El 11 de noviembre de 1918 finalizó con el armisticio de Compiègne la que hasta el momento había sido la guerra más devastadora de la historia de la Humanidad. La Gran Guerra fue un conflicto que sería la antesala de otro que, años más tarde, tendría aún consecuencias más terribles, la Segunda Guerra Mundial.



De izquierda a derecha están: el almirante alemán Ernst Vanselow, el conde alemán Alfred von Oberndorff del Ministerio de Relaciones Exteriores, el general alemán von Winterfeldt Detlof (con casco), el oficial naval británico capitán Jack Marriott. De pie delante de la mesa: Matthias Erzberger, jefe de la delegación alemana. Detrás de la mesa están los dos oficiales de la marina británica, el contraalmirante George Hope, primer lord del Mar almirante sir Rosslyn Wemyss, y los representantes de Francia, el mariscal Ferdinand Foch (de pie), y el general Maxime Weygand.

El armisticio del 11 de noviembre de 1918 fue un documento firmado en Le Francport, cerca de Compiègne, que terminó la lucha en tierra, mar y aire en la Primera Guerra Mundial entre los Aliados y su oponente, el Imperio Alemán. Previamente ya se habían acordado armisticios por separado con Bulgaria, el Imperio Otomano y el Imperio Austrohúngaro.

Conocido como el Armisticio de Compiègne por el lugar donde fue firmado a las 5:45 horas,​ entró en vigor a las 11:00, hora de ese mismo día, y marcó una victoria para los aliados y una derrota para Alemania, aunque no formalmente una rendición.

Los términos, en gran parte escritos por el comandante supremo aliado, el mariscal Ferdinand Foch, incluían el cese de las hostilidades, la retirada de las fuerzas alemanas detrás del Rin, la ocupación aliada de Renania y las cabezas de puente al este, la preservación de la infraestructura, la rendición de aviones, buques de guerra y material militar, la liberación de prisioneros de guerra aliados y civiles internados, eventuales reparaciones, la liberación de prisioneros alemanes y la prolongación del bloqueo naval de Alemania.

Aunque el armisticio puso fin a los combates en el Frente Occidental, la guerra oficialmente siguió hasta que fue firmado el Tratado de Versalles el 28 de junio de 1919 y que entró en vigor el 10 de enero de 1920.

Para conmemorar este evento los franceses colocaron una estatua del mariscal Foch y una lápida con la inscripción: “Aquí, el 11 de noviembre de 1918, sucumbió el orgullo criminal del Imperio alemán, vencido por los pueblos libres que pretendía domeñar”.

Dos décadas después, sobre este lugar y en el mismo vagón, fue igualmente firmado el armisticio del 22 de junio de 1940 tras la batalla de Francia al inicio de la Segunda Guerra Mundial, pero esta vez serían los franceses quienes se rendirían ante sus rivales germanos. El vagón donde se firmó el documento sería llevado a Berlín para ser expuesto a la población berlinesa y terminaría siendo destruido por los alemanes para que no volviese a manos aliadas.

A raíz de la guerra, Foch era un acérrimo defensor de una paz aún más dura de la que finalmente se acordó en Versalles. Expresó su descontento al manifestar y profetizar con la famosa frase: “Este no es un tratado de paz, sino un armisticio de veinte años” y no se equivoco: veinte años y 64 días después, estalló la Segunda Guerra Mundial.



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