Norman Percevel Rockwell fue un pintor e ilustrador estadounidense. Su obra goza de amplia popularidad en su país, dado su reflejo de la cultura estadounidense. Rockwell es más conocido por las ilustraciones de portada sobre la vida diaria que creó para Saturday Evening Post a lo largo de cinco décadas.

Norman Rockwell
Fue pintor, ilustrador y un gran fotógrafo, pero jamás sacó una sola foto. Para Norman Rockwell (1894-1978) la fotografía era la base y el punto de partida de su trabajo, nunca el resultado final.
Rockwell ha pasado a la historia como uno de los grandes ilustradores del siglo XX.
Junto al pincel y al lápiz, la fotografía fue su gran herramienta de trabajo, hasta tal punto que algunas de sus imágenes más conocidas no hubieran sido posibles sin la intermediación de la fotografía. En el proceso creativo de Rockwell, la fotografía fue un elemento vital.
“Había detalles, accidentes de luz, que me perdía cuando hacía rápidos bocetos de una escena. La fotografía capturaba todo eso.”
Rockwell no se consideraba a sí mismo un artista, aunque siempre quiso serlo, sino un ilustrador. Quizá porque casi la totalidad de sus imágenes eran encargos para revistas y compañías publicitarias, y él consideraba que para ser «artista» había que crear con libertad, sin ningún tipo de condicionamiento estético ni argumental.
Es curioso que Rockwell jamás sacara una sola fotografía; no estaba interesado en obtener la toma por sí mismo, al contrario, un grupo de fotógrafos trabajaban para él. Tenía muy claro que la cámara no era su instrumento.
Fotografía y pintura estaban tan unidas en Rockwell que habilitó un cuarto oscuro en su propio estudio para poder acceder directamente a las fotos y empezar a trabajar sobre ellas en cuanto éstas fueran reveladas y positivadas.
Rockwell utilizaba un Balopticón, una máquina que proyectaba las fotografías sobre una superficie (en su caso, un lienzo o un papel) y que le permitía hacer un primer boceto de la fotografía que quería convertir en pintura. Lo hacía dibujando los trazos con carboncillo. Era un aparato que a Rockwell no le gustaba especialmente, pese a ser imprescindible en su trabajo:
”El Balopticón es un aparato maligno, antiestético, perezoso, vicioso y que genera dependencia. Yo lo uso, pero me avergüenza tanto que lo escondo cada vez que oigo que alguien viene.”
En sus cerca de 50 años de recorrido profesional, Rockwell creó más de 4.000 pinturas e ilustraciones y almacenó más de 20.000 fotografías.
Rockwell no reproducía exactamente las fotografías en sus cuadros. Muchas veces, las imágenes eran una mera base, o un toque de inspiración, para la ilustración que tenía en mente.
Eso sí, el espíritu de la fotografía o la ‘imagen madre’ siempre era fácilmente reconocible en el dibujo final.
Me gusta contar historias en imágenes, para mí la historia es lo primero y lo último (…) A menudo recurro a agrandar un ojo, reducir el tamaño de la boca o cualquier otra cosa que haga que el personaje parezca más divertido o más triste, o que muestre otra expresión necesaria para la historia que quiero contar.
Normal Rockwell ha pasado a la historia como uno de los grandes artistas del siglo XX, por mucho que haya quien le haya acusado de ser un mero ‘copiador’ de imágenes (o de fotografías, en su caso).
Sus originales (tanto pinturas, como ilustraciones y fotografías) alcanzan precios astronómicos y son objeto de culto en todo el mundo. Tienen el poder de causar una agradable sensación en quien las observa, de arrancar más de una sonrisa y, por qué negarlo, de provocar un punto de nostalgia por aquella sociedad estadounidense de los años 40 y 50 del siglo XX. Aquí algunas de sus obras 👇








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