El Edicto de Tesalónica, también conocido como A todos los pueblos (en latín: Cunctos Populos), fue decretado por el emperador romano Teodosio el 27 de febrero del año 380. Mediante este edicto el cristianismo niceno se convirtió en la religión oficial del Imperio romano.

EL EDICTO DE TESALÓNICA: EL CRISTIANISMO ES DECLARADO ÚNICA RELIGIÓN DEL IMPERIO ROMANO.
1º. Los romanos siempre estuvieron dispuestos a adoptar dioses extranjeros: tenían hasta una ceremonia, la “evocatio”, para invitar a los dioses de ciudades enemigas a abandonarlas, y residir en Roma: Uni de Veyes y Astarté de Cartago fueron trasladadas y adoradas bajo la advocación de Juno. Los romanos únicamente fueron restrictivos con ciertas prácticas: prohibieron el culto de los druidas, pero sobre todo persiguieron especialmente a las religiones “mistéricas”, como las Bacanales (-186), el culto a Isis o toda ceremonia que implicase ceremonias secretas, pues para los romanos todo (elecciones, asambleas y ceremonias religiosas) debía hacerse de forma pública.
2º. Como religión esencial “mistérica” (cuyas esencia eran misterios solo “revelados” a los “iniciados”), el cristianismo pronto despertó las suspicacias de la población romana general, que les atribuyó toda clase de monstruosidades, como el canibalismo. Sin embargo, con la crisis de la religión tradicional, (reducida en ocasiones a ceremonias que en un latín arcaico que no significaba nada, o con ceremonias guerreras o agrícolas que nada decía a los habitantes pobres de las grandes ciudades, que no iban a la guerra y que recibían el pan del Erario), las religiones mistéricas de Isis, Mitra o el cristianismo encontraron mucha difusión, en especial con la crisis económica, política y militar del siglo III.
3º. Hubo persecuciones esporádicas, como la de Nerón en Roma en el 68, o la de Lugdunum bajo Marco Aurelio; el cristianismo pasó a ser un delito, pero las directrices de emperadores como Trajano fueron más bien de una persecución laxa. Las Grandes Persecuciones llegaron con la gran crisis del siglo III, bajo la mano de los emperadores Decio (249-51) y Valeriano (253-60), en el marco de una restauración de las tradiciones. Después hubo un tiempo sin persecuciones (lo dice Eusebio, el primer historiador eclesiástico) hasta la Gran Persecución de Diocleciano (302-11), que finalizó con los edictos de tolerancia de Galerio (311) y el de Licinio y Constantino I (313). Éste último simpatizó con el cristianismo, le otorgó privilegios, educó a sus hijos en esa religión, y terminó bautizándose.
4º. Con todo, el cristianismo no era una religión centralizada ni unitaria, y había grandes diferencias entre las comunidades. El Concilio de Nicea (324) trató de unificar criterios, pero derivó en un cisma con los “herejes arrianos”. Y en Oriente hubo dos emperadores, Constancio II (337-61) y Valente (364-78) arrianos; Justina, la cuñada de Valente y madre del Valentiniano II, también era arriana. Por ello, tras el desastre de Adrianópolis (agosto 378) y la muerte de Valente, se hacía necesaria la presencia de un emperador adulto para solventar la crisis militar; pero los cristianos católico-ortodoxos, que seguían el Credo de Nicea, no querían otro emperador arriano. Así que la cuestión religiosa pesó tanto como la militar en la elección del nuevo Augusto para Oriente.
5º. El hispano Teodosio I fue elevado a emperador en enero del 379. A nivel militar fracasó en su cometido, porque tras 4 años de guerra (379-82), finalmente tuvo que pactar con los godos, aceptando que se asentasen de forma semi-independiente en territorio romano, a cambio de servir en el ejército. Pero en cambio, en su política religiosa triunfó, y ello le valió el apodo de “el Grande”. Poco después de llevar un año en el trono, el 27 de febrero del 380, Teodosio I (de común acuerdo con el emperador occidental Graciano) publicó el Edicto de Tesalónica, que declaraba el cristianismo católico y ortodoxo, según el Credo de Nicea, como la única religión oficial del Imperio romano: “todos nuestros pueblos deben adherirse a la fe transmitida a los romanos por el apóstol Pedro (…) reconociendo la Santa Trinidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo”.
6º Tras ello siguió la renuncia de los emperadores a divinizarse, a adoptar el título de Pontífice Máximo, a retirar los símbolos paganos del Senado y cancelar los privilegios de las vírgenes vestales y otros sacerdotes (382) y una abundante legislación prohibiendo los sacrificios y prácticas tradicionales públicas (391), y privada (392), la realización de sacrificios, prácticas adivinatorias, visitar los templos, etc… que provocó una reacción de la poderosa facción pagana senatorial, a la que apoyó el usurpador Eugenio en Roma (392-4), hasta que fue derrotado por Teodosio I (394). La proclamación del cristianismo niceno también provocó una brecha con los pueblos germanos como godos o vándalos, que se habían convertido al cristianismo a través de la corriente arriana, lo que les hizo choca con la población católica.
Fuentes clásicas: “Historia nueva” de Zósimo. “Historia contra los paganos” de Orosio.
Fuentes modernas: “La época de los Valentinianos y de Teodosio” de Ramón Teja, nº 61 de la serie Historia del Mundo Antiguo de la editorial Akal.

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