El patriotismo, un concepto arraigado en la psique colectiva de muchas sociedades, ha sido objeto de controversia y análisis a lo largo de la historia. Emma Goldman, una destacada filósofa y activista política, ofrece una perspectiva crítica sobre este fenómeno en su obra. Goldman cuestiona la noción de parcelas territoriales y la mentalidad de superioridad que acompaña al patriotismo. Además, destaca cómo este fervor patriótico puede llevar a la violencia y a exigir sacrificios extremos, incluso el sacrificio de los propios hijos. En este análisis, exploraremos las percepciones y las implicaciones complejas del patriotismo, y examinaremos cómo puede transformar a los seres pensantes en máquinas leales.



Crítica al patriotismo: divisiones, superioridad y sacrificio”


El patriotismo asume que nuestro globo está dividido en pequeñas parcelas, cada una rodeada por una reja de hierro. Aquellos que han tenido la fortuna de nacer en alguna parcela en particular, se consideran a sí mismos mejores, más nobles, más grandes, más inteligentes que los seres que habitan en cualquier otra parcela. Por consiguiente, es el deber de cada uno de los que viven en dicha parcela el luchar, matar y morir en el intento de imponer su superioridad frente a los demás. Sin embargo, el patriotismo todavía exige más. Las personas son instaladas a ser patrióticas y para ese lujo deben pagar, no sólo manteniendo a sus defensores, sino incluso mediante el sacrificio de sus propios hijos. ¡Qué extraño desarrollo del patriotismo que transforma en un ser pensante en una máquina fiel!”

Emma Goldman. Extraído de Mingako N°5, Walüng 2018. Especial Movimiento y Migraciones.



El fragmento citado de Emma Goldman aborda un tema controvertido y desafiante: el patriotismo y su conexión con la división, el elitismo y el belicismo. Goldman critica la mentalidad patriótica que divide el mundo en parcelas, creando una mentalidad de superioridad y una justificación para la violencia y la guerra. En lugar de fomentar el pensamiento crítico y la comprensión mutua, el patriotismo se convierte en una máquina inhumana.

El patriotismo, en su forma más extrema, alimenta la idea de que las personas nacidas en un lugar específico son superiores a los demás en términos de nobleza, grandeza e inteligencia. Esta mentalidad crea una barrera entre las personas, donde cada parcela se ve a sí misma como una entidad separada e independiente. Además, el patriotismo exige a las personas que defiendan y promuevan esta supuesta superioridad a expensas de los demás. Se espera que los patriotas luchen, maten y, en última instancia, mueran en su afán de imponer su dominio sobre otros.

Goldman señala la paradoja del patriotismo, ya que, a pesar de exaltar la superioridad y la grandeza de un grupo particular, también exige sacrificios personales. Las personas son presionadas para mantener a los defensores de su parcela patria y, en algunos casos, incluso se les exige sacrificar a sus propios hijos en aras del patriotismo. Esta exigencia muestra cómo el patriotismo puede transformar a los seres humanos en máquinas obedientes y en un estado de obediencia ciega.

El análisis de Goldman nos lleva a cuestionar la validez y la lógica del patriotismo en la sociedad moderna. ¿Qué justifica la creencia en la superioridad de una parcela específica de la Tierra sobre otra? ¿Por qué deberíamos estar dispuestos a luchar y morir en aras de un concepto abstracto de patria? Estas preguntas nos invitan a reflexionar sobre los límites y las consecuencias del patriotismo extremo.

En contraste con la visión de Goldman, algunos argumentarían que el patriotismo puede ser una forma saludable de amor y apreciación por la tierra y la cultura que nos ha dado forma. Podrían afirmar que el patriotismo puede fomentar un sentido de identidad y pertenencia, así como una solidaridad entre las personas que comparten una parcela de tierra. Sin embargo, es importante distinguir entre un patriotismo saludable y el extremismo patriótico descrito por Goldman.

El patriotismo saludable implica un amor y un respeto por la propia tierra y cultura, pero sin menospreciar o despreciar a los demás. Se basa en el reconocimiento de que todas las personas merecen el mismo respeto y dignidad, independientemente de su origen. Promueve la colaboración y la comprensión mutua en lugar de la rivalidad y la guerra.

En resumen, el fragmento de Emma Goldman plantea una crítica contundente al patriotismo extremo y sus implicaciones destructivas. Cuestiona la lógica de la división y la superioridad basada en la parcela de tierra en la que uno nace y pone de relieve las consecuencias negativas de este tipo de pensamiento en la sociedad.

Al mismo tiempo, invita a una reflexión más profunda sobre las implicaciones y los límites de la lealtad patriótica.


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