En los albores del siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, un eco lingüístico resonaba a través de los vastos territorios recién descubiertos de América. Un desafío se alzaba ante los exploradores y colonizadores españoles: la comunicación con los nativos, con sus lenguas insondables y peculiares. ¿Cómo lograr el entendimiento en medio de ese ruido fonético? Sin embargo, en un gesto que abogaba por la diversidad y el respeto hacia las raíces culturales, Felipe II tomó una decisión audaz y progresista: no obligar a los indios a abandonar su lengua materna. Con esta noble mirada, se fraguó una política lingüística que buscaba la comprensión mutua, la enseñanza del castellano de forma voluntaria y, al mismo tiempo, promover la cristianización de los indios. Así, las palabras se convirtieron en puentes, trazando el camino hacia una nueva era de intercambio y convivencia.



El papel de los sacristanes y la instrucción del castellano en las comunidades indígenas durante el siglo XVI.


En el siglo XVI, época de Felipe II, se aprobaron diversas medidas relacionadas con la comunicación con los nativos de las Indias, es decir con el problema de las lenguas habladas en América y las dificultades de la comunicación con los nativos. Felipe II no podía desconocer, en tanto que rey de España, que era conveniente que el castellano se difundiera en sus tierras


Por ello responde a la nueva instancia del Consejo de este modo: “No parece “conueniente apremiallos [a los indios] a que dexen su lengua natural, se podrán poner “Maestros para los que voluntariamente quisieran aprender la Castellana, y dese orden “como se haga guardar lo que está mandado en no proveer los curatos sino a quien sepa “la de Indios”. Ante esto el Consejo debió naturalmente ceder. Un real cédula dictada en Toledo pone fin al episodio ordenando a los consejeros que “con la mejor orden que se “pudiera y que a los indios sea de menos molestia, y sin costa suya, hagáis poner maestros “para los que voluntariamente quisieren aprender la lengua castellana, que esto parece “podrían hacer bien los sacristanes, así como en estos reinos [de España] en las aldeas “enseñan a leer y escribir y la doctrina; y ansi mismo tendréis muy particular cuidado de “procurar se guarde lo que está mandado cerca de que no se provean los curatos si no fuere “en personas que sepan muy bien la lengua de los indios que hubieren de enseñar; que “esto, como cosa de tanta obligación y espectáculo, es lo que principalmente os encargo “por lo que toca a la buena instrucción y cristiandad de los indios. Y de lo que en lo uno y lo “otro hiciéredes, nos avisaréis”.


TRADUCCIÓN



En respuesta a una solicitud del Consejo, Felipe II dijo lo siguiente: “No parece conveniente obligar a los indios a abandonar su lengua nativa. En su lugar, se pueden designar maestros para aquellos que quieran aprender el castellano de forma voluntaria. Además, se debe cumplir con la instrucción de no designar curas a menos que dominen el idioma de los indios”. Ante esto, el Consejo tuvo que ceder naturalmente. Una real cédula emitida en Toledo puso fin a este episodio y ordenó a los consejeros que, de la manera más organizada posible y sin causar molestias ni gastos a los indios, designaran maestros para aquellos que voluntariamente quisieran aprender el idioma castellano. Se sugirió que los sacristanes podrían hacerlo, ya que en estos reinos enseñan a leer, escribir y la doctrina en los pueblos. También se les exigió que se aseguraran de que se cumpliese con la instrucción de no asignar curas a menos que dominaran el idioma de los indios que iban a enseñar, ya que esto es de suma importancia para la buena instrucción y cristianización de los indios. Por favor, infórmenos sobre sus acciones en este asunto”.



DESARROLLO


La decisión de Felipe II de no obligar a los indios a abandonar su lengua nativa y permitir que aquellos que lo deseen aprendan el idioma castellano de manera voluntaria, es un tema de gran importancia en la historia de la conquista y colonización de América. Esta medida, plasmada en una real cédula emitida en Toledo, marcó un punto de inflexión en la política lingüística y evidenció una comprensión por parte del rey de la importancia de la comunicación y la instrucción para la cristianización de los indios.

Es importante destacar que esta decisión fue el resultado de una solicitud presentada al Consejo, lo que demuestra que existía una conciencia de la dificultad de comunicación entre españoles e indios debido a la diversidad lingüística en América. Ante esto, Felipe II muestra una actitud comprensiva al considerar que obligar a los indios a abandonar su lengua nativa no sería conveniente. En su lugar, propone la designación de maestros para aquellos que deseen aprender el castellano de forma voluntaria. Este enfoque muestra una apertura hacia el respeto a la diversidad lingüística y el valor de la libre elección y consentimiento.

La sugerencia de que los sacristanes podrían desempeñar el papel de maestros es interesante, ya que demuestra la importancia de las figuras religiosas en el proceso de enseñanza y evangelización. Al igual que en los reinos de España, donde enseñan a leer, escribir y la doctrina en las aldeas, los sacristanes podrían desempeñar un papel activo en la enseñanza del idioma castellano a los indios. Esto refleja la estrecha relación entre la religión y la educación durante este período histórico.

Además, la cédula emitida en Toledo enfatiza la importancia de garantizar que los curas asignados a los indios dominen el idioma de los indios a los que van a enseñar. Esta instrucción es vital para asegurar una buena instrucción y cristianización de los indios. El dominio del idioma nativo permitiría una mejor comunicación y comprensión entre los curas y los indios, lo que a su vez facilitaría la transmisión de las enseñanzas religiosas y promovería la asimilación de la fe cristiana.

En resumen, la decisión de Felipe II de no forzar a los indios a abandonar su lengua nativa y permitir que aprendan el castellano de manera voluntaria refleja un enfoque sensible hacia la diversidad cultural y lingüística de América. Esta medida muestra una preocupación por la comunicación efectiva y la instrucción adecuada para la cristianización de los indios.

A través de la designación de maestros y la exigencia de que los curas dominen el idioma nativo, se busca garantizar una relación más sólida y fructífera entre los españoles y los indios, contribuyendo así al proceso de colonización y evangelización en la época de Felipe II.



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