Considerado con frecuencia el mejor y más completo futbolista y goleador del mundo y uno de los mejores de todos los tiempos, es uno de los futbolistas más laureados de la historia, habiendo ganado, entre otras distinciones, cinco veces el Balón de Oro, cinco premios de la FIFA al mejor jugador del mundo y cuatro Botas de Oro. En 2020, tuvo el honor de ser elegido el mejor Jugador del Siglo 21, en la gala de los Globe Soccer Awards, convirtiéndose en el primer futbolista europeo y el primer portugués en recibirlo, además de ser incluido en el Dream Team del Balón de Oro.

Los que se alegran o se ríen de ver a este tipo en el banco (del Manchester, a donde no volverá, o de Portugal, donde ya se juega mejor sin él que con él) no pueden estar bien de sus cabezas. O no les gusta el fútbol. Algo así.
No es posible que te alegres de ver como sustituto a uno de los mejores deportistas de todos los tiempos. Subrayo deportistas, no solo futbolistas.
Quien haya leído cualquier artículo serio y detallado sobre lo que ha sido la carrera de este extraclase siente una admiración sin límites. Y no hablo ahora de récords o méritos o títulos. Negativo. Hablo ahora de esfuerzo y sacrificio. Este tipo ha sido un deportista brutalmente ejemplar.
Para sus compañeros de equipo han resultado desconcertantes las rutinas de entrenamiento de Cristiano Ronaldo. El primero en llegar al gimnasio, el último en irse. He leído testimonios de futbolistas de primer nivel que lo dicen: “Es imposible seguirle el ritmo de entrenamiento”.
Cuando regresó a Manchester los jóvenes decían que sentarse a comer con Cristiano era una desgracia: no los dejaba probar un bocado que no fuera saludable para sus organismos. Esa es la vida que ha llevado como atleta. Se ha partido el culo para extender su nivel en la élite lo más posible. Cero escándalos, cero excesos, cero parrandas, cero nada que lo desenfocara de su objetivo en la vida.
Nadie, absolutamente nadie en el fútbol ha durado a ese nivel la década que Messi y él han protagonizado, la década que nos han regalado. Ni Maradona, ni Zidane, ni Ronaldinho, ni Figo, ni Romario, ni Baggio: na-die. Nadie extendió tanto el estrellato. Nadie jugó a ese nivel por tanto tiempo. Solo este y el chiquitito.
Y que conste: siempre admiré más al chiquitito. Solo un tipo con una voluntad de hierro como este, un competidor salvaje e inclaudicable como este, podría haberle aguantado el reto a un Messi que nació con el genio de la lámpara dentro. Cristiano eliminó esa distancia a golpe de esfuerzo, de concentración, de fuerza mental. Es un ejemplo de vida.
A mí no solo no me da risa su declive, o su resistencia a admitir el declive: a mí me escuece, me duele, como mismo contaban Magic Johnson y Larry Bird que les amargaba la vida notar que el rival tenía gravísimos problemas en la espalda (Larry) o que contrajo el VIH (Magic).
Esto solo se ve una vez en una vida, no me jodan. No esperen que Haaland y Mbappé repitan un duelo ni parecido, por muy extraordinarios que sean (y lo son).
¿Es un ególatra infumable? Totalmente. ¿Desespera su ansia de protagonismo? Anjá. ¿Y cómo crees que llegó a esto? Quieras aceptarlo o no, solamente un tipo obsesionado con ganar, obsesionado con el estrellato, es capaz de matarse entrenando luego de ganar uno, dos, tres, cuatro, cinco balones de oro, luego de pasar de los treinta y tantos años, luego de ganarlo prácticamente todo. A ese egocentrismo, a esa personalidad se le debe haber disfrutado de su duelo con Messi, de su rendimiento en el fútbol por tantos años. Cristiano sin ego habría sido un jugador más.
Hay que estar locos para burlarse del ocaso de un tipo paradigmático para el deporte. O directamente tiene que no gustarte el deporte.

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