En el telar de la existencia, la muerte teje con paciencia hilos invisibles que atraviesan nuestros días. Sin embargo, no es la muerte física la que inquieta a nuestros espíritus, sino una muerte silente, oculta entre los pliegues del tiempo. Como lo expresó el poeta y ensayista argentino Santiago Kovadloff, morir bien es morir a tiempo, pero ¿qué significa ese enigmático “a tiempo”? Es el llamado a una reflexión sobre cómo evitar la trampa de una existencia que se desvanece en la apatía y el desapego, donde las pasiones languidecen y los propósitos se desvanecen. En esta travesía, descubriremos cómo ejercer la alegría de crear, mantener encendida la llama de la vida y enfrentar la muerte con la satisfacción de haber vivido con pasión y significado.



Afrontando la muerte interna: Manteniendo viva la llama de la creatividad”

Morir bien es morir a tiempo. No hay peor infierno que asistir a las exequias del propio deseo. Al funeral de nuestras pasiones. La muerte es por eso… lo que a diario nos acecha. Lo que nos esteriliza, lo que encallece la piel. La ausencia de propósito, la apatía, el desapego a los seres… Esa es la muerte que mata y no la que viene después. Por eso, imploremos que la muerte nos sorprenda sedientos todavía, ejerciendo la alegría de crear. Que nos apague cuando aún estamos encendidos.”

Santiago Kovadloff // Poeta, ensayista argentino



La reflexión del poeta y ensayista argentino Santiago Kovadloff sobre la muerte es profunda y evocativa. En su poema, Kovadloff nos invita a considerar que “morir bien es morir a tiempo”, y nos alerta sobre el riesgo de perder el sentido de la vida antes de que llegue la muerte física. Aborda la idea de que existe una muerte previa, una especie de aniquilación interior que ocurre cuando dejamos de perseguir nuestros deseos y pasiones, y nos desconectamos de los seres que nos rodean.

El poeta describe este tipo de muerte como “el funeral de nuestras pasiones” y “la ausencia de propósito, la apatía, el desapego a los seres”. En otras palabras, la muerte interna ocurre cuando nos rendimos ante la vida, cuando perdemos la capacidad de sentir y de conectar con lo que nos rodea, cuando dejamos de crear y de vivir con entusiasmo y pasión.

Kovadloff nos advierte que esta muerte interna es mucho más devastadora que la muerte física, ya que nos esteriliza y encallece, nos convierte en seres vacíos y desconectados. Es un llamado a mantenernos vivos y activos, a permanecer sedientos de vida y de creatividad hasta el último momento.

El poeta nos incita a ejercer “la alegría de crear”, a nutrir nuestras pasiones y anhelos, a seguir buscando significado y propósito en nuestras acciones. Nos invita a no dejarnos consumir por la rutina y la apatía, a no conformarnos con una vida sin sentido.

En esta reflexión, Kovadloff resalta la importancia de vivir plenamente y con intensidad, de enfrentar cada día como una oportunidad para seguir creciendo y explorando. Nos insta a enfrentar la muerte con la certeza de que hemos vivido de manera significativa y en armonía con nuestros deseos más profundos.

En conclusión, el poema de Santiago Kovadloff es un recordatorio poderoso sobre la importancia de vivir una vida auténtica y plena. Nos invita a no dejar que nuestras pasiones y deseos se apaguen, a mantenernos vivos y activos hasta el último momento. Es una llamada a la acción para ejercer la alegría de crear y enfrentar la muerte con la satisfacción de haber vivido con propósito y pasión. En este mensaje, encontramos un recordatorio esencial sobre el valor de abrazar la vida en su totalidad y no dejar que las vicisitudes de la rutina nos lleven a una muerte interior prematura.

La muerte física es inevitable, pero podemos enfrentarla con la certeza de que hemos vivido con plenitud y hemos mantenido encendida la llama de la creatividad y la pasión hasta el último aliento.


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