Drácula, es una novela de fantasía gótica escrita por Bram Stoker, publicada en 1897. Publicada en castellano por Ediciones Hymsa bajo la colección ‘La novela aventura’ en 1935, con portada de Juan Pablo Bocquet e ilustraciones de ‘Femenía’



( “Drácula”- Bram Stoker )


“Ante mí apareció un anciano de elevada estatura, pulcramente afeitado a excepción de un gran bigote cano, y vestido completamente de negro, sin una sola nota de color. […] Me indicó que entrase con un gesto cortés de su mano derecha, diciendo en excelente inglés, aunque con un extraño acento:

-¡Bienvenido a mi morada! ¡Entre libremente y por su propia voluntad y deje parte de la felicidad que trae!.

No hizo el menor ademán de salir a mi encuentro. Permaneció allí inmóvil cual estatua, como si su gesto de bienvenida lo hubiese dejado pertificado. No obstante, en cuanto traspasé el umbral, se adelantó impulsivamente y, tendiéndome la mano, apretó la mía con tal fuerza que me hizo estremecer de dolor, sensación que no disminuyó por el hecho de que estuviera tan fría como el hielo y más bien pareciera la de un muerto. […]

-¿El conde Drácula?
Inclinó la cabeza cortésmente en señal de asentimiento y respondió:
-Sí, yo soy Drácula. Le doy la bienvenida a mi casa, señor Harker. […]

Insistió en llevar mis cosas. Atravesamos el corredor, después subimos por una espléndida escalera de caracol, y a continuación recorrimos otro largo pasadizo […]. Al llegar al final, el conde abrió de par en par
una pesada puerta y me alegró ver una habitación bien iluminada, en la que había una mesa dispuesta para cenar […].

-Tome asiento, se lo ruego, y cene cuanto quiera. Confío en que sabrá disculparme por no acompañarlo pero ya he cenado a media tarde y no suelo tomar nada a estas horas. […]

Entonces tuve oportunidad de observarlo […]. Su rostro era marcadamente aguileño, de nariz delgada con el puente muy alto y las aletas arqueadas de una forma muy peculiar; la frente era alta y abombada y los cabellos, escasos en las sienes, eran abundantes en el resto de la cabeza. Sus cejas, muy pobladas, casi se unían por encima de la nariz y eran tan espesas que parecían rizarse por su misma abundancia. La boca, a juzgar por lo que se podía ver, era firme y más bien cruel, y sus dientes, particularmente blancos y afilados, sobresalían de los labios, cuya rubicundez denotaba una vitalidad asombrosa para un hombre de su edad. Por lo demás, sus orejas eran pálidas y extremadamente puntiagudas; el mentón era ancho y fuerte, y las mejillas, firmes, aunque hundidas.

La impresión general que daba era de una palidez extraordinaria. […] el dorso de sus manos, apoyadas sobre las rodillas, y a la luz de la lumbre me habían parecido blancas y finas. Pero al verlas de cerca, pude comprobar que eran bastas, con dedos cortos y gruesos. Y por extraño que pueda parecer, había vello en el centro de las palmas. Las uñas eran largas y finas, y estaban afiladas.

Al inclinarse el conde hacia mí y rozarme sus manos, no pude reprimir un escalofrío. Tal vez fuese la fetidez de su aliento, pero lo cierto es que me invadió una horrible sensación de náusea que no pude disimular por mucho que intenté”.

( “Drácula”- Bram Stoker )


El Candelabro. Iluminando Mentes


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