La leyenda de las amazonas ha apasionado a viajeros y a historiadores de todos los tiempos. Sobre el tema existe mucha más bibliografía de lo que se espera encontrar. Pierre Samuel recoge en su obra numerosos
textos y una abundante bibliografía desde la antigüedad hasta nuestros días, sobre amazonas en Asia Menor, en Grecia, en la Bohemia, en África y en América, así como las diferentes teorías a lo largo de la historia sobre su leyenda o realidad.



Las Amazonas en América


El mito de las mujeres guerreras ya aparece en la Grecia clásica y por supuesto, renace en distintos puntos de América desde los primeros momentos del descubrimiento.

Ya Cristóbal Colón, en las anotaciones correspondientes al 16 de enero de 1492, habla de la isla de Martinino, al suroeste de

La Española, donde había mujeres que vivían sin hombres, que en determinadas épocas del año importaban varones para procrear y desechaban a los hijos que nacían varones.

Años después, uno de los pilotos que acompañó a Magallanes contó a Antonio Pigafetta (uno de los pocos supervivientes que lograron dar la vuelta al mundo con Elcano) que había una isla solo con mujeres, y éste se refiere a ella como la isla de Ocoloro, en las proximidades de Java.

También aquí se hace referencia a cómo estas mujeres si tenían un hijo varón lo desechaban y cómo si algún hombre osaba pisar sus tierras lo mataban.

Cortés en sus cartas al rey del 14 de octubre de 1524 le comunica algo sobre una tribu de mujeres que vivían en Colima, al sur de Panamá. A Diego de Almagro le relataron los indios en 1535 cómo había una basta región dominada por mujeres cuya reina se llamaba Guanomilla (que significa cielo de oro).

Jerónimo de Ortal en 1536 visitó a una cacica llamada Orocomay, que era gran amiga de cristianos. A ella solo la servían mujeres y no había hombres en su ciudad. Igualmente los hombres de Jiménez de

Quesada recibieron noticias sobre la misma cuestión cuando estaban acampados cerca de valle de Bogotá. La reina de estas amazonas se llamaba Jarativa y su poblado era rico en oro.

Quesada envió a su hermano Hernán en busca de estas tierras, pero fracasó en su misión, volviendo meses después con la creencia de que se había quedado muy cerca de su objetivo.

Fray Gaspar de Carvajal, que formó parte del grupo que recorrió con Orellana el Amazonas, relata cómo en febrero de 1542, en una parada junto al río Napo, unos indios les dijeron que si iban a visitar los territorios de las Amurianos, a las que ellos llamaban “grandes señoras”, tomasen precauciones pues eran muchas y muy belicosas y que los matarían.

Carvajal escribió en sus crónicas que meses después, en junio, en un nuevo enfrentamiento con los indios, acudieron en auxilio de estos las referidas mujeres con arcos y flechas, que lanzaban con gran fuerza y certeza y eran muy bravas, pues si veían a alguno de los hombres huir lo mataban a palos.

En Venezuela, al capitán Pedro Limpias le ofrecieron dos coronas de oro que decían eran de las amazonas. En estas mismas tierras, los capitanes alemanes Spira y Hutten tuvieron noticias de estas mujeres, que vivían en un sitio llamado Ocuarica bajando el río Manna.

Existen más relatos sobre este mito, que también llegó al Brasil. Sobre la descripción de las amazonas, la mayoría de los relatos coinciden en describirlas como mujeres fuertes y altas, de piel blanca, con el pelo muy largo entrelazado en la cabeza, y que iban desnudas.

Eran muy diestras en el manejo del arco y las flechas, y algunos relatos cuentan que para manejarlo mejor se cortaban el pecho derecho.


Fin


El Candelabro. Iluminando Mentes


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