María Moliner nació en Paniza (Zaragoza) el 30 de marzo de 1900, en el seno del matrimonio formado por Enrique Moliner Sanz, médico rural, y Matilde Ruiz Lanaja: Un ambiente familiar acomodado (el abuelo paterno había ejercido también la medicina rural y los abuelos maternos poseían, al parecer, tierras), en el que los tres hijos que superaron los entonces tan frágiles años de la infancia —Enrique, María y Matilde— cursaron estudios superiores.

María Moliner se licenció en Historia entre 1919 y 1921. A los 22 años ingresa en el cuerpo facultativo de archiveros, bibliotecarios y arqueólogos. En esta época María Moliner forma parte de ese escaso grupo de universitarios que además ejercen una profesión.
Ya casada y con hijos se traslada a Valencia en los años de la II República, donde ejerce como directora de la biblioteca universitaria de Valencia y del proyecto de bibliotecas populares. Colabora asimismo con la Escuela Cossío, inspirada en la Institución Libre de Enseñanza y especialmente a la organización de las Bibliotecas Rurales.
Escribió unas Instrucciones sin nombre de autor en 1937 y presentó una comunicación en el II Congreso de Bibliotecas y Bibliografía con el título Bibliotecas Rurales y redes de bibliotecas en España. Fue en 1936 cuando fue nombrada para dirigir la biblioteca de la Universidad de Valencia, cargo que ejerció hasta 1937. Dos años más tarde, redacta las directrices del proyecto del Plan de Bibliotecas que es considerado el mejor plan bibliotecario de España.
En 1946, mientras dirige la biblioteca de una escuela pública, empieza a esbozar las primeras fichas de su diccionario. Su idea era, en palabras de la autora, elaborar “una herramienta total” del léxico, poniendo a disposición de quien lo use, no sólo el significado de las palabras, sino también cómo se usan y por qué otras pueden reemplazarse.
María Moliner, la mujer que escribió sola y a lápiz, un diccionario dos veces más largo que el de la RAE.
María Moliner, se formó como filóloga y lexicógrafa en el Estudio de Filología de Aragón. Fue una bibliotecaria comprometida con su profesión e impulsó la creación de una red de bibliotecas rurales. Hacia 1950 inició la que sería su obra magna, el ‘Diccionario de uso del español’, con el objetivo de crear “un instrumento para guiar en el uso del español tanto a los que lo tienen como idioma propio como a aquellos que lo aprenden”.
María Moliner empleó 15 años de su vida en escribir un diccionario, sola y a lápiz, dos veces más largo que el de la RAE. 190.000 definiciones claras y sin pretensiones que pasaron a la historia hace medio siglo. “María Moliner hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana, dos veces más largo que el de la Real Academia de la Lengua, y –a mi juicio- más de dos veces mejor”, escribió el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez del diccionario que escribió la filóloga.
La autora describió en una entrevista cómo había sido el comienzo de esta obra: “Estando yo solita en casa una tarde cogí un lápiz, una cuartilla y empecé a esbozar un diccionario que yo proyectaba breve, unos seis meses de trabajo, y la cosa se ha convertido en quince años”.
La obra de María Moliner presentaba como principal atributo el empleo de un “sistema de sinónimos, palabras afines y referencias que constituye una clave superpuesta al diccionario de definiciones para conducir al lector desde la palabra que conoce al modo de decir que desconoce”, tal y como recoge la propia autora en el prólogo de la primera versión del diccionario.
Murió en 1981 a causa de una enfermedad degenerativa dejando inacabada una segunda edición del diccionario.

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