Los primeros radares utilizaban longitudes de onda muy elevadas, mayores que los objetivos; las señales que recibían eran tenues. Los radares actuales emplean longitudes de onda más pequeñas (de pocos centímetros o inferiores) que permiten detectar objetos del tamaño de una barra de pan.

ANTES DE LOS RADARES… ERAMOS TODO OIDOS
La ubicación acústica se utilizó desde mediados de la Primera Guerra Mundial hasta los primeros años de la Segunda Guerra Mundial en los diferentes ejércitos del mundo para la detección pasiva de aeronaves captando el ruido de los motores.
Las técnicas acústicas tenían la ventaja de que podían “ver” alrededor y sobre las colinas, debido a la refracción del sonido. La tecnología quedó obsoleta antes y durante la Segunda Guerra Mundial por la introducción del radar, que era mucho más efectivo.
El primer uso de este tipo de equipo lo reivindicó el comandante Alfred Rawlinson de la Royal Naval Volunteer Reserve, quien en el otoño de 1916 comandaba una batería móvil antiaérea en la costa este de Inglaterra.
Dos espejos de sonido en diferentes posiciones generarán dos rodamientos diferentes, lo que permite el uso de la triangulación para determinar la posición de una fuente de sonido.
A medida que se acercaba la Segunda Guerra Mundial, el radar comenzó a convertirse en una alternativa creíble para la ubicación de sonido de los aviones. Gran Bretaña nunca admitió públicamente que estaba usando radar hasta bien entrada la guerra y, en cambio, se le dio publicidad a la ubicación acústica, como en los EEUU.






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