El origen del café es difuso, no se conoce exactamente cuándo ni cómo el hombre descubrió el café, su fruto y sus propiedades estimulantes. El dónde parece bastante claro que fue en África, concretamente en las montañas de Etiopía. El resto forma parte de una de las mayores leyendas sobre el café, la leyenda de Kaldi.



Una Bebida Atractiva y Romántica.


Cuenta una leyenda que cuando el joven pastor yemení llamado Kaldi salió con sus cabras a realizar su habitual recorrido, observó un comportamiento extraño en su rebaño. Cuando Kaldi las llamó con el sonido de su alegre flauta, las cabras no hicieron caso de la peculiar música, entonces una preocupación invadió al joven, el sol estaba por caer y Kaldi corrió a buscar a su rebaño.

Después de un largo camino, cansado y preocupado, el pastor observó asombrado como sus cabras brincaban y saltaban enérgicamente, tras ingerir los frutos rojos de un arbusto hasta entonces desconocido. Sorprendido por éste hecho el pastor arrancó varios frutos y se los mostró a un superior religioso de un convento cercano.

El religioso probó a hervir las bayas y beber la infusión resultante que al tener un sabor extremadamente amargo fue desechada. Al tirar aquellos frutos al fuego observó cómo al tostarse desprendían un agradable aroma. De nuevo probó a preparar una infusión con las bayas ya tostadas, descubriendo entonces lo que hoy es una de las bebidas más populares en el mundo; el café.

La historia del café comienza en las regiones montañosas del cuerno de África, Etiopía, de donde paso a Yemen, situado al sur de la península arábiga pues los esclavos a los que se llevaba de lo que es hoy el Sudán a Yemen y Arabia a través del gran puerto de aquel entonces, Moca, sinónimo ahora con el café, comían la suculenta parte carnosa de la cereza del café.

Muchos estudios afirman que «café» proviene del término árabe Qahwa, cuyo significado es “estimulante”.
Por medio del botánico alemán Leonhard Rauwolf el café llegó a Europa, aunque otras fuentes afirman que fue hasta 1615 cuando los venecianos llevaron la fabulosa bebida al viejo continente.

Conocido como “la taza del diablo” no todos los europeos lo aceptaron con los brazos abiertos. Pues los sacerdotes católicos afirmaban que desprendía el olor del Islam, y parecía más bien un sustituto del vino que se usa en la Eucaristía.

Razón por la cual, fue prohibido, pero hubo mucha consternación por parte de la gente y tuvo que intervenir el papa Clemente VIII, que al probarlo declaró lo siguiente:

“¡Esta bebida del diablo es tan deliciosa… deberíamos engañar al diablo bautizándola!”

Pronto el café pasó a ser la bebida protagonista de establecimientos que se convirtieron en lugares muy concurridos en los que se jugaba al ajedrez, se intercambiaban chismes y se disfrutaba del canto, el baile y la música. Decorados con lujo y cada uno de ellos tenía su propio carácter.

Nada había existido antes como el establecimiento de café: un lugar en el que se podía hacer vida de sociedad y tratar de negocios en un ambiente cómodo y al que todo el mundo podía ir por el precio de un café.

Actualmente es una de las bebidas más consumidas a nivel mundial y se cree que es beneficioso para la salud, ya que aporta nutrientes y protege al organismo contra ciertas enfermedades. Es una gran fuente de antioxidantes y es un gran aliado en la dieta, no solo aporta energía, sino también provee al organismo de vitaminas y minerales fundamentales para combatir diversas enfermedades, y prevenir Alzheimer y Parkinson.

Todas estas leyendas del café, cortas, coinciden en un aspecto, el poder del café para dar energía y vitalidad. Presentan el café como un alimento reconfortante, con efectos casi mágicos.

Todas estas leyendas, en conjunto, nos permiten imaginar cómo fue realmente el descubrimiento del café, hace más de mil años, en tierras africanas. Lo demás, es historia.



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