel Dahmer, también conocido como el Caníbal de Milwaukee o el Monstruo de Milwaukee, fue un asesino en serie y delincuente sexual estadounidense que cometió el asesinato y desmembramiento de diecisiete hombres y adolescentes entre 1978 y 1991

¡EL CANÍBAL DE MILWAUKEE!
Caníbal, necrófilo y asesino en serie son los principales términos para definir a Jeffrey Dahmer. La cantidad de víctimas declaradas fueron 17, esto sucedió entre 1978 y 1991.
Lo cierto es que tuvo una infancia feliz.
Sus padres le dieron cariño desde pequeño, algo que no sucede habitualmente con la mayoría de asesinos en serie, sin embargo algo que sí pudo marcar su vida fue la separación de sus padres.
Fuera por la causa que fuese, acabó convirtiendose en un alcohólico y un gran aficionado a las drogas.
Dahmer empezó a coquetear con la muerte a los 10 años, cuando comenzó a experimentar con los pequeños animales que cazaba en un bosque que se encontraba cerca de su casa.
Al parecer, adoraba reunir y limpiar sus huesos. Este comportamiento se agudizó durante su adolescencia, recorría las carreteras de campo de Ohio en busca de cuerpos de animales muertos.
Una vez que se hacía con ellos, llevaba a los animales al patio de su casa y se dedicaba a diseccionarlos. Como bien explicó el propio Dahmer en una entrevista, él corroboró que adoraba estas prácticas en la escuela, cuando a los quince años les hicieron abrir a un lechón en una clase de biología. Aquella fue su particular revelación.
El momento en el que descubrió que adoraba la muerte.
A los 18 años cometió su primer asesinato. Estaba solo en casa y por ello, decidió salir a beber en su coche. En el trayecto se encontró con Steven Hicks, un joven de su edad que pedía “un aventón” y decidió recogerle, pues él mismo reveló que era una fantasía recoger a alguien en la carretera y tener intimidad, lo llevó a su casa, bebieron cerveza pero se dio cuenta que no era “gay”, así que para retenerlo más tiempo agarró una barra de pesas y lo golpeó en la cabeza, luego lo estranguló con la misma barra.
Al siguiente día tenía que pensar como deshacerse de las pruebas, así que con un cuchillo decidió abrir el cadáver y destriparlo, le arranco los brazos, las piernas y luego metió los restos en bolsas y así relata lo siguiente:
-Pongo las bolsas en la parte trasera del coche y me voy a tirar los restos a un barranco, a quince kilómetros. Son las tres de la madrugada. Voy por una carretera secundaria desierta y, a mitad de camino, me para un policía, por ir demasiado a la izquierda.
El agente pide refuerzos. Son dos. Me hacen la prueba de alcoholemia. La paso. Iluminan el asiento trasero con la linterna, ven las bolsas y me preguntan qué es. Les digo que basura, porque cerca de mi casa no hay ningún vertedero. Me creen a pesar del olor.
Me ponen una multa por circular demasiado a la izquierda, y vuelvo a casa… (Las bolsas) las volví a dejar en el sótano. Agarré la cabeza, la lavé, la puse en el suelo del cuarto de baño, me masturbé; luego volví a meter la cabeza con el resto de las bolsas, abajo.
A la mañana siguiente… metí las bolsas en una tubería de desagüe enterrada que medía unos tres metros. Aplasté la entrada de la tubería hasta cerrarla y las dejé unos dos años y medio dentro.
Aquel día la policía pudo haber acabado con este asesino de un solo golpe, pero la confianza de los agentes condenó a más de una docena de personas. Unos años después, Dahmer acabó con los restos abriendo la tubería, rompiendo los huesos en trocitos, y esparciéndolos por la maleza.
Según dijo antes de morir, cometió aquel crimen porque quería tener un dominio absoluto sobre su víctima y buscaba desesperadamente hallar a alguien que fuese homosexual y que no se alejase de su lado. «Nunca conocí a nadie que fuera gay, por lo menos que yo supiera; sexualmente era muy frustrante», señaló.
Así mismo cometió otros crímenes, siempre mezclados con alcohol, drogas y sexo, hasta que decidió que ya no era suficiente con asesinarlos y guardar sus craneos, entonces comenzó a devorar algunos órganos internos de sus víctimas, y hasta fue capaz de intentar mantener con vida a sus víctimas perforandoles la cabeza e inyectandoles agua hirviendo o ácido, con el fin de convertirlos en “muertos vivientes”. Todo lo ha declarado en múltiples entrevistas.
Al final una víctima logró escapar de sus garras y denunció lo sucedido con unos policias, Dahmer dio su versión de los hechos pero uno de los agentes desconfió y siguió a Dahmer hasta su habitación, donde descubrió unas fotos de restos humanos que claramente habían sido realizadas en el mismo apartamento.
En ese mismo instante, la fiesta se acabó. Dahmer fue trasladado a la comisaría de policía mientras que una búsqueda minuciosa en la cocina de su casa permitió encontrar cuatro cabezas cortadas, siete cráneos, dos corazones humanos, partes de un músculo del brazo, un torso entero y órganos humanos conservados en hielo.
Eso sólo en la cocina. En el resto del apartamento, los investigadores encontraron dos esqueletos completos, un par de manos cortadas, dos penes conservados en tarros, un cuero cabelludo momificado y tres torsos desmembrados que se disolvían en una solución ácida en un contenedor de 215 litros de capacidad, así como 74 fotos que detallaban el desmembramiento de las víctimas de Dahmer.
Llevó días detallar cada asesinato del museo de la muerte de Dahmer, fue capturado en Julio de 1991 y condenado a 5 cadenas perpetuas, así terminó siendo enviado al Columbia Correctional Institution, en Portage.
Finalmente, falleció a causa de una paliza en la cárcel propinada por Christopher Scarver, un esquizofrénico de raza negra. Una paliza que tuvo lugar el 28 de noviembre de 1994.
La serie se hizo para informar sobre sus atrocidades y de alguna manera mostrar apoyo a los familiares de las víctimas, pues aunque tarde, hubo justicia. No es una telenovela, ni una serie con un final genial.
Dejen de romantizar a este sujeto y hablar de la serie como si fuera algo ajeno a la vida real.

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