Ambos hombres forman parte de la historia de Costa Rica, por lo que jamás serán olvidados. Fueron personajes claves en defender el suelo patrio, expulsando de Nicaragua a los filibusteros norteamericanos. Juanito Mora fue fusilado en Puntarenas el 30 de setiembre de 1860 y José María Cañas el 02 de octubre del mismo año.



Las ejecuciones de Juan Rafael Mora Porras y José María Cañas Escamilla, constituyen el episodio más oscuro y controvertido de la historia política de Costa Rica, durante la segunda mitad del siglo XIX. Pese al exitoso y decisivo desempeño de ambos personajes durante la campaña militar de 1856 y 1857, contra la presencia filibustera en Nicaragua, el domingo 14 de agosto de 1859, el Gobierno de Mora Porras fue derrocado por los comandantes de los cuarteles de San José, el coronel Lorenzo Salazar y el mayor Máximo Blanco, quienes junto con otros enemigos políticos, en especial, Vicente Aguilar, organizaron el levantamiento militar.

Luego de que fuese designado como Presidente provisional de la República, el Dr. José María Montealegre, ordenó al mandatario derrocado, la inmediata expulsión del territorio costarricense, junto con su hermano José Joaquín, su cuñado el general José María Cañas Escamilla y Manuel Argüello Mora, su sobrino y asesor. Éstos y otros funcionarios del Gobierno fueron conducidos a Puntarenas, para luego zarpar a bordo del vapor “Guatemala” hacia El Salvador.

En el extranjero, Mora Porras preparó una invasión para recobrar el poder; viajó a Estados Unidos en busca de ayuda y armas. El 17 de setiembre de 1860 desembarcó en Puntarenas – acompañado de José Joaquín Mora Porras, José María Cañas y Manuel Argüello -; los moristas tomaron la ciudad y se apoderaron de una franja de territorio que llegaba al río Barranca.

El gobierno de Montealegre reaccionó rápidamente, y envió una fuerza militar que venció a Mora en la batalla de La Angostura. Tras la derrota, Mora Porras le solicitó asilo al cónsul británico Richard Farrer, pero terminó entregándose al Gobierno, a cambio de asegurar la integridad de sus allegados.
Sin embargo, durante la mañana del mismo 30 de setiembre de 1860, luego de un cuestionado juicio militar, el ex presidente Mora Porras fue condenado a ser pasado por las armas a las tres de la tarde, en el sitio conocido como “Los Jobos”, en Puntarenas. Dos días después, pese a las condiciones que propuso el mismo Mora para su entrega, corría su misma suerte, el otrora general Cañas.



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