La historia de la Iglesia ciertamente tiene numerosos ejemplos de Papas, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos corruptos; también de Papas, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos santos; y más que en cualquier otra religión. Esos no nos espanta NI SE OCULTA en la Iglesia; la Iglesia nunca enseñó que sus pastores eran todos santos (aunque algunos cristianos que no conocen demasiado su fe puede que lo piensen así).



‘A esta ensalada le sobran papas’


El affaire eclesiástico entre el bueno de Pietro Angeleri di Murrone y el malo de Benedetto Gaetani, o mejor dicho entre Clemente V y Bonifacio VIII, demostraba que allá por el siglo XIII la iglesia católica pregonaba la paz y la concordia, pero era un nido de ambiciosos y conspiradores. Si Gaetani hubiera visto la que se le venía, no se postulaba como reemplazo de Pietro.

A los pocos días de asumir le vienen con el chisme que el rey Felipe el Hermoso quería hacer tributar a todos los integrantes del clero francés. Aclaro que este Felipe era Felipe IV, rey de Francia y Navarra, y conde de Champaña y Brie. No tiene nada que ver con Felipe I de Castilla, que también lo llamaron ‘el hermoso’ pero llegó al mundo 200 años después.

Volviendo a Bonifacio VIII, cuando se desayunó que en Francia un rey se le paraba de manos, comprendió que no lo podía dejar pasar. Debía predicar con el ejemplo y enderezar a esas ovejitas descarriadas, no por una cuestión de autoridad, sino porque le metieron la mano en la caja registradora. Enarbolando el ‘plenitudo potestatis’, una doctrina canónica que significa ‘acá mando yo y nadie más que yo’, donde ‘yo’ es el papa y ‘acá’ es el universo’, excomulgó a Felipe IV.

El rey francés se pasó la bula por el caleçon, le pidió al papa que abdique por sus puñeteros pecados y mandó a detener a algunos obispos. La escalada de mojadas de oreja pasó por reclamos de derechos, nombramientos, deberes y lealtades. En 1303 se cayó la estantería del palacio papal de Anagni cuando llegó una especie de carta documento en el que acusaban a Bonifacio VIII de herejía, simonía, blasfemia, hechicería y de ser culpable de la muerte de Celestino V. Además, lo intimaban a la convocatoria de un concilio ecuménico para su procesamiento y deposición.

Antes que Bonifacio VIII prepare la respuesta, llegaron unos mercenarios franceses que le mostraron quien mandaba y el papa se refugió en Roma donde se le chifló el moño. Dando muestras de demencia, se golpeaba la cabeza contra los muros, murió solo un mes después.
La iglesia eligió a Benedicto XI, este quiso congraciarse con el rey francés y dejó sin efecto su excomunión. Pero a Felipe nunca le cayó simpático y en menos de un año murió envenenado. Como en Roma no querían incomodar ni acusar a su verdugo, dijeron que el papa había muerto indigestado por unos higos.

Allí entendieron que, para llevarse bien con un francés, nada mejor que otro francés. Eligieron a Bertrand de Got, este se hizo llamar Clemente V, pero no fue a Roma, su papado se instaló en Avignon. Durante 70 años la iglesia se dirigió desde Francia, el colegio cardenalicio acusaba a los papas de ser felpudos de la política del monarca de turno.

Pero cuando se muere Gregorio XI, el cónclave en el Vaticano se vio rodeado por una multitud sedienta de sangre, de sangre italiana en las venas del papa y gritaba ‘romano, romano o aunque sea, italiano’. Muertos de miedo, los cardenales eligieron al italiano Urbano VI, pero ni bien asumió los acusó de ostentosos y los instó a una vida austera, lo que se dice, ‘el tiro por la culata’.

Los cardenales temerosos de perder su lujosa vida, se dieron vuelta como una media y dijeron que lo habían votado por el miedo a la turba romana. Los cardenales franceses ya no podían rechazar al papa que habían elegido, pero esgrimiendo una supuesta herejía deciden elegir un reemplazo, Clemente VII, que rápidamente fue reconocido por la corona francesa.

Con Clemente VII anclado en Francia y Urbano VI atornillado a su trono en Roma, la iglesia católica terminaba el año 1378 con 2 papas iniciando el período conocido como el ‘cisma de occidente’. Cada papa excomulgó al otro y por consiguiente a todos sus seguidores, única vez en la historia que todos los católicos del mundo estuvieron excomulgados, este disparate duró 30 años donde cada papa fue teniendo su respectivo sucesor.

Avergonzados de ellos mismos, cardenales de ambas partes comienzan a tejer redes de negociación, el resultado fue la convocatoria al ‘concilio de Pisa’ que depuso a los dos pontífices en ejercicio y eligió como nuevo papa a Pietro Philarghi que toma el nombre de Alejandro V. Pese a que tenía un nombre civil y un nombre eclesiástico fue más conocido como el ‘antipapa’.

Lejos de solucionarse el problema se enredó aún peor, los obispos legalistas adujeron que un concilio no debe remover ni nombrar Pontífices, eso es potestad de los cónclaves vaticanos, en definitiva, ahora en vez de 2 papas, había 3.



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