Los fantasmas, en el folklore de muchas culturas, son supuestos espíritus o almas errantes o en pena de seres muertos (más raramente aún vivos), o seres del plano espiritual, que se manifiestan entre los vivos de forma perceptible (por ejemplo; visual, a través de sonidos, aromas o desplazando objetos principalmente en lugares con los cuales presentan un vínculo; tales como los que frecuentaban en vida, o en asociación con sus personas cercanas, en el caso de las almas de los fallecidos.



EL FANTASMA DEL BOSQUE NEVADO (cuento fantástico):


Autor: Francisco Javier Fontenla García. Texto libre, a disposición de quien quiera compartirlo.


Yuri era una chica japonesa de catorce años, que al salir del instituto tomaba el metro para volver a su casa. Una fría noche de invierno la estación estaba casi desierta, salvo por unos jóvenes de mal aspecto y por dos ancianos sin hogar que dormían arrimados a las paredes. Los chicos se enteraron de que Yuri iba sola y empezaron a molestarla, pero entonces uno de los vagabundos despertó y los amenazó con una espada de madera, como las que se emplean en el arte del kendo. Los gamberros huyeron y Yuri le dio las gracias al vagabundo, que dijo llamarse Temura.

Yuri le dijo:

-Me gusta su espada, Temura-San. Mi hermano mayor también es bueno en kendo, pero a mí mis padres no me dejan practicar artes marciales, porque piensan que son cosa de hombres.

El señor Temura suspiró y dijo a su vez:

-Ya veo. Pensar que las niñas deben ser princesas es un error muy común, que a veces tiene malas consecuencias. Escucha, Yuri-chan: ahora que empiezan las vacaciones de invierno, ¿quieres que te enseñe algo de kendo? Podríamos practicar en el bosque, sin que se enteren tus padres.

Yuri aceptó. Aquella misma noche entró en el cuarto de su hermano y le dijo:

-Onii-chan, ¿me dejas tu espada? Es que mis amigas y yo queremos hacer un cosplay de Sword Art Online.

Durante los días siguientes Yuri se inició en la práctica del kendo, bajo las sabias directrices del bondadoso señor Temura.

Pero una tarde no lo encontró cuando llegó al bosque. Lo buscó por todas partes, pero no pudo hallar el menor rastro de él. Aun así, Yuri siguió yendo al bosque todas las tardes, con la esperanza de que su maestro volviera algún día.

Fue entonces cuando Akane, una niña de diez años que jugaba con sus hermanos en el bosque, se separó de los demás niños para buscar un balón y entonces desapareció sin dejar rastro. Este extraño suceso hizo que la gente recordara una vieja leyenda, recogida por un erudito en su libro sobre el folclore local. Muchos años antes, en el santuario del bosque vivía un sacerdote con su nieta, que era una muchacha muy hermosa, pero de frágil salud. Como no tenía dinero para comprar medicinas, el sacerdote, que era experto en artes marciales, viajó a la ciudad para participar en un torneo y, a pesar de su avanzada edad, obtuvo los mayores premios gracias a su destreza. Mientras él estaba en la ciudad, unos hombres asaltaron el santuario y violaron a su nieta. Esta, traumatizada, dejó de hablar y de comer, hasta que murió aquel mismo invierno. El sacerdote, sintiéndose culpable por haberla dejado sola, se suicidó. Según la leyenda, su fantasma volvía al bosque cuando caían las nieves del invierno. Y, si entonces encontraba alguna niña sola y desamparada, pensaba que era su nieta y se la llevaba al Más Allá, para así aliviar su soledad.

Pero Yuri no tenía miedo y siguió yendo al bosque por las tardes, a pesar de que cada día tenía menos esperanzas de volver a ver a Temura-San. Una tarde vio unas huellas recientes sobre la nieve y, pensando que podían pertenecer a su maestro, las siguió hasta llegar a una casa abandonada. Al entrar encontró a Akane, la niña desaparecida, que estaba atada a una silla y tenía una mordaza en la boca. Yuri liberó a la niña, pero entonces apareció su secuestrador, que no era ningún fantasma, sino un peligroso psicópata. Este sacó un cuchillo e intentó matar a Yuri, pero la muchacha se enfrentó a él con su espada. Aprovechando las enseñanzas de Temura-San, consiguió esquivar su ataque y desarmarlo mediante un golpe en la mano. Luego le dio otro golpe en la cabeza y huyó con Akane mientras el secuestrador gritaba de dolor.

…

Días después, al volver del instituto Yuri fue abordada por uno de los viejos vagabundos que se refugiaban en la estación. Este le dijo:

-Vi tu foto en el periódico, eres la chica que rescató a la niña secuestrada. No me sorprende: ya me pareciste muy valiente cuando tú sola hiciste huir a unos vándalos.

-Muchas gracias, pero eso no es cierto. Quien se enfrentó a ellos fue Temura-San, el hombre que entonces dormía con usted en la estación.

-¿Temura-San? Jamás había oído ese nombre. Y aquella noche aquí solo dormía yo.

Cuando llegó a su casa, Yuri buscó su ejemplar del libro donde se narraba la leyenda del sacerdote fantasma. Tachó la última línea y la corrigió escribiendo con un lápiz:

“Y, si encontraba alguna niña sola y desamparada, hacía por ella lo que no había podido hacer por su nieta.”


Fin


El Candelabro. Iluminando Mentes


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