Roma envió dos ejércitos para interceptar a las tribus migratorias de cimbrios y teutones, dirigidos por Boiorix y Teutobod. Uno de los ejércitos iba al mando del cónsul Cneo Malio Máximo y el otro, del procónsul Quinto Servilio Cepio, el Viejo.

6 de octubre -105. Batalla de Arausio: 70.000 romanos aniquilados por los germanos
Autor: – Jose Miguel Delgado Valerio.
En el largo historial de éxitos de las legiones es difícil encontrar mayor concentración de incompetencia que a finales del siglo -II, cuando la soberbia y necedad de los vástagos de las familias patricias o de la nobleza plebeya, que creían haber heredado con su nomen las destrezas militares de sus ancestros, llevaron a la muerte a decenas de miles de romanos en las guerras contra númidas y germanos.
En el -113, al llamar tribus nóricas llamaron a Roma para defenderlas unos extraños inmigrantes, gigantes rubios de piel y ojos claros, cuyas tierras inundadas por el mar del lejano norte andaba buscando nuevas tierras: eran las tribus germanas de los cimbrios y teutones, a los que se unieron en su camino tribus celtas como los boios o tigurinos.
Roma envió al cónsul plebeyo Cneo Papirio Carbón, que buscando obtener gloria en su año militar, fingió pactar una tregua para emboscarles; pero traicionado por unos guías, los 70.000 guerreros germanos cayeron sobre las legiones. Al que sólo salvó de la aniquilación una tormenta, cuyos truenos los supersticiosos germanos tomaron por ira del dios Thor.
Por ello, los germanos no avanzaron al sur, desapareciendo, y Roma se dedicó a enviar incompetentes a la guerra con Yugurta de Numidia. En el -110 tomó el mando un competente (y además, honrado) general, Metelo el Numídico; por ello, a los germanos, reaparecidos en la Galia, se enfrentó un inútil, Junio Silano: derrotado, su ejército huyó y perdió el campamento.
Por suerte para Roma, la horda era tan grande que depredaba los recursos de una zona rápidamente, y tenía que desplazarse continuamente: se internaron en la Galia, y no retornaron hasta el -107.
Voy Uno de los cónsules, el “hombre nuevo” Cayo Mario, fue enviado a Numidia, donde Metelo, pese a lograr victorias, no acababa de ganar la guerra. El otro, el noble plebeyo Lucio Casio Longino, marchó contra los germanos.
Les venció en un primer combate, apoderándose de muchos de sus carros que se llevo consigo, ralentizándolo, y siguió su pista hasta Burdigala, que asaltó, tan seguro de sí que ni envió exploradores, y cayó en una emboscada: Casio murió con 10.000 de sus hombres, y los supervivientes tuvieron que entregar armas y suministros, y humillarse pasando “bajo el yugo” para ser perdonados.
A finales del -107, Cneo Servilio Cepion celebró un triunfo por sus victorias sobre los lusitanos, y con el prestigio de la gesta, unido a su linaje patricio y su riqueza, logró ser cónsul para el -106, y dirigir la guerra contra los germanos… que se desplazaron al norte de la Galia.
Cepio aprovechó para castigar a la tribu gala de los tectosagos, que les habían apoyado: tomó su capital, Tolosa, y obtuvo noticias de que en uno de sus lagos sagrados se escondía un gran tesoro. Drenó el lago, y encontró 305 kg de oro y 335 de plata, que envió a Roma bajo escolta; pero camino a Marsella, el convoy fue asaltado, sus legionarios masacrados, y no se supo.
Pronto corrieron rumores acusando al propio Cepio de estar detrás de la emboscada, y sus descendientes (su nieta fue Servilia, la amante de Cesar y madre de Bruto) fueron muy ricos.
Sin duda Cepio esperaba que se le prorrogase el mando de la guerra hasta su finalización, igual que a Mario en Numidia.
Por ello, la designación (-105) del nuevo cónsul Cneo Malio Máximo para dirigir la guerra, quedando Cepio subordinado a él como procónsul, atacó su orgullo patricio, máximo.
Se negó a obedecerle, y sólo los ruegos de una embajada del Senado logró que uniese sus tropas. pero en lugar de acampar juntos, lo hizo en la orilla contraria del río Ródano, por cuya ribera descendían la horda de 300.000 germanos, de los que 70.000 eran guerreros.
En un primer momento, los germanos cayeron sobre el legado Marco Aurelio Escauro, enviado como avanzadilla por el cónsul con 5.000 jinetes. Pero Escauro cometió el error de atrincherarse en un campamento, donde su caballería era inútil: la horda lo rodeó, asaltó el campamento, y Escauro fue quemado en una jaula de mimbre en sacrificio a los dioses.
La pérdida de la caballería fue letal para la campaña.
La derrota hizo que Cepio cruzase de orilla, pero en lugar de unirse al cónsul, acampó varios km río arriba, en Arausio. Cuando se enteró de que el cónsul negociaba con los germanos, temiendo perder la oportunidad la victoria, ordenó atacar precipitadamente.
Pero los germanos les superaban, muchos ya tenían armamento romano, y las tropas de Cepio fueron aniquiladas y su campamento, arrasado. Cepio y su hijo se salvaron: fueron los primeros en huir en una barca río abajo.
Los germanos marcharon contra el cónsul, cuyas legiones novatas, tras ver la masacre de las legiones de Cepio, no estaban en condiciones morales de combatir.
El cónsul las desplegó protegiendo su izquierda con el río; pero sin caballería para proteger el flanco derecho, fue rodeado por los jinetes germanos, y sus tropas, empujadas contra el río: a los que no mataron los germanos, perecieron ahogados.
Cepio y Malio sobrevivieron, pero fueron juzgados y exiliados.
La fuente más próxima, Rutilio Rufo, el otro cónsul del -105, dice que murieron 70.000 romanos. Ello sitúa a Arausio, junto con Cannae, como la derrota romana con más bajas. Sin embargo, la importancia histórica de una batalla no debe medirse por el número de baja, sino por las consecuencias que se ellas se derivan.
Las consecuencias más notables fueron:
1º profundizar la necesidad de las reformas de Mario, pasando de un ejército de ciudadanos-propietarios reclutados, a un ejército profesional de legionarios a sueldo.
2º la re-elección de Mario como cónsul cinco veces seguidas (-104/-100) socavando las instituciones republicanas, ya que le creó una base de poder social que fue decisiva la desencadenar la 1ª guerra civil romana (-88/-82)
En términos macrohistóricos, la derrota de Arausio no fue grave: Mario, el vencedor de Numidia, acabó con los germanos en el -101, y Roma continuó expendiéndose durante varios siglos, y durando muchos más. Teutoburgo (9) o Adrianópolis (378), con muchas menos bajas, tuvieron consecuencias más importantes a largo plazo.
Fuentes clásicas:
Dion Casio. Historia romana. Libro 27.
Plutarco: Vida de Mario y Vida de Sertorio.
Estrabón. Geografía. Libro 7.
Granio Licinio. Fragmento del año -105.
Paulo Orosio: Historia contra los paganos.
En las imágenes:
1º Carga de la caballería germana contra las legiones. Autor: Giusseppe Rava.
2º Combate entre romanos y germanos. Autor: Igor Dzis.
3º. Mapa de la batalla de Arausio. Fuente: web Arre Caballo.
4º. Mapa de la migración germana. Fuente: web Arre Caballo.




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