En Chartres se encuentra la Maison Picassiette, una original casa decorada completamente con mosaicos de vidrio y cerámica. Toda una obra de arte creada por Raymond Isidore, un basurero que dedicó 30 años de su vida a decorar todos los rincones de su casa. En el año 1954 Pablo Picasso visitó esta original obra, que actualmente es Monumento Histórico de Francia.

Raymond Isidore, “el Picasso de la vajilla”
La Mansión Picassiette es una extraordinaria construcción realizada por Raymond Isidore situada en un suburbio a las afueras de la ciudad de Parìs. En su construcción, Isidore empleó 26 años de su vida y se calcula que utilizó unas 15 toneladas de fragmentos de vajilla y cristal.
A Raymond Isidore se le podrá catalogar de muchos modos menos de “persona normal”. Nació un 8 de septiembre de 1900, hijo de un fundidor y de una costurera y séptimo de los hermanos. A los seis años, sin motivo aparente, perdió súbitamente la vista, a los diez perdió a su padre y a los once, recuperó la vista del mismo modo que la había perdido (años más tarde se atribuiría este hecho a un milagro de la virgen), a los doce ocupó el lugar de su padre en la fundición y a los veinticuatro se casó con una viuda bastante mayor que él que tenía tres hijos
Al poco tiempo de casarse compró un terreno en las afueras de Chartres y con sus propias manos levantó una humilde vivienda para él y su familia. La casa tenía lo justo, una cocina-comedor y dos habitaciones, restando en la parte trasera un porción de terreno sin construir. En 1935, tras perder su trabajo en la fundición, Raymond comenzó a trabajar en el vertedero municipal. No se sabe si los motivos fueron místicos o religiosos, artísticos o interesados por el reciclaje, o simplemente fruto del aburrimiento, la cuestión es que estando trabajando en el vertedero a Raymond le llegó la inspiración de recrear en su casa los rosetones y vidrieras que habían decorado la catedral de Chartres y que habían sido destruidos durante los bombardeos de la guerra, para “devolver a la catedral sus ojos”.
Así fue como comenzó a guardar en sacos todos los pequeños trozos de cristal o cerámica que encontraba en el vertedero. En su mente se iba fraguando lentamente lo que sería el motivo y el trabajo de su vida y que se convertiría desde entonces en una obsesión para él. Sus problemas nerviosos y psicológicos, a los que algunos achacarían más tarde su ceguera infantil, hicieron que se librase de la vida militar, de modo que se pudo dedicar en pleno a la labor que le llevaría el resto de su vida.
Durante dos años se dedicó a buscar por doquier esos pequeños y valiosos trozos de vidrio y cerámica.
En estos tiempos se ganó el apodo de Picassiette con el que ha pasado a la posteridad. Según algunos, Picassiette es una combinación de Picasso y assiette (plato), lo que vendría a significar algo así como “el Picasso de la vajilla”. Según otros el nombre viene de pique-assiette, que en francés significa “gorrón”, pero que en sentido literal podría traducirse como “roba-platos” o “rompe-platos”, piqué también equivale a “tocado del ala”, con lo que la combinación podría derivar en “el loco de la vajilla”.
La cuestión es que cuando Picassiette pensó que ya tenía bastante material recolectado, se encerró en su casa y comenzó su gran obra. Empezó a cubrir con mosaicos los suelos y las paredes, más tarde el mobiliario y luego, cualquier objeto cotidiano del hogar. Cuando todas las habitaciones estuvieron cubiertas de mosaicos, comenzó con la parte exterior de la casa y luego, con la parte trasera y el jardín.
Hay que reseñar de Picassiette era un hombre con una cultura más bien escasa, prácticamente analfabeto y por supuesto, sin ningún tipo de estudio ni preparación sobre diseño o arquitectura. Su aprendizaje y su evolución con el paso de los años fue completamente autodidacta. Esto es un punto a destacar ya que lo que en un principio comenzaron siendo mosaicos con simples y sencillas formas geométricas, con los años, acabaron siendo verdaderas obras de arte como, por ejemplo, escenas bíblicas y elaboradas cruces, paisajes bucólicos con la catedral de Notre Dame al fondo o retratos de lo más variado, a parte de los rosetones y vidrieras de la catedral, que estaban en todos los rincones.

Tras más de veinte años, su obsesión devino en locura que no le quitó de continuar hasta el último día de su vida con su mismo empeño. Y fue así que un 7 de septiembre de 1964 Raymond Isidore fue encontrado moribundo junto a su carretilla en un camino de la ciudad mientras iba en busca de más vajillas que romper.
En 1982 su construcción fue catalogada como monumento de interés histórico por el Gobierno francés y abierta al público. Con los años, su casa se ha convertido en un peculiar museo por el que todos los años pasan más de 30000 personas.



















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