La moringa es originaria del norte de India, Etiopía, Filipinas y Sudán, aunque abunda en muchos países tropicales y subtropicales. La planta se cultiva en África, Asia tropical, América Latina y el Caribe, Florida y las islas del Pacífico.



El árbol milagroso


Cuando los hijos de Israel llegaron y acamparon en el desierto de Shur, el agua que había en un lugar al que llamaron Mara, tenía un sabor extremadamente amargo, volviéndose imposible beberla. Fue entonces cuando Dios le brindó a Moisés un árbol sagrado que al ser arrojado al agua la volvió dulce y bebible.

La historia del árbol de moringa empieza en el subcontinente indio alrededor del año 2000 A.C. El árbol originario del sur del Himalaya y norte de la India es capaz de crecer en casi cualquier tipo de suelo, incluso en condiciones de elevada aridez estacional. Los nativos utilizaban la moringa como medicina tradicional en infinidad de enfermedades.

Desde la India llegó al antiguo Egipto, donde su uso más común consistía en protegerse la piel del duro calor del desierto mediante cremas de belleza, ungüentos sagrados, protectores de la piel contra infecciones, repelente contra insectos y acondicionador de la piel y el cabello.

Más tarde el “árbol siempre verde” llegaría a manos de Romanos y Griegos que pronto la apreciaron por sus innumerables propiedades terapéuticas, además de apoyarse de ella para hacer perfumes y purificar el agua para beber.

En la actualidad, el también llamado árbol de la vida va tomando gran popularidad alrededor del mundo, pues contiene sustancias que favorecen la disminución de la presión arterial y la concentración de glucosa en sangre. Posee una gran cantidad de nutrientes y antioxidantes que favorecen la salud, previniendo enfermedades degenerativas.

Su alto contenido de hierro, calcio y magnesio, fortalece en gran medida los huesos, el sistema nervioso y el tono muscular.

Gracias a sus vitaminas y minerales como la vitamina C, polifenoles y ácido clorogénico, ayuda a aumentar la capacidad respiratoria para combatir enfermedades como el asma, prevenir la diabetes, proteger el corazón, y ayudar en la pérdida de peso por su alto contenido de fibras y una elevada cantidad de proteínas que ayudan a aumentar la sensación de saciedad.

Ademas de beneficiar en gran medida al ser humano, el árbol de moringa aporta una elevada cantidad de nutrientes al suelo, protegiéndolo de factores externos como la erosión, la desecación y las altas temperaturas.



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